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Una publicación de la asociación SER

Partidos truncos

Tiene que tener cuidado de no parecer presidente de las grandes empresas de la CONFIEP.
Pedro Pablo Kuczynski sobre Ollanta Humala.
 (Diario Gestión 11/12/2012)

Tras la elección de Ollanta Humala, algunos observadores de la política peruana pensábamos que habría posibilidades para el fortalecimiento de ciertos partidos,  principalmente, el oficialista, que gobernaría a la izquierda, y el fujimorista, el cual podría liderar a la oposición desde la derecha. Este análisis presuponía que el presidente se iba a mantener a la centro-izquierda del espectro político, lo cual generaría un incentivo crucial para invertir en organización política: polarización.

Bajo este supuesto,  el gobierno tendría que enfrentar los ataques de una oposición numerosa en el congreso y sectores poderosos de la sociedad, como los empresarios, los medios de comunicación nacionales y la iglesia católica; mientras el fujimorismo  podría  ganar protagonismo liderando la oposición parlamentaria frente a las reformas auspiciadas por el gobierno. De asumir esta función, la derecha empresarial habría visto incentivos para brindar apoyo económico al partido,  complementando el “capital ideológico” ganado durante los años posteriores a la transición democrática, donde los juicios realizados a miembros de Fujimorato – incluido el propio Fujimori – fueron percibidos como una “persecución política” que unificó el movimiento.

Esto, como sabemos,  no ocurrió. Humala gobernó mucho más a la derecha de lo esperado, incluso para los liberales que apoyaron su candidatura en la segunda vuelta, y los incentivos para invertir en organización política disminuyeron considerablemente, tanto para el gobierno como para la “oposición”. En el congreso, los partidos con menos curules han preferido colaborar con el oficialismo y el fujimorismo no ha podido consolidar un papel articulador, ni siquiera en asuntos “emblemáticos” para la bancada como la desactivación del PRONAA. En palabras de Jorge Valladares, lo que hubo durante el primer año del gobierno en relación al legislativo fue “control benévolo” de los partidos y sesión de las iniciativas legislativas a favor de ejecutivo. (1)

Ante este nuevo escenario, la articulación de organizaciones en torno a izquierda y la derecha son inciertas, aunque no del todo divergentes. El “partido” nacionalista, o más bien, la red de activistas políticos que apoyaron el plan de la Gran Transformación, ha prácticamente desaparecido tras los sucesos de Conga. El círculo más visible de colaboradores de la campaña del presidente, Ciudadanos por el Cambio, ahora integra Fuerza Ciudadana junto al Partido Comunista-Unidad (es decir, la CGTP), el Partido Socialista y Fuerza Social. Este frente disputa – aunque el verbo sea excesivo – el espectro de izquierda con el Movimiento de Afirmación Social, de “Goyo” Santos. Ante la ausencia de polarización ideológica visible, la izquierda ha vuelto al desorden organizativo previo a la campaña electoral  y las posibilidades organizar un frente común con posibilidades de éxito para el 2016 parecen remotas. Si bien la revocatoria en Lima abre nueva ventana de oportunidad para la coordinación entre los distintos sectores de la izquierda, es necesario, en primer lugar, superar el proceso mismo.  

Por otra parte, si bien la derecha empresarial respira tranquila con la certeza de que el gobierno promueve la inversión privada, la derecha política no se ha fortalecido. En el caso particular del fujimorismo – la cual es la única fuerza política con mística y llegada sectores populares - el giro programático del presidente ha impedido su fortalecimiento organizativo, alejando a los benefactores de la campaña de segunda vuelta y aliados probables en el congreso, como los parlamentarios de Alianza por el Gran Cambio. Sumado a los conflictos internos de la organización, la consolidación del movimiento fujimorista en un partido político parece haber quedado aletargada y su agenda reducida a la demanda de indulto. No obstante, el fujimorismo cuenta con un activo que solo comparte con el APRA: partidarios. Carlos Meléndez ha demostrado, poco más de 10% del electorado votaría por un candidato fujimorista en cualquier circunstancia (2), y de acuerdo a una encuesta reciente, Keiko Fujimori mantiene una intención de
voto para las elecciones presidenciales idéntica a la obtenida en la primera vuelta del 2011.

A dos décadas de la explosión de las organizaciones partidarias, la expansión del sistema político peruano no se detiene. Sin polarización política del escenario nacional y el divorcio entre “partidos nacionales” y candidatos locales, la política peruana parece seguir condenada al reino de lo inmediato y el olvido de la deliberación política. Si todo sigue igual, el fortalecimiento de los partidos tendrá que esperar, al menos, hasta la siguiente elección.   

Notas:

(1)    Valladares, Jorge. “Horror al vacío: un año de relaciones entre Ejecutivo y Congreso”. En Revista Argumentos, año 6, n° 3. Julio 2012. Disponible enhttp://revistargumentos.org.pe/horror_al_vacio.html
(2)    Melendez, Carlos, Partidos Inesperados: http://www.fes.org.pe/descargasFES/Partidos%20inesperados%20C.%20Melendez.pdf