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Una publicación de la asociación SER
Abogada titulada por la PUCP. Fue Coordinadora del área Justicia Viva del Instituto de Defensa Legal – IDL. Actualmente, es Coordinadora del área Estado de Derecho de la Fundación por la Justicia y el Estado de Derecho (FJEDD) de México.

Perjurio y ¿traición?

Luz Salgado ha juramentado defender la democracia, la tolerancia y el control de poderes del Estado. Así lo ha dicho al asumir el cargo de Presidenta del Congreso para el periodo 2016-2017. Muchas sabíamos que ganaría, porque la aplastante mayoría numérica de 73 congresistas del fujimorismo, más sus aliados naturales del Apra (5) y de Alianza Para el Progreso (9), le harían ganar la elección.

Juramento en falso. Eso significa perjurio. Y eso es lo que muchas sentimos cuando vimos jurar a Salgado. ¿Cómo creer, a quien fue estrella de los vladivideos, dando el sí a los planes de la dictadura para desbaratar, por ejemplo, la independencia del sistema de justicia? ¿Cómo creer a quien lidera una bancada que asume el golpe del 5 de abril como una necesidad que tuvo el Perú, a pesar de las evidencias de que fue el inicio de la gran corrupción y de un régimen que usó al Estado para la violación de derechos humanos y su impunidad? ¿Cómo no pensar, mientras juraba, en su pertenencia a un partido en el que aún se acusa con intolerancia a quienes disienten con ellos, como simpatizantes del terrorismo? ¿Cómo creer, cuando integrantes del partido en campaña recurrieron a un audio trucho, y a la defensa de un investigado por la DEA? ¿Cómo hacerlo, cuando es evidente que el primer objetivo político es sacar de su justa condena a un violador de derechos humanos? El discurso es contrario a los hechos. No se cree el juramento que, de seguro, fue el mismo que hizo en los noventas.

La palabra democracia también fue mencionada. Y que la mayoría en el Congreso es resultado de lo que quiso el pueblo. Pero como lo perverso de nuestro “sistema de elección democrático” fue puesto en evidencia en estas elecciones, a su vez se ha anunciado que la reforma electoral será promovida por Fuerza Popular. Qué contradicción, y qué miedo. Nos deja, de paso, la pregunta de si la llamada democracia basada en votos conseguidos en una campaña de desinformación del pasado, de financiamiento millonario sin debida fiscalización, de tapers, de mítines pagados, de pan y circo, es lo que conviene a nuestro país. Y es que estamos viviendo en algo parecido a lo que Ackerman ha titulado “el mito de la transición democrática” (2015)… esos métodos, esos resultados, nos remontan a los 90, con la peligrosísima pequeña diferencia, que esta vez la elección ha sido consagrada por el sistema legal “en democracia”, a pesar de las voces que señalaban con amplias razones que esto era un fraude. Pero si en algo tiene razón Salgado, es que en efecto en el sistema de elección “algo” anda mal, porque esos 73 congresistas que son más del 50% del Congreso producto de una primera vuelta, no se condicen con el porcentaje nacional de los votos dados al partido en la misma. Vaya democracia, producto de esa gran campaña de 5 años, del sistema legal y también, de los espacios que otros partidos y organizaciones de la sociedad civil perdieron ante el fujimorismo en la cancha.

Preocupa eso, así como lo que se viene con un Congreso que acaba de demostrar que no solo tiene la mayoría, sino también la mayoría calificada. Salgado ganó con 87 votos. Y con ellos los dueños de la Mesa directiva pueden además de sacar leyes como por un tubo, elegir a quienes propongan y quieran como Defensor del Pueblo, como nuevo magistrado del Tribunal Constitucional e incluso, reformar la Constitución. Si algunos de la alianza FP-APP-APRA no ven más allá de los juramentos que hicieron y deslindan de las candidaturas peligrosas o arbitrarias para el país, o si la gente no sale a las calles para impedirlas, esta democracia congresal será todo menos eso. En ese escenario, la segunda opción que de seguro se dará como en años anteriores será la repartija, lo que evidenciaría, una vez más, que el fujimorismo no ha cambiado. Y que el juramento de Salgado fue, en efecto, perjurio.

Teniendo un panorama así, no tan impredecible, pues ya conocemos cómo es que algunos grupos políticos funcionan en la hora nona (la mesa FP-APP-APRA, en efecto parece natural), la lista alternativa para la Mesa Directiva del Congreso presentada por el Frente Amplio fue un gesto importantísimo. Hizo recordar, como en los juramentos de Huilca, Glave y Pariona, que aquí hay serias cuentas que rendir y mucho de qué arrepentirse. Era obvio que la lista perdería, pero el gesto político en este escenaris tiene trascendencia innegable y es una señal de responsabilidad con el país, más aún, de cara a todos esos ciudadanos y ciudadanas que llenaron las plazas para rechazar lo que en mucho significa el fujimorismo y su forma de hacer política.

Esa misma corriente, en segunda vuelta, votó por PPK. No porque coincidía necesariamente con su propuesta (para muchos el actual presidente era “PPKeiko” porque económicamente son casi lo mismo, y porque la apoyó en su contienda frente a Ollanta Humala). Votaron, porque lo único que los unía era la convicción de Keiko Fujimori no podía llegar a la presidencia. PPK estuvo con el movimiento “Keiko No Va” (al que ha desairado hasta dos veces luego de ganar el sillón presidencial), y tres congresistas electos firmaron en su nombre un compromiso con las víctimas de la violencia en el Ojo que Llora. Todo ese mensaje chocó, inevitablemente, con el puño de los 20 votos a favor de la lista del FA. Ni un voto, ni uno solo, de los PPKausas (o de Acción Popular). Y eso, que fue la decisión de Verónika Mendoza, la lideresa del FA, la que supo pisar el “en su perra vida”, uno de los hechos decisivos para que PPK llegara al poder.

Era el momento para que el partido ganador del ejecutivo, o alguno de sus congresistas, tuviera un gesto. No tanto de apoyo al FA por la victoria (apoyo que muchos no han reconocido). Sí, en contra de lo que ya todos sabemos que el fujimorismo significa. Muchos indican que la palabra traición queda grande para lo ocurrido, porque, las banderas que enarbolan con justicia “Keiko No Va” o los familiares de las víctimas de la violencia no le son, entonces, centrales o si quiera anotadas. Y entonces la decepción de algunos por lo ocurrido, por la ausencia de ese voto 21, puede resultar ilusa.

Igual, vaya que el gesto era importante. Los PPKausas han señalado que son de una derecha diferente a la del fujimorismo. Cuidado, que en esta ocasión no tanto. El discurso de la diferencia no puede diluirse, en aquel de “permitir la gobernabilidad” (¿o el “cuidado que se vayan a enojar”?). Hay gestos y gestos, sobre todo, cuando de por medio están cosas atroces que se quieren olvidar, y cuando el discurso que hizo ganar a PPK fue el de “salvar a la democracia”.


*Cruz Silva Del Carpio es abogada del Instituto de Defensa Legal (IDL)