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Una publicación de la asociación SER

Nuwarmi

Nuwarmi[1]

Hoy voy a despejar pensamientos circulares, estadísticas desoladoras y sentimientos de indignación y desesperanza, que me asaltan cuando pienso en la situación de las mujeres en el Perú y en el mundo.

Hoy es el Día Internacional de las Mujeres Indígenas, fecha para conmemorar sus luchas y aportes a la construcción de la memoria de nuestras culturas, del presente y futuro de nuestras sociedades.

Hoy se cumplen 236 años de la muerte de Bartolina Sisa, lideresa aymara cuya lucha inspiró la decisión de elegir esta fecha para ellas, las mujeres indígenas.

Hoy celebro sus propuestas de cambio para que sus autoridades comunales incorporen y prioricen la atención, asesoría y acompañamiento en casos de maltrato y violencia sexual de mujeres, niñas y niños.

Hoy saludo los cambios normativos que vienen impulsando para que sean incluidas y reconocidas como sujetas de derechos y, por tanto, decisoras en lo que acontece y afecta a sus territorios o donde sea que se encuentren.

Hoy celebro que exijan el turno de palabra ante las mayorías masculinas, exponiendo sus reclamos y necesidades, ofreciendo sus saberes y capacidades para transformar la precariedad y la violencia que por generaciones las acompaña.

Hoy admiro que, aun con miedo, son cada vez más frontales ante los vicios e irregularidades en la administración de recursos o en la gestión de organizaciones; y cada vez más libres para desenmascarar el machismo.

Hoy respaldo sus denuncias sobre dirigentes que representan, conocen y defienden derechos territoriales, pero que en casa no las respetan y las violentan, al igual que a sus hijas e hijos.

Hoy evoco su lucha pacífica por verdad, justicia y reparación; su inagotable y valiente búsqueda a pesar de las huellas que, en sus familias, han dejado tantas muertes y desapariciones.

Hoy llevo sus rostros conmigo, las sonrisas y lágrimas compartidas, sus enérgicas intervenciones en las asambleas comunitarias, sus historias, sus silencios.

Hoy las elijo mi espejo, reflejo de fuerza única y transformadora de todas nuestras ancestras reunidas, confabulando para remecer y transformar de una buena vez esta humanidad.

Hoy agradezco a las mujeres indígenas de mi familia, de mi país y del mundo, a quienes visualizo como la gran abuela guerrera y protectora de nuestras luchas.

Hoy 5 de septiembre, Día Internacional de las Mujeres Indígenas, tomo de estas afirmaciones la fuerza para seguir creando y transformando.

Hoy lo intento, mañana también… (me) lo prometo.

 

 

[1] Recreación propia a partir de los vocablos Nuwa y Warmi que corresponden a la palabra Mujer, en las lenguas indígenas awajún y quechua, respectivamente.