Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología. Católico sin parroquia, socialista sin partido y amante infiel de la literatura.

“Orígenes”: primera lectura

“Orígenes”, la primera de la trilogía Pájaro Pinto, novela “transgénero” del escritor Gregorio Martínez, quien falleciera el 2017, seguramente dará mucho que hablar y que escribir, como lo fueron sus celebrados libros de ensayos “Libro de los espejos. 7 ensayos a filo de catre” (2004) y “Diccionario abracadabra. Ensayos del abecedario” (2009). Porque esta vez, aunque cuenta la historia de Toribio Cutipa, oriundo de Coyungo, la tierra de don Candelario Navarro –el personaje de “Canto de Sirena”- y del mismo autor, entreteje textos ensayísticos para alborotar el gallinero como este, por ejemplo:

“Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, que ni siquiera era propietario de de visibles medios de producción conforme al marxismo; pero cuya empresa, creada al principio en su dormitorio de estudiante, un mar de cables y pantallas, tenía nominalmente el mayor valor de cuanta propiedad existía sobre la Tierra. Ante Facebook, la empresa del magnate Gianni Agnelli que fabricaba el ansiado Ferrari resultaba una insignificancia. Todos los trabajadores de WhatsApp, una empresa cibernética que Facebook adquirió en 2000 millones de dólares, cabían en un ómnibus de Transportes Roggero; pero, con solo 55 trabajadores, dicha empresa tenía un producción anual de 22 mil millones de dólares, igual que la General Motors que empleaba un millón de trabajadores. ¿Dónde estaba en el caso de WhatsApp, el principio económico de la plusvalía de Marx y Engels” (p. 103)

Y aunque, como dicen los expertos, en el género novela caben todos los géneros, en “Orígenes” no es fácil seguir el hilo de la historia. Estamos frente a un híbrido que más parece el discurso de un paciente divertido y erudito en un diván, pues las asociaciones libres al ritmo del placer sicalíptico se suceden sin parar, abrumando al lector-oyente que debe tomar un vaso de agua o hacer una pausa dramática para continuar.

Para que se tome nota del estilo arborescente de la narración, que por instantes, para lectores poco entrenados, puede parecer laberíntica, asomémonos al capítulo 7 que comienza con el nacimiento del personaje que contó con la ayuda de una partera, quien le da una palmada al crío para que exhale ”el soplo de vida que traía adentro, el soplo de Dios, De humani corporis fabrica, así como decía en Nasca el médico eminente Ignaz Morkszeski, polaco de Cracovia, ante cada alumbramiento exitoso…”  y asocia la frase con el título del mapa anatómico de Vesalio al contar que el médico poseía un ejemplar del libro así titulado, impreso en 1543, que lo lleva a hablar de un libro erótico ilustrado publicado en 1499 y compararlo con la Biblia de Gutenberg; a seguir con la noticia de la desaparición del libro a la muerte del médico y en qué lugar fue enterrado; para continuar diciendo que el uruguayo Félix Peyrallo creía que el ejemplar del susodicho libro que se halla en The National Library, en Bethesda, Maryland era el libro del polaco, de su desaparición posterior y recuperación. En las siguientes páginas se mencionan a peruanos vivos de Nasca y Lima, a Hiram Bingham, a la guaracha Don Toribio Carambola, Kafka, Gershom Scholem, la costumbre judía de poner nombres a los recién nacidos según el día; Sabbatai Sevi; y decenas de libros, autores, fechas, circunstancias que no pierden ilación con el nacimiento del héroe.

“Orígenes” resulta ser, a la vez, un pequeño tratado de historia de las ideas, erudito y abrumador que da cuenta de los miles de libros que habitaban en la mente de este hombre que habiendo nacido en una pequeña aldea, había transitado por Lima y la Universidad de San Marcos donde adquirió y veló las armas de la literatura, para culminar su carrera cerca de la capital del Imperio global de nuestra época. Erudición que evoca a la de otro mulato, como fue el poeta cañetano Enrique Verástegui, más reconocido por los lectores de fuera de nuestras fronteras que por los propios peruanos y que falleciera tempranamente en julio del año pasado.

Erudición que no opaca el lenguaje claro, directo, irónico, socarrón, del castellano peruanísimo de Martínez que pondrá en aprietos a sus futuros traductores:

“Desde el vientre materno, el recién nacido y conocía el olor del ajo y hasta el sabor pungente; y también había sentido, todavía en el útero, el sabor denso y picante del ají panca, el ají colorado seco, ajiseco, que su madre remojaba en agua con sal y molía luego en el batán para condimentar los guisos, el ajiaco de papas con zapallo y cancato, aun la sopas, el chupe de camarones con cachipa y fragancia de paico”

Lectura muy recomendable para los peruanos jóvenes, en particular, que embelesados pasan sus horas en la ventana de sus celulares, sin sospechar siquiera que tenemos en nuestras tradiciones una riqueza tal que mentes como las de Martínez, Verástegui u Oswaldo Reynoso han podido establecer los puentes que las ligan a las otras culturas de la aldea global. Celebremos este acontecimiento cultural.