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Una publicación de la asociación SER
Politóloga, especialista en gestión pública, desarrollo urbano y género.

Por más mujeres en el sector transporte

El sector transporte pierde con la baja presencia de mujeres en la conducción de sus