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Una publicación de la asociación SER
Magister en Antropología y en Gobierno y Políticas Públicas. Doctorando en Estudios Andinos. Docente en Políticas Públicas en la PUPC. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.

Moray y el pago a la tierra

Moray parece constituir un particular centro de experimentación e investigación agrícola de la época incaica. Ubicado a unos 3,500 msnm, muy cerca del Valle Sagrado de los Incas, Moray destaca por su tipo de andenería circular concéntrica, en donde se experimentó con cultivos en diversas alturas y temperaturas. Se dice que unos 20 distintos microclimas fueron logrados en Moray[1]. Cada terraza se superpone a otra, a manera de círculos que se amplían de abajo hacia arriba, accediendo de uno a otro mediante piedras que sobresalen, al estilo de las escaleras (llamadas sarunas).

Pero la importancia de la andenería de Moray fue mayor, siconsideramos el valor de la agricultura y la seguridad alimentaria para la sociedad incaica. Según John Earls, en Moray, cada terraza reproduce las condiciones climáticas de las distintas zonas ecológicas del Incanato, con lo cual cumpliría una función de predicción de las probabilidades de producción anual en diversos territorios del Tahuantinsuyo. Para el mundo andino, el año nuevo empezaba el primero de agosto, de acuerdo a las distintas fases de la actividad agrícola, desde la rotulación hasta la cosecha. Parece que en Moray también se predecía el comportamiento climatológico para los diversos meses del año (medidos según el calendario agrícola).

Sin embargo, estas funciones agronómicas que Moray tenía estuvieron acompañadas de una relación de respeto y adoración a la Pacha Mama, a través del pago a la tierra, ejercicio sagrado que se realizaba cada primero de agosto, en todos los Andes, rindiendo culto y brindando ofrendas a las divinidades de aquel entonces, e invocando (pidiendo favores) un buen año agropecuario, abundancia de bienes y buena salud para todos. Dicha ceremonia se extendía a los Apus o cerros protectores de los Andes.

La tradición y resistencia cultural andina ha permitido que estas celebraciones se conserven en el tiempo. Y es en Moray donde se busca recrear lo que fue esa práctica cultural. Cientos de hombres y mujeres escenifican a los diversos actores del imperio incaico que participaban del pago a la tierra. El Inca, la coya, los sacerdotes, el Ejército, los runa son representados en un escenario de recogimiento, respeto y meditación, antes que de simple teatralización.  La fuerza energética que en sí poseen los andenes de Moray se multiplica con el sincero y profundo ritual humano, haciéndonos sentir que ese mundo andino persiste y se resiste a desaparecer ante el avasallamiento de la modernidad basada en la renta y el lucro de corto plazo. La ceremonia a la madre tierra incluye el rezo con la coca, la presencia de alimentos, hierbas, sebo, lana, fibra, chicha, todo aquello que tenga un significado para realizar el pago y que debe ser preparado y realizado por los maestros curanderos. Todas las divinidades son recordadas en estas fiestas: Los Apus, las Wakas, los Wamanis, los Aukis, las Q’ochas, junto a la Pacha Mama y al dios Pachakamaq.

Cada primero de agosto podemos visitar Moray y entender que su atractivo no se limita a su belleza como perfecta estructura circular. Valorarlo desde esta riqueza cultural antes reseñada nos puede servir de referente para que nuestros enfoques de desarrollo no solo consideren los beneficios que la población requiere para mejorar su calidad material de vida, sino que debiera añadirle el indispensable componente de la identidad cultural.

Cabe resaltar que desde este año, por iniciativa de las autoridades del sector Cultura, en la plaza principal del Cusco, se ha retomado la celebración del primero de agosto con el pago a la tierra, ceremonia que debiera persistir y reafirmarse en todos los Andes, como un símbolo cultural de desarrollo.


[1]Los estudiosos señalan que cada uno de los andenes de Moray representa unos mil metros de altitud en condiciones normales de labranza