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Una publicación de la asociación SER

Pasivos mineros en debate

A lo largo del 2014, la Asociación Servicios Educativos Rurales promovió una serie de reuniones de trabajo, con la finalidad de abordar el tema de los pasivos ambientales en Hualgayoc.

Gracias a esta iniciativa, que ha requerido un trabajo, en ocasiones titánico, se logró reunir a representantes de empresas mineras, del Ministerio de Energía y Minas y del gobierno regional de Cajamarca. Sin embargo, la presencia más importante fue la de un representante de una de las zonas más afectadas por la presencia de pasivos ambientales, producto de las actividades mineras, pues, por primera vez, se escuchó la voz fuerte y clara de un poblador, expresando su  (justo y necesario) reclamo.

He tenido la oportunidad de participar en algunas de estas reuniones y me queda claro -después de haber escuchado a los actores clave- que el de los pasivos ambientales mineros es un tema incómodo, principalmente para aquellos que se dedican a la minería, así como para quienes tienen el mandato legal de promover y asumir las labores de remediación; y lo es porque no les gusta escuchar que la actividad económica que más se desarrolla en el país, de la manera en que se permite que se le realice, genera contaminación, destruye el medio ambiente y nos deja bombas de tiempo que no tardan en estallarnos, como son los pasivos ambientales.

En el ministerio, que además tiene una ambiciosa cartera de proyectos que nos garantizan otros cincuenta años de actividad minera, -y de conflictos socio ambientales, más contaminación y desaparición de cuerpos de agua- sostienen que hacen lo necesario para promover la remediación de dichos pasivos. Sin embargo, da la impresión de que dicho  quehacer no es suficiente: Le ha encargado a una empresa la tarea de remediar, y esta dice que la población no la deja realizar las labores, mientras que la población asegura que la compañía, más que remediar, lo que quiere es seguir explotando los recursos, pretensión que está asociada a la degradación de su ambiente, sus tierras y sus aguas. Es un perro que se muerde la cola y una situación para la que el ministerio puede echar mano a una larga lista de culpables, si en algún momento necesita justificar su falta de capacidad y liderazgo para abordar el tema y solucionarlo, que es lo que reclaman los pobladores.

Los mineros insisten en vociferar cifras que parecen irreales, buscando que los que reclaman la remediación de los pasivos y los que cuestionan el modelo económico impuesto se den cuenta de lo beneficiosa que ha resultado la minería para nosotros, los peruanos, bendecidos con montañas llenas de minerales preciosos, muy bien cotizados en los mercados internacionales. Sin embargo, se rehúsan a asumir el compromiso de la remediación, o afirman que hay experiencias exitosas, ¡oh sí!, pero hay que ver cuánto duran, porque, sin ir muy lejos, hay un lugar llamado San José, en donde se ha hecho un “impecable” cierre de minas, y que actualmente filtra aguas ácidas, de color naranja, y ha vuelto espumosos, los ríos y canales aledaños.

La gente no se está muriendo en Cajamarca, dicen. No mueren, pero se enferman, y eso también debe alarmarnos. Considero que el primer paso para abordar el tema de la remediación es salir de la etapa de la negación. Es primordial dejar de minimizar el problema y es crucial asumir las cifras,  porque ello nos permitirá darnos cuenta del problema. Una vez asumida su existencia, hay que  reconocer que este es grave y está afectando la calidad de vida de personas, que aunque estén lejos, existen. Recién entonces podremos proponer alternativas reales de solución.

Otro factor clave es la responsabilidad. El Ministerio tiene que entender que cuando los pobladores de Hualgayoc exigen la remediación de más de 700 pasivos ambientales mineros no están pidiendo un favor, están exigiendo un derecho y los derechos no deberían mendigarse. No hablamos de favores, sino de un deber que el Estado está obligado a cumplir.

Si, como se avizora, se pretende continuar con el desarrollo de actividades mineras en Cajamarca, y si la minería aporta tantos miles de millones de soles al erario nacional a cambio de la degradación del ambiente y de la calidad de vida de las personas, es justo, lógico y razonable que parte de esos millones sean destinados a la remediación. De lo contrario, dentro de 50 años, nuestros hijos o nietos -nosotros no, como dijo un representante del ministerio en una de las reuniones- pagarán el altísimo precio de la minería y tendremos un país pobre; pobre y arruinado.

La autora es abogada de la Gerencia de Recursos Naturales y Medio Ambiente del Gobierno Regional de Cajamarca.