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Una publicación de la asociación SER

Orgullo para Kiara

La madrugada del 22 de junio, faltando seis días para el Día Internacional del Orgullo Gay, el distrito de Independencia fue escenario del peor castigo injustificado hacia un ser humano sólo por ser diferente.

Víctor Chinchay Leiva, ‘Kiara’, de 30 años, confeccionista de día y trabajadora sexual por las noches, se encontraba en lo que parecía ser una noche más de trabajo. Sin embargo, unos jóvenes, cobardemente, comenzaron a gritar: “Estos maricones cómo no se mueren”. Kiara y sus amigas reaccionaron, defendiéndose ante la agresión verbal. Pero eso no quedó ahí, no fue suficiente sólo pasar y denigrarlos verbalmente, ellos tenían que acabar con el trabajo sucio. Fueron por refuerzos, fueron por palos de casi un metro de largo, fueron por vidrio y piedras, fueron por su odio contenido y juicio nublado. El resultado final: contusiones en el cráneo, varios órganos internos comprometidos y Kiara sumergida en una pesadilla sin poder despertar.

La situación de la homofobia en el Perú es dramática y, personalmente, incomprensible. Cada mes vemos en los noticieros diferentes historias sobre discriminación a la comunidad LGTB (sin tomar en cuenta las que no son denunciadas por los familiares de la víctima por vergüenza a ser señalados). A pesar de ello no existe un registro por crímenes de odio. Recordemos que en julio del 2013 el Congreso de la República rechazó la categoría de orientación sexual e identidad de género en la modificatoria del Código Penal (crímenes de odio), dando los más espantosos argumentos que un legislador pueda dar. La comunidad LGTB no sólo tiene que afrontar rechazo desde la infancia hasta la adultez, sino que legalmente se le cierran las puertas; lo cual es bastante contradictorio porque la Constitución otorga derechos fundamentales a todos los seres humanos sin excepción; y ninguna ley, ninguna autoridad, ninguna persona, puede ir en contra de ellos, no se puede ir en contra de derechos fundamentales. No se puede ir en contra de la Constitución.

El caso de Kiara no es un simple caso más de homofobia. Es un claro ejemplo de crimen de odio, ya que la condición de transexual de la víctima generó un mayor ensañamiento por parte de sus agresores. Y aunque esta tipología haya sido excluida por el Legislativo, SÍ es un crimen de odio. Representa una violación de derechos fundamentales. Además, encaja perfectamente en dos figuras del Código Penal. Según la intención de los agresores (al parecer no sólo buscaban golpearla, sino acabar con su vida), podría tratarse de un intento de homicidio calificado (artículo 108, numeral 3), o de lesiones graves (artículo 121, numeral 1).

Han pasado ya 10 días y la Fiscalía del distrito investiga con la misma ‘rapidez’ de siempre. La familia aún espera una justicia que tal vez no llegue. Y Kiara sigue sin despertar.

¿Quién le va devolver su vida? ¿Quién le devolverá su orgullo?