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Una publicación de la asociación SER
Sandra Miranda

Petro: la mejor propuesta para una Colombia en transición

Esta semana -en plena euforia mundialista- Colombia irá a las urnas para elegir un nuevo presidente. Como suele suceder en una segunda vuelta, el ambiente se ha crispado y polarizado, no solo por la cercanía al día de la elección, sino por las particularidades que trae el proceso electoral luego del Acuerdo de Paz con las FARC y también, por las características y los discursos de los candidatos: Gustavo Petro (“Colombia Humana”, partido de izquierda progresista) e Iván Duque (“Centro Democrático”, la palabra “centro” es referencial, ya que este partido es el que está en el ala derecha de la sociedad colombiana).

A diferencia de quienes desean pintar esta elección como una contienda entre un castro-chavista (Petro) y un imperialista a ultranza (Duque) -etiquetas que nos distraen de los asuntos de fondo- creo que este proceso amerita, por encima de las banderas políticas, un análisis de fondo respecto al poco éxito que están teniendo las propuestas “centristas”, no solo en Colombia, sino en toda la región.

Petro y Duque dejaron en el camino a Sergio Fajardo y a Humberto de la Calle (a quienes seguí con mayor interés). El que estuvo más cerca fue Fajardo, pero, al contrario de lo que podamos pensar, su “extremo centro” parece haberle jugado una mala pasada. Y es que era difícil de clasificar, porque carecía de la utopía de la izquierda y de la nostalgia propia del conservadurismo. Y esto no parece ser algo anecdótico. Partidos como “Podemos” en España, el laboralismo inglés de Corbyn o la visión de Sanders en Estados Unidos cuentan con bastante popularidad justamente por haberse alejado -y hasta despreciado- del centro. Pero lo mismo sucede en la orilla opuesta, con el Frente Nacional” en Francia o el Partido de la Libertad” en Austria, el propio Albert Rivera de Ciudadanos” en España (eso sin mencionar a Trump), también rechazan el centro, porque aunque lo mencionen en algunos discursos, sus proyectos y acciones políticas dan cuenta de esa distancia.

El caso de Latinoamérica me parece esencial para analizar este fenómeno porque somos países en vías de desarrollo que hemos atravesado procesos de violencia política y/o conflictos armados. Sabemos, además, de dictaduras, de cierres de medios, de graves violaciones a los derechos humanos. En un escenario así, ¿cómo puede prosperar un discurso técnico o centrista que no se compre el pleito de las grandes reformas? ¿Qué tanto sirve la neutralidad? En países como Colombia o Perú lo técnico tiene que ser ideológico, de lo contrario, los ciudadanos no sentimos conexión con las propuestas de nuestros representantes. Eso no niega el eterno problema de los extremos, que caen con facilidad en el clientelismo y el abuso de poder.

Sin embargo, el domingo Colombia elegirá entre los dos candidatos que quedaron en carrera, y a pesar de respetar el voto en blanco, quizás sea interesante repasar por qué Petro representa una mejor opción para el momento transicional de una Colombia post-FARC:

  1. El Acuerdo de Paz con las FARC y la posibilidad de un acuerdo con el ELN. En el gobierno de Juan Manuel Santos se firmó dicho acuerdo con representantes que hoy pueden participar de la vida política del país y que, incluso sin ser electos, tienen una cuota en el Parlamento actual. Imposible poder abordar un asunto tan complejo en tan poco espacio, pero así como lo narro, no parece ser muy justo para las víctimas ni para la vigorosa democracia colombiana.

Quizás solo sea importante mencionar que el proceso de paz no se ha desarrollado de la noche a la mañana, por el contrario, es un proceso inacabado. Tanto éste como la memoria post conflicto responden a una narrativa que está en construcción pero que alcanza en el levantamiento de las armas su primer punto de no retorno. Más de medio siglo de guerra bajo la posibilidad de un punto final resulta esperanzador y digno de ser rescatado. Ello, sin embargo, requiere un trabajo político arduo.

Petro ha dicho que va a respetar los acuerdos. Duque, íntimo del ex presidente Alvaro Uribe, quiere renegociarlos. En esta segunda vuelta ha moderado el discurso, pero es bien sabido que no están de acuerdo con el fondo de la propuesta. ¿Quién es el mejor llamado a continuar re-escribiendo la historia colombiana? O, dicho de otro modo, ¿a quién se puede fiscalizar mejor en uno de los procesos más delicados de su historia? Parece que a Petro, o así lo han entendido Antanas Mockus y Claudia López, líderes de “Compromiso Ciudadano” de Fajardo que esta semana manifestaron su voto por Colombia Humana (sin que ello represente un aval).

 

  1. Los contrapesos institucionales. Una de las claves de la democracia es la separación de poderes. Entenderla solo como una “no interferencia” es insuficiente en estas épocas, pues si ya se tiene a un Uribismo mayoritario en el Parlamento, puede ser tremendamente peligroso tenerlo en el Ejecutivo. Hay antecedentes de arbitrariedad.

 

  1. La eficacia de derechos fundamentales. Uno de los países que más ha avanzado en la región respecto a la protección y garantía de derechos es Colombia. Tiene una Corte Constitucional con la que se puede discrepar, pero nadie puede poner en duda su capacidad técnica. Además, Colombia ha avanzado a través de políticas públicas en favor del enfoque de género, la identidad de género, el matrimonio igualitario, etc. El impulso de estas medidas se ha dado desde una férrea laicidad estatal. Al respecto, tenemos que Duque cuenta con el respaldo del grupo más conservador de Colombia, el mismo que podría hacer peligrar todos estos avances tomando en cuenta del apoyo electoral que hoy recibe. Las propuestas de Colombia Humana son las que mejor desarrollan la agenda mujer: hay un especial énfasis en las mujeres rurales, en los derechos sexuales y reproductivos, incluso traen propuestas novedosas en tributación con enfoque de género (mirar propuestas de Ángela Robledo).

 

  1. No parece ser el fin del mundo (económicamente hablando). Y lo dice alguien como Thomas Piketty, quien parece entusiasta con la propuesta progresista de Gustavo Petro y ha salido a darle su adhesión en redes sociales. El tema tributario es un asunto que preocupa a muchos en Colombia.

 

Cabe señalar que sin vivir la realidad colombiana, el análisis siempre puede estar sujeto a grandes agujeros de distorsión. Por el momento, Duque parece ganar en las últimas encuestas por un porcentaje que parece favorecerle. De cualquier forma, Petro no termina de convencer por su poco distanciamiento con la dictadura venezolana, una población con desabastecimiento de medicinas, presos políticos, casos de abuso policial en protestas sociales y ejecuciones extrajudiciales, elecciones desprovistas de neutralidad e imparcialidad, expropiación de medios y libertades civiles recortadas. Es su país vecino, con el que comparte frontera y tradición con una población que huye del hambre.

No es momento de avalar ese tipo de gobiernos aunque sean ideológicamente cercanos. Y con ese mismo énfasis deberían distanciarse de lo que sucede en Nicaragua, que para esta semana ya lleva más de un centenar de muertos. Pero si a pesar de todo, Petro apoya y fortalece esas coaliciones desgastadas, habrá que buscarse otro líder progresista.