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Una publicación de la asociación SER

Momias alienígenas: Una burda manipulación

Se viene haciendo noticia sobre el hallazgo de evidencias de momias supuestamente alienígenas o extraterrestres encontradas en excavaciones realizadas en Nasca. Frente a esta información sensacionalista, la primera respuesta de las autoridades encargadas del Ministerio de Cultura fue que -luego de una revisión- se trataría de restos actuales manipulados y que no formarían parte del patrimonio cultural arqueológico. Informes del personal de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Ica con sede en Nasca indicaron que no ha podido determinar su condición -de arqueológico o no arqueológico- por no contar con los restos ni saber la ubicación del sitio donde fueron encontrados. Finalmente, las autoridades del sector señalaron que el caso se encuentra en investigación por el Ministerio Público, dado que si se tratase de excavaciones estarían sujetas al delito de “atentados contra monumentos arqueológicos”.

Desde otros esfuerzos de mayor elaboración y sustento científico,[1] se ha podido determinar que se trataría de restos arqueológicos (momia humana pre-hispánica entre 1,000 y 1800 años de antigüedad), evidentemente mutilados, es decir de patrimonio cultural dañado, y que no hay ninguna evidencia anatómica que respalde el argumento de restos “alienígenas”. Además de poner en evidencia que existen antecedentes de estas prácticas de alteraciones tanto en Ica como en Nasca, las conclusiones del estudio afirman, con preocupación, que puede tratarse de “una ola de búsqueda informal de restos arqueológicos que resultan en la destrucción de importante patrimonio peruano”.

Para diversas personas de la comunidad científica nacional e internacional[2], se trata de un condenable acto de manipulación maliciosa de patrimonio arqueológico con propósitos de explotación comercial, contrario a la creación y difusión de conocimiento científico, más aun de nuestro pasado cultural, cuyo legado y dignidad son vulnerados por estas acciones de carácter ilegal y hasta criminal.

El rechazo a estos hechos y la indignación que genera, nos conduce a exigir –una vez más- que las autoridades asuman sus competencias y responsabilidades de proteger y poner en valor social el vasto e invalorable patrimonio material que el país posee. El saqueo y tráfico de restos humanos y de todo el contexto funerario que ello encierra como riqueza de conocimiento cultural de siglos de importantes sociedades prehispánicas, forma parte de la realidad nacional de destrucción persistente de sitios arqueológicos, ante la permisibilidad, pasividad, lentitud burocrática, carencia de recursos y hasta situaciones de corrupción de las entidades responsables.

Corresponde exigir las sanciones más ejemplares y hasta hacerlas más drásticas cuando se trata de daño y depredación de nuestro patrimonio cultural. Pero también, y principalmente, corresponde a las autoridades del sector como a toda la sociedad, construir una relación y valoración distinta frente al cuantioso patrimonio material que el Perú posee, más aun si se trata de nuestro pasado prehispánico. Esta debe sustentarse en un enfoque de conservación que incorpore a las poblaciones locales en el beneficio que se obtenga de su aprovechamiento científico, académico y turístico.

El Ministro de Cultura recientemente ha reiterado que su gestión apuesta por poner en valor ese patrimonio. Incluso ha señalado la puesta en marcha del proyecto “Puerto Cultura’, que se propone “la reconstrucción del patrimonio arqueológico”. Este compromiso debiera expresarse en garantizar la puesta en valor social de los sitios arqueológicos, en dotar de mayores recursos económicos para mejorar capacidades humanas, equipamiento, saneamiento físico-legal, mecanismos de protección, educación ciudadana y fortalecimiento de las relaciones con las poblaciones locales, así como una articulación más sólida y protagónica con los demás sectores ministeriales, gobiernos regionales y municipios. Todo ello mostrará una clara señal de cambio, superando el subordinado papel que se le otorga a la cultura, así como la errónea consideración que se tiene de la protección de los sitios arqueológicos como traba para las inversiones.

Por el contrario, la puesta en valor social de la herencia arqueológica como parte del patrimonio cultural debiera ser parte de las renovadas propuestas de desarrollo territorial sostenible y de la construcción de ciudadanía que el país requiere. Estos cambios debieran permitir no solo un aprovechamiento económico de nuestra riqueza arqueológica sino lograr establecer un nuevo significado en la relación del Estado con la Sociedad, en los diversos términos que ello implica tales como la memoria colectiva, el reconocimiento de las valoraciones locales frente a los bienes culturales, entre otros temas a los cuales deberíamos darle mayor atención en los procesos de puesta en valor.


[1]Rodolfo Salas-Gismondi, Ph.D.Departamento de Paleontología de Vertebrados, Museo de Historia Natural, UNMSM, Lima – Perú. Investigador Asociado, Division of Paleontology, American Museum of Natural History, NY,USA

[2]Cabe resaltar a la Doctora Sonia Guillén, la primera científica peruana en ser incorporada a la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos quien lidera un importante grupo de expertos en el estudio y conservación de restos humanos (momias y esqueletos).