Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Perú al pie del orbe

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Carlos Reyna

Jamás he sentido tanto orgullo de ser peruano. La democracia es un bien social y político que está en riesgo en todo el mundo. La pandemia ha sido aprovechada por sus diversos enemigos para reforzar lo que ya había de autoritarismo, exclusión y ocultamiento en todos los países.

De pronto, en el Perú, en el Congreso, unas camarillas oportunistas y corruptas aprovechan la circunstancia de un Presidente deslegitimado para dar un zarpazo. Lo derrocan y se hacen del gobierno, del control de los recursos del Estado.

El orgullo

Y el pueblo de nuestro país, que pensábamos que no tenía la fortaleza democrática de otros pueblos incluso vecinos, que creíamos que era un pueblo democrático pero desmoralizado, pasivo frente a la arbitrariedad y el abuso, se movilizó desde el día mismo del asalto.

Siguió haciéndolo todos los días siguientes hasta alcanzar una escala nunca antes vista en nuestra historia. Como si fuera un vendaval pleno de dignidad, destruyó la legitimidad nacional e internacional de los conjurados. El jueves 12, después de la primera gran Marcha Nacional ya se percibía que se caía el gobierno de las camarillas. El sábado 14, a la medianoche, ya estaba derribado, apenas a 6 días del asalto.

 Y hoy domingo a las 11 de la mañana, mientras el Congreso se apresta a formalizar su desalojo, mientras escribo estas líneas, escalones de manifestantes peruanos, en Lima y varias ciudades, vuelven a remecer las calles continuando su combate para terminar de sellar la derrota de la conspiración antidemocrática. Ahora, el mundo mira con hondo respeto el coraje, convicción y valentía de los peruanos.

Por eso el orgullo. Y dentro de este, el orgullo en particular por esta generación de jóvenes, ya denominada la Generación del Bicentenario, el mayor contingente y el de mayor valentía de las marchas. La generación que ya limpió y tiñó de dignidad los 200 años de nuestra emancipación, cuyo heroísmo, bandera en mano, entregó la cuota de mártires de esta lucha por la democracia en la República del Perú.

La tristeza

En medio de las marchas, han sido asesinados dos jóvenes de un poco más de 20 años. Unos 115 han sido heridos. Más de 40 están desaparecidos. Es el reporte de los organismos de derechos humanos. Jamás vamos a olvidarlos. Yo en particular jamás olvidaré las imágenes de uno de los jóvenes fallecidos llegando aún con vida anoche sábado a  la emergencia del Hospital Almenara, con su joven rostro mirando al cielo, empalidecido, acaso sintiendo que la vida se le iba por las heridas de los perdigones policiales mientras los enfermeros corrían a la Emergencia. Por esto la inmensa tristeza.

El Perú debe su honor recuperado a estos muchachos y muchachas.  La celebración del bicentenario va a ser justa con estos combatientes y con sus familias si declara el día 14 de noviembre día de la dignidad nacional y héroes de la democracia a estos mártires. Deben ser ingresados a la memoria de la Patria porque es enorme la deuda que tenemos con ellos.

Los responsables de los crímenes

Por otro lado, una comisión independiente de personas confiables debe ser encargada de investigar y sancionar a toda la cadena de operaciones y de mando vinculada a estos crímenes. En la marcha del jueves 12 ya hubo víctimas graves por efecto de perdigones disparados al cuerpo por parte de efectivos policiales. Hay testimonios de periodistas y médicos voluntarios, algunos también heridos, que eran policías los que disparaban. Es inadmisible que estos hechos sean investigados solo por la propia Policía.

Además, ya debe ponerse en investigación y discusión la formación, entrenamiento, equipamiento y control que tienen las unidades policiales encargadas de control de manifestaciones y protestas. Ya se ha hecho una intolerable costumbre que en cada protesta grande haya un saldo de muertes de por armas que son propias de los policías. Se sabe además de prácticas de abusos extremos que son recurrentes. Ya hay una tradición, incluso una subcultura en estas unidades policiales que amerita su completa reorganización y reeducación. Están grabadas las imágenes de un policía diciéndole “mátalo, mátalo” a otro, mientras apuntaba su arma a la altura del cuerpo de los manifestantes, y la respuesta de “se trabó esta mierda”.

Los responsables políticos

También hay obvia responsabilidad política, o eventualmente penal, de los ministros responsables de la actuación de la policía. No solo el de Interior, también del presidente del consejo de ministros. Para ese hecho, o para otros de los ocurridos en estos días, La Constitución habla inclusive de la responsabilidad solidaria del conjunto de ministros. No deben admitirse excusas porque pudieron haber frenado los disparos de perdigones antes de que ocurran los asesinatos. No tenían que esperan a que estos ocurran para presentar sus renuncias.

Los que menos pueden sustraerse de su grave responsabilidad, en este caso política, son los congresistas que, al votar por la vacancia, sabían que iban a poner el gobierno en manos de la camarilla oportunista responsable de lo que ha sucedido. Todos sabíamos del gran peligro que sobrevenía para el país. Tan extendida era esa percepción que es eso lo que explica la magnitud de la protesta popular.

