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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología. Católico sin parroquia, socialista sin partido y amante infiel de la literatura.

Municipalistas

Somos Perú es un partido reconocido por tener expertos en gestión de gobiernos locales, como que su líder y fundador, Alberto Andrade Carmona, fue un exitoso alcalde de Miraflores, primero, y luego de Lima, en dos períodos sucesivos. Fue elegido la primera vez en 1989, pero ganó popularidad cuando, en el ataque terrorista de la calle Tarata, de julio del 92, lideró el manejo de la crisis. Por eso fue reelegido con un casi increíble 93% de los votos válidos, a comienzos de 1993.

Desde su nacimiento, como una escisión del Partido Popular Cristiano, en 1995, en tiempos en que ser “independiente” era la voz de orden, el movimiento Somos Lima usó la estrategia del perfil bajo y del no enfrentamiento abierto a la dictadura fujimorista; concentró sus fuerzas en ganar experiencia en  gestión municipal, haciendo obras viales, recuperando el centro de Lima sin represión de los ambulantes, y creando el Servicio de Administración Tributaria, como el mejor legado para la ciudad, en sus dos períodos de gobierno, que se extendieron hasta el año 2002. Andrade expresaba la anti política de los nuevos tiempos: la eficacia tecnocrática al lado del silencio frente a los graves problemas nacionales. De manera que para el año 2000, creyó  haber acumulado las fuerzas suficientes en Lima –con dos victorias sucesivas sobre el oficialismo- y provincias, para intentar retarlo. Pero le fue mal, porque la reivindicación de su pasado de cholo pobre le rindió más réditos a un Toledo que tampoco se había enfrentado a la dictadura. Los frutos se vieron de inmediato: mientras que de los nueve congresistas de Somos Perú sólo uno se convirtió en un tránsfuga comprado por Montesinos, en la bancada de Toledo estos fueron mayoría, empezando con Beto Kouri. Los límites del no discurso, de la falta de doctrina, del rollo tecnocrático vacío resultaron evidentes, aunque no para las masas.

Durante la transición democrática, si bien en las elecciones regionales y municipales del año 2002 Andrade perdió su pretendida segunda reelección frente a Castañeda, en cambio, Somos Perú ganó la presidencia regional de Moquegua, 34 alcaldías provinciales y 204 alcaldías distritales. Fue su apogeo. Pero entonces empezó también una lenta declinación que no se ha detenido. ¿Por qué no pudieron mantenerse y consolidarse como un partido asentado en todo el territorio? Varios factores pueden explicarlo: entre los externos, sin duda, está el protagonismo de Alan García; la vacilación en los golpes a la corrupción del pasado inmediato, que terminaron debilitando al régimen de Toledo y a sus aliados; y entre los internos, las carencias carismáticas de su líder, la debilidad organizativa que no supo dar sostén a esa inmensa red de alcaldes y regidores y, por último, la corrupción menuda que invade la gestión municipal. La falta de doctrina y de definiciones políticas generales  o de una estrategia organizacional semejante a la que ha puesto en práctica Alianza para el Progreso, le pasó la factura. Así, para el 2006, logró ganar seis alcaldías provinciales y 60 distritales, aunque las revocatorias del 2008-2009 le restaron diez de ellas. 

La temprana muerte de su fundador y líder, en el año 2009, sumió en una innegable crisis al partido, como les sucede a todos, más aún, tratándose de un proyecto de conducción familiar. Pese a que en las elecciones municipales del 2010 creció ligeramente su influencia, ganaron dos presidencias regionales y ganaran ocho alcaldías provinciales y 66 alcaldías distritales, las tensiones entre la viuda del líder y su hermano fueron en aumento, hasta que se produjo una fractura, en el 2012. El alcalde de Ate, Oscar Benavides, fue uno de los que se apartó, restándole un bolsón de votos populares.

Ahora, en las elecciones regionales, sólo pudo presentar listas en seis departamentos, y lograr un magro desempeño (5.3% de votos en promedio), excepto en Huánuco, donde obtuvo el 15.5% de los votos válidos. En las elecciones municipales no le ha ido mejor: presentaron candidaturas a 51 alcaldías provinciales y apenas ganaron tres en Ancash y la de Paita; perdieron la de La Convención, en Cusco, y sólo consiguieron llegar segundos en  Cusco, Huánuco, Ambo, Dos de Mayo, Puerto Inca y Yarowillca, además de Oxapampa y Talara. Cifras provisionales hablan de que habrían ganado alrededor de 35 alcaldías, fuera de las de Lima. No obstante, Somos Perú sigue siendo parte del núcleo del centro democrático sobre el que se armó la pasajera alianza paniagüista de la transición, como la calificó Levitsky, y como tal, puede seguir siendo un articulador fundamental en la lucha contra los corruptos.

Los 25 años parecen marcar, en el Perú,  el límite del ciclo vital de la mayoría de los partidos fundados después de la II Guerra Mundial y ligados a la vida de sus fundadores. Así sucedió, por ejemplo, con el Movimiento Democrático Peruano (pradista), la Unión Nacional Odriísta; el Partido Social Progresista, para no hablar de las decenas de grupos izquierdistas o del Frente Independiente Moralizador. A ese límite se están acercando los que surgieron durante la década de la antipolítica. ¿Podrán superarlo?