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Una publicación de la asociación SER
Abogada de Aprodeh y Grufides

¡Para el pueblo, balas!

El día de ayer (miércoles 31/enero) se reinició el Paro Agrario; miles de campesinos de varias regiones del país se vieron obligados a salir nuevamente a las carreteras, a tomarlas, a llamar la atención frente a la indiferencia y negligencia de un gobierno que no hace sino ignorar las preocupaciones de este importante sector, incumpliendo mínimos ofrecimientos que podrían ayudar en alguna medida a superar la magra situación por la que atraviesan.

Dos muertos ha dejado el primer día de esta medida, el gobierno ni se ha inmutado por ello, parece que la vida de dos provincianos no importa en este país en la que la atención está centrada en las angurrias por el poder.  Ahí vamos sumando dos víctimas más de esta política inepta del “disparar antes que solucionar” que se ha institucionalizado en el Perú. 

La demanda social de este conflicto tampoco parece ser la prioridad del gobierno, no importa lo que producimos en este país cuando el interés es afianzar el libre mercado, seguir firmando Tratados de Libre Comercio que permiten la importación indiscriminada de productos, incluso de los que se producen aquí.  En el caso específico de la papa, por la que hoy se levantan los campesinos, este Estado prefiere importarla de Holanda, pagarles a las empresas extranjeras 70 céntimos el kilo, colocando su producto en el mercado, antes que promover el consumo de nuestra producción a la cual ningunea ofreciéndo apenas 20 céntimos por el kilo producido.

Los campesinos, los pobres de este país, están desesperados, pero para el gobierno esto parece ser un asunto marginal; el mejor indicador de eso, es dejar que este conflicto que ya cobró dos vidas solo en su primer día, siga desarrollándose; ni un pronunciamiento, ni un anuncio frente a la convulsión que sufrimos ahora mismo, con gran cantidad de las regiones en movilización y casi paralizadas en sus actividades cotidianas.

El presidente no saca cabeza frente a este grave problema, de la clase política tampoco esperamos nada, casi nos hemos resignado a asumir que somos un país acéfalo y huérfano respecto a quién vele por nuestros intereses.  Estamos en un país en el que las mínimas reivindicaciones, el respeto por los derechos, las mínimas atenciones nos tienen que costar vidas.

Y es que en este país donde los gobiernos han asumido con tanto entusiasmo la política neoliberal, no es extraño que el principal interés sea el mercado, garantizar los intercambios comerciales y las inversiones, dejando al margen a las personas, sus derechos fundamentales, los que se supeditan a los intereses económicos.

Irineo Curiñahua Campos, joven agricultor, tenía apenas 22 años, y murió ayer tratando de escapar no solo de las balas de la policía, sino de la pobreza y la miseria a la que lo ha condenado su propio Estado.

Cuántos muertos más requerirá este Estado para que su interés se vuelva a centrar en su pueblo y no solo en el gran empresariado. Por ahora el escenario no parece ser muy prometedor, el gobierno ha dado luz verde para que las grandes empresas y sus negocios se impongan en el país, desarrollen sus mega proyectos, aún usando la fuerza, se apropien de territorios, e incluso condicionen a lo económico asuntos tan fundamentales como nuestra salud y por ende nuestra vida.

Para el empresariado buenos negocios, para el pueblo balas.