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Una publicación de la asociación SER

Panorama político al inicio de la era Vizcarra

Ofrezco un repaso rápido a la situación de los principales actores políticos luego de la reciente sucesión presidencial.

Presidente Vizcarra. Inicia su gestión favorecido por un ambiente de expectativa, el cual es alimentado por varios factores: el alivio por haber logrado una salida constitucional a la crisis política; la buena disposición expresada – en algunos casos como que a la fuerza – por todas las bancadas parlamentarias; las ideas fuerza expresadas en su mensaje inaugural; y los gestos iniciales realizados principalmente en sus viajes a regiones. Nada de eso, sin embargo, prefigura cómo se va a conducir en el gobierno. La duda no ha sido despejada con la designación del nuevo gabinete ministerial, por lo que los rasgos de su conducción política aún siguen siendo un misterio, sobre todo porque ninguno de los apoyos políticos ofrecidos puede considerarse una alianza sólida para darle estabilidad a su gobierno.

César Villanueva. Ha pasado de ser el principal operador político de la vacancia presidencial a ser el principal operador político del nuevo gobierno. Su conducta política es valorada por todas los partidos, lo cual no le garantiza un apoyo incondicional. Su gabinete expresa una opción por ministros y ministras con alta capacidad técnica. Igual que con el Presidente, es un misterio si tendrán la capacidad de poner urgentes temas de política pública como parte de la agenda de discusión y, sobre todo, convertirlos en decisiones.

Congreso de la República. Sale de la crisis con un enorme descrédito. Está obligado a darle sostenibilidad al nuevo gobierno, aunque no se sabe cuánto durará este período de relativa tranquilidad. Lo anterior no significa que las pulsiones de una oposición semileal con rasgos antidemocráticos hayan desaparecido del escenario parlamentario. ¿Cambiará la actitud y las posiciones del grupo mayoritario respecto del respeto a las instituciones y al equilibrio de poderes? ¿Asumirán el liderazgo en materia de las reformas políticas que el país requiere para enfrentar, por ejemplo, la corrupción en la política y en la administración del Estado? ¿Será distinto el trato que se dispense a Ministros y altos funcionarios? Hasta ahora, nada indica un cambio en este sentido.

Fujimorismos. La ruptura de Kenji Fujimori marcó un punto de no retorno a la crisis interna en Fuerza Popular. Fuerza Popular perdió la mayoría del Congreso, aunque podrían recuperarla con los desafueros que ya se anuncian. Ello les permitiría mantener el control de la mesa directiva. Pero la crisis va más allá, se traslada a la disputa por la herencia del fujimorismo fundacional (ese que asegura parte de su votación actual) y también a la captura de liderazgos regionales con los que seguir alimentando su caudal electoral. Es probable que la resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, así como delaciones ante el Ministerio Público, sobre el indulto al dictador Fujimori acentúe la crisis. En todo caso, las próximas elecciones regionales y municipales constituirán un momento de reacomodo de fuerzas internas, lo cual permitirá evaluar sus posibilidades al 2021.

Ministerio Público. Ha devenido en un actor principal porque las investigaciones que adelanta involucran a importantes líderes políticos y a sus organizaciones. Sus avances han generado reacciones muy fuertes; con ello las fuerzas políticas involucradas se han mostrado más favorables a la impunidad que a la búsqueda de la justicia. En pocas semanas se definirá al titular del Ministerio Público para el próximo período. Algunas voces ya están planteando la reelección del actual Fiscal de la Nación como forma de garantizar el impulso a las investigaciones actuales. El resultado de esta elección definirá si esta entidad continúa encabezando la lucha contra la corrupción o se perderá en una dinámica anodina.

La calle. Muy activa en la coyuntura del indulto, se mostró pasiva en la crisis presidencial. En esta, más bien, mostró desilusión y hartazgo. La consigna “que se vayan todos” no prendió como para empujar desde la indignación ciudadana una renovación más profunda del escenario político. Una vez se definan las candidaturas a gobernaciones regionales y alcaldías, se volcará hacia la agenda electoral, sin perder de vista la agenda que proponga el Ejecutivo.