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Una publicación de la asociación SER
Periodista y escritor. Con interés en la política y la cultura

Nuestros mayos trágicos

Foto: RPP

Mayo es el mes de las tragedias en el Perú. Algunas han ocurrido por obra y gracia de la naturaleza, ante la que somos frágiles e indefensos. Otras se han dado por malas decisiones de las autoridades y negligencia de la gente. Por coincidencia, todas se han producido en esta época de transición del otoño al invierno.

El año 1940 registró el primer mayo trágico que se recuerde. El día 24, a las 11 y 35 de la mañana, un terremoto de 8.2 grados golpeó fuerte las ciudades de Lima y Callao. Al haberse originado a 120 kilómetros de la costa chalaca, se produjo luego un maremoto que destruyó muchas viviendas en nuestro primer puerto. Localidades de la capital como Barranco y Chorrillos también sufrieron destrucción. Este último balneario perdió su prestancia de antaño. El Cercado de Lima vio caer varias de sus casonas antiguas. Hubo 179 muertos y más de 3,500 heridos.

Dos personajes que luego destacarían en la literatura y en la política contarían a su modo como vivieron ese episodio. El escritor Julio Ramón Ribeyro lo padeció cuando tenía diez años. Décadas después, relataría esa vivencia en su cuento Mayo 1940: “No habíamos hecho más que traspasar el portón y avanzar hacia la alameda Pardo cuando escuchamos un ruido sordo, lejano, que parecía provenir de las profundidades de la tierra, al mismo tiempo que las tórtolas de los ficus levantaron el vuelo y huyeron alborotadamente hacia las lomas. Algunos creyeron que se trataba de un gran camión o aplanadora que remontaba la alameda, pero ningún vehículo surgió y al ruido se sumó una trepidación. La vereda empezó a ondular, tan pronto parecía subir como bajar, al punto que trastabillamos, pues no sabíamos a qué distancia debíamos poner los pies. Alguien dijo ‘se nos viene un temblor’, pero cuando vimos caerse las tejas de la residencia Moreira y abrirse una grieta en su alto cerco de adobe no nos quedó duda que se trataba de un terremoto”.

El líder aprista Armando Villanueva del Campo vivió el terremoto en la isla El Frontón, donde se encontraba preso por sus ideas, según cuenta en su libro de memorias La gran persecución: “Desde aquí vimos un espectáculo que no es para ser descrito. Una inmensa cortina de polvo subiendo desde el litoral hasta lo alto, cortina que durante algún tiempo nos ocultó de la costa. Al principio creímos que solo se trataba de desprendimientos de barrancos. Pero después, los barrancos iban reapareciendo en algunos sectores. Entonces nos dimos cuenta que enormes columnas de polvo se elevaban del Callao, Lima, Barranco y Chorrillos. Para nosotros era una magnífica visión de conjunto que abarcaba desde La Punta hasta el Morro Solar”.

El segundo mayo trágico tuvo lugar exactamente 24 años después. En el Estadio Nacional de Lima se disputaba el torneo clasificatorio sudamericano para los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. Nuestra Selección necesitaba ganar a Argentina para mantener opciones, pero iba perdiendo. A diez minutos del final, Víctor 'Kilo' Lobatón marcó el empate. Sin embargo, el árbitro uruguayo Ángel Pazos anuló el gol por supuesta jugada peligrosa del atacante peruano. Esto causó el enojo de los más de 47 mil presentes. Uno de ellos, Víctor Melecio Vásquez, conocido como 'Negro Bomba', saltó de la tribuna a la cancha para perseguir al árbitro. La policía lo contuvo y empezó a golpearlo. Esto enfureció más al público, que intentó ingresar también al verde. El comandante Azambuja ordenó el lanzamiento de gases lacrimógenos hacia las tribunas. Algunos hinchas se quedaron en las gradas, resistiendo el olor de dichos gases. Pero otros huyeron hacia las puertas, que desafortunadamente estaban cerradas, con lo que más de 300 espectadores fallecieron asfixiados y aplastados. Un juez intentó encontrar responsabilidades de la tragedia; pero los políticos de la época influyeron para que el caso se archive. La historia completa puede leerse en el libro El gol de la muerte, del periodista Efraín Rúa.

Nuestro tercer mayo trágico ocurrió solo seis años después. A las 3 y 23 de la tarde, la tierra comenzó a temblar a 44 kilómetros al suroeste de Chimbote, con una magnitud de 7,9 grados. El terremoto provocó un aluvión que desapareció las ciudades andinas de Yungay y Ranrahirca. Este desastre causó unas 70 mil víctimas, con lo que se convirtió en el evento más destructivo de la historia peruana.

Por coincidencia, en mayo de este año hemos vivido otro terremoto: 8 grados en Yurimaguas, Loreto, la madrugada del último domingo 26. El tremendo sismo se sintió hasta en Lima, que por si fuera poco, acaba de vivir uno menor al momento de escribir este artículo. Ocurran en mayo o cualquier otro mes del año, sea por culpa de la naturaleza o de las autoridades, sean terremotos o tragedias deportivas, la prevención antes que la improvisación debe ser nuestra bandera.