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Una publicación de la asociación SER
Economista. Egresado de la Maestría de Gerencia Social de la PUCP. Consultor y Especialista en Manejos y Gestión de Conflictos Socio-ambientales y Desarrollo Local

Nuevo Perú: sumas que restan

Hace un par de semanas le veía a la izquierda, con Verónika Mendoza a la cabeza, muchas posibilidades electorales, siempre que terminara de zanjar con los gobiernos de izquierda de corte autoritario y, de la misma forma, con las organizaciones políticas vinculadas a la corrupción.

Es verdad que la izquierda históricamente se ha dividido por cuestiones ideológicas, mientras que la derecha se ha juntado, casi siempre, por intereses económicos. Sin embargo, parece ser que la alianza entre Verónika Mendoza, Vladimir Cerrón y Yehude Simon, no es el caso. Por el contrario, esta alianza es totalmente contraria a los principios liberales y morales por la cuales la izquierda ha luchado en estos últimos años.

Cerrón es la expresión de la izquierda más retardaría, poco transparente y autoritaria. No solo es homofóbico y xenofóbico, sino que también está acusado, probadamente, por actos de corrupción, además de ser chavista y de defender gobiernos de izquierda que apuestan a la perpetuidad en el poder. Posiblemente el caso de Simon no tenga la misma connotación, pero lo cierto es que mientras no quede claro que no ha recibido dinero sucio de Odebrecht, su situación seguiría siendo más que sospechosa.    

Por más que digan que esta alianza es entre organizaciones políticas, lo cierto es que en nuestro país son los caudillos los que tienen la última palabra, y, en el caso de esta alianza, no es la excepción.  Este argumento no solo es débil, sino que deja mal parada a la izquierda, porque denota un aval a esta alianza que por todos lados es percibido como un error político.

La renuncia de Marisa Glave e Indira Huilca, dos de las principales portavoces de Nuevo Perú, que enarbolaron la lucha contra la corrupción del fujiaprismo en el Congreso, es una pérdida que le va a pasar la factura a Verónika Mendoza, más aún cuando la lucha contra la corrupción es el principal eje de campaña, ya que este problema es percibido por la población como uno de los principales a resolver según la última encuesta del IEP.

Si a ello le sumamos la actual coyuntura de movilización social en contra de gobiernos autoritarios que quieren perpetuarse en el poder, como son los casos de Venezuela y recientemente de Bolivia, y que Cerrón avala e incluso hasta defiende, es obvio que le va a afectar fuertemente a Verónika Mendoza en las próximas elecciones. 

Entiendo que en un momento la alianza de Nuevo Perú, principalmente con Perú Libertario, obedecía a la radicalización de la izquierda para neutralizar el crecimiento de Antauro Humala, por el hartazgo hacia la clase política, pero lo cierto es que la disolución del Congreso abrió un nuevo escenario que tiene que ser entendido en su real dimensión.

La alianza con Cerrón como Simon es una suma que resta. Por el bien del país, abrigamos la esperanza de una rectificación de Veronika Mendoza. No entender que la coyuntura ha cambiado y que estamos en un nuevo momento político es retroceder un peldaño en la lucha contra la corrupción en la que todos estamos comprometidos.