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Una publicación de la asociación SER
Antropólogo con maestría en ciencia política.

Pisando el palito

Tengo la impresión que el gobierno ha caído en una trampa tendida por la oposición. El año pasado, pese a la fuerza que le otorgaba contar con la mayoría absoluta en el Congreso, el fujimorismo terminó arrinconado luego del desafío reformista planteado por el Presidente Vizcarra en su discurso de Fiestas Patrias. Sumado a sus varios yerros políticos, el costo fue la pérdida de la mencionada mayoría y una altísima desaprobación ciudadana.

En medio de esta derrota coyuntural, fujimoristas y apristas fueron vendiendo la idea que el discurso reformista era igual a confrontación, y que por eso mismo no garantizaba resultados en la conducción del gobierno. Empezaron a enunciarse ejemplos (la anemia, el crecimiento económico, la reconstrucción, entre otros) para dar la idea de que el gobierno debía olvidarse de asuntos que no beneficiaban al ciudadano promedio. Esta idea fuerza ha cobrado mayor fuerza este año

La “gestión” pasó a convertirse en un mantra invocado recurrentemente por la oposición como una descripción de la falencia principal del gobierno. Según este argumento, el tiempo de las reformas debía ser dejado de lado, pues la agenda anticorrupción ya había cumplido su ciclo, y los esfuerzos gubernamentales debían ahora centrarse en una gestión que tuviera resultados que mostrar.

El gobierno parece estar siguiendo dócilmente este canto de sirena. El liderazgo del Presidente Vizcarra parece bastante disminuido, y su discurso actual se acerca a los planteamientos de sus críticos. Esta misma tónica puede leerse en la designación de Salvador del Solar como Presidente del Consejo de Ministros y de varios de los nuevos titulares de los Ministerios, así como en las intervenciones del Premier en sus primeras semanas en el cargo. Un claro ejemplo de ello es la tibieza con la que ha recibido las propuestas de reforma judicial y política, impulsadas por el gobierno (¡por este gobierno!), durmiendo la primera el sueño de los justos en el Congreso, y corriendo el riesgo la segunda de acabar en la misma situación.

Desde luego, un gobierno tiene que mostrar resultados, mejoras en los indicadores de calidad de vida de la población, políticas públicas bien desarrolladas. Pero el ejercicio de gobierno no se agota en esa agenda. Insistir exclusivamente en el camino de la gestión es un esfuerzo que sólo puede terminar mal por una razón muy sencilla: termina olvidando la política. Y sin política, todo puede terminar en descalabro.

Hay que notar que quienes más insisten en la necesidad de disminuir la velocidad de las reformas, en particular la del sistema de administración de justicia, no son solamente los principales críticos del gobierno, sino organizaciones políticas cuyos líderes están involucrados precisamente en graves casos de corrupción que actualmente se están investigando. En mi opinión, no es mera coincidencia. En política no hay coincidencias, dicen.

Pero también debe tenerse en cuenta que los problemas a atacar en el país son de tal magnitud que ninguna acción de corto plazo será capaz de resolverlos, por lo que queda un enorme espacio para cuestionar al gobierno por “incapaz e inepto”. ¿Recuerdan quién empleó recientemente estos calificativos?

Mañana jueves, el Premier del Solar solicitará el voto de confianza del Congreso. Veremos allí si su discurso vuelve a retomar la acción política para las reformas institucionales que el país requiere, o cae en la “trampa de la gestión” a la que con buenas maneras le están invitando, y de la que, sin política, solo terminará chamuscado.

 

Twitter: @RivasJairo