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Una publicación de la asociación SER

Para acabar con el feminicidio

Foto: Luisenrrique Becerra

Gabriel Gómez Tineo. Antropólogo de la UNSCH

Los performances que realizaron  los grupos feministas en el país y países vecinos con el eslogan “el violador eres tú” ha generado incomodidad en un sector de la población. A tal punto que se expresan en ideas extremas de descalificación y estigmatización del feminismo, rechazándolo como una propuesta de reivindicación social y política que busca acabar con el orden patriarcal que históricamente ha  definido una relación asimétrica entre varones y mujeres.

Nuestra sociedad aún no asume que las mujeres que salen a protestar a las calles no lo hacen para fastidiar la tranquilidad de otros. Lo hacen porque buscan que la sociedad deje de pensar que las violaciones sexuales, el acoso callejero, la violencia hacia las mujeres, la homofobia y otras formas de agresión sean consideradas normales. Basta revisar las cifras de abuso sexual y feminicidios como expresión extrema de la ideología machista. Por ejemplo hasta la fecha en nuestro país hay 167 mujeres muertas.

De la misma forma en los casos de violación sexual, los estudios indican que el lugares  más inseguro es la casa, un espacio aparentemente seguro. Y los abusadores son las personas más cercanas; tíos, primos, hermanos y hasta padres ¿qué pasa en la cabeza de los agresores y por qué lo hacen? son interrogantes que siempre  nos interpelan.

El proceso de socialización en nuestra cultura tiene como una característica muy común la hipersexualización masculina, es decir que a los niños varones desde muy pequeños se tiende a emparejarlos presentándolos como los hombrecitos, que deben estar dispuestos a tener  chicas, o más aún cuando se llega a la adolescencia el entorno cercano se preocupa para que tenga una chica y si no la tiene lo llevan a un prostíbulo para que se inicien sexualmente. En cambio a las mujeres se les educa de una forma diferente, haciéndolas creer que sentir deseos sexuales es malo y por lo tanto los deben reprimir.

La investigadora Rita Segato sostiene que la violencia contra la mujer tiene que ver con relaciones de poder. Un poder que se considera legítimo y que históricamente siempre fue ejercido por los varones, donde el sistema de crianza y educación que nos imparten normaliza la dominación masculina y subordina a la mujer.  Es ese conjunto de ideas las que legitiman la violencia contra la mujer y el feminicidio.

“Si no estás conmigo, no serás para nadie” es una de las frases que escuchamos cotidianamente y lamentablemente el feminicida la termina haciendo real. Haber criado a los varones diciéndoles que el poder en una relación es de ellos, tiene su desenlace fatal cuando este macho todo poderoso no soporta que “su” mujer desee terminar la relación que tienen, y simplemente la mata, e inclusive en algunos casos se mata así mismo. 

Debemos insistir que necesitamos una educación con enfoque de género, que enseñe a los niños que las mujeres son tan iguales como los varones y por lo tanto no debe existir esa idea de superioridad en la pareja, sino una relación de igualdad y respeto. Cuando una mujer desea terminar la relación o ya no soporta los maltratos y desea estar sola, se debe respetar su decisión.  Para ello hay que acabar, de una vez y para siempre, con la idea de que la mujer es propiedad del varón

Es importante reconocer que el Estado tiene un programa que trabaja con varones para formar nuevas masculinidades. Creemos que este esfuerzo debe continuar con estrategias más amigables y con argumentos sólidos. Se debe empezar por contratar profesionales con el perfil idóneo, sin taras ni estereotipos, para lograr el propósito de la deconstrucción de la masculinidad machista y violenta.

La relación desigual que existe entre un varón y una mujer esta tan normalizada que cuando una mujer sale a protestar o reclama respeto los varones asumen que es una ofensa o falta de respeto.  Sin duda el reto es enorme para asumir la igualdad de manera genuina y real, desterrando las ideas misóginas, sexistas, homofóbicas y machistas.

Es fundamental que las próximas autoridades que lleguen al Congreso de la Republica  aporten con normas muy claras y bien reflexionadas para combatir la violencia contra la mujer y el machismo que la legitima. No queremos que se repita la experiencia del anterior congreso donde había una mayoría fujimorista que se oponía a toda propuesta que tenía que ver con el enfoque de género.  De cara al Bicentenario, una tarea fundamental es luchar para acabar con esa lacra llamada machismo.