No pueden escudarse en que habían indicios de corrupción en Martín Vizcarra. Como políticos que son, saben que la principal obligación ética de su cargo de representantes del pueblo es la de evaluar y sopesar las consecuencias de sus votos para el interés nacional. Conocían perfectamente la naturaleza corrupta de varios de los grupos aliados de Manuel Merino, el que iba a gobernar desde el minuto siguiente de la vacancia. Sabían que el peligro era inmensamente mayor que el que representaba Vizcarra. Y lo hicieron. Y estas son las consecuencias.

A estos congresistas se unieron los partidos que celebraron al gobierno de Merino por puro ánimo sectario. Antes que partidos interesados en el bien común, son solo facciones enfocadas en su propio interés politiquero. Entre ellos están algunos de los que se reclaman históricos. Sus fundadores volverían a morirse si vieran su descomposición moral.

Las organizaciones ciudadanas deben construir el listado y la memoria de todos estos graves responsables políticos. De los que se auparon a un gabinete que por acción u omisión avalaba los actos de un gobierno espurio, cuya constitucionalidad estaba en discusión. Y de los que con su voto en el Congreso instalaron a ese gobierno.

Cosas que hacer

A las 12 y 20 del mediodía de hoy sábado 15 de noviembre estoy escuchando la renuncia de Manuel Merino a su pretendida e infeliz  presidencia. No vale la pena mayor mención. A los ciudadanos del Perú nos cabe tomar acciones para que esto no se repita. Se ha derrotado a esta conjura pero a un costo demasiado alto. Hay desolación, ausencias y luto en demasiados hogares.

Cabe preguntarnos si la manera como ahora se eligen a los congresistas garantiza que conocemos a quienes elegimos y asegura que podremos controlar y fiscalizar su desempeño. Se los elige en circunscripciones demasiado grandes y eso no permite siquiera que los conozcamos, menos que los controlemos o los sancionemos a tiempo. Elegirlos en circunscripciones más pequeñas ayudaría a eso.

El período por el que se los elige también es demasiado largo. Cinco años en los que, si se descubre que el representante es un inescrupuloso, será muy difícil liberarnos de él o ella. Y en ese tiempo hará dinero vendiendo sus votos a los lobbystas más peligrosos. Reducir sus mandatos a la mitad de cinco años, por lo menos ayudará a sacarlos antes.

En las campañas electorales, los ciudadanos debemos fijarnos en lo que proponen los candidatos, sin duda.  Pero más debemos fijarnos en sus trayectorias. En qué han hecho y qué hacen. Tanto ellos como sus partidos. Lo que hacen los políticos, sus partidos, sus trayectorias, prefiguran lo que harán en sus cargos más que sus discursos. Son sus verdaderos programas de gobierno.

Con eso podría reducirse la posibilidad de que lleguen al Congreso tanto personaje corrupto y venal. Probablemente, el propio Vizcarra, no podría haber llegado a ser Presidente si se hubiera sabido todo lo de los contratos de Moquegua. Y no tendría el desparpajo de dar discursos en estos momentos sugiriendo su retorno al cargo.

El pueblo, la juventud, la generación del bicentenario, ha combatido por una democracia digna, abierta, transparente y que responda a sus electores. Eso es un combate por la calidad de la democracia. Los ciudadanos debemos unir la pasión del corazón con la frialdad de la mente. Esa calidad de la democracia debe ser traducida en indicadores y ser materia de seguimiento, tal como los médicos monitorean la salud de la gente. ,  

 Y no solo deben ser indicadores de tipo electoral o de aspectos formales de la democracia. Debe incluir indicadores de desempeño social de los gobiernos: descentralización de las decisiones, empleo, salud, educación, respeto a la diversidad cultural u orientación sexual. Temas que los jóvenes ya vienen valorando en mucha mayor medida que las anteriores generaciones.

Al terminar este artículo, el  Congreso se apresta a elegir a quien será nuevo Presidente transitorio. El acuerdo inicial es que no debe ser ninguno de los que votaron por la vacancia. En las manifestaciones que aún se realizan se está gritando se ha gritado “sí  se pudo”, como un grito de victoria que en cada manifestante ha tenido seguramente un inevitable matiz de dolor por los compañeros caídos. Hay varias familias que aún no encuentran a sus hijos.

Por largo tiempo, se nos quedará el orgullo y la tristeza por este acontecimiento. Con toda seguridad nos darán el impulso para ponerle ganas para lograr un mejor Perú.

Hay dos lemas que se han gritado mucho en estos días: “Perú te Quiero, por eso te Defiendo”. “Vamos Pueblo Carajo, El Pueblo no se Rinde”. Y hay una línea de nuestro poeta César Vallejo: “Perú al pie del orbe, yo me adhiero”. Pocas veces las acciones del pueblo llegan a tanto valor que superan incluso sus lemas o versos más sublimes. Este ha sido el caso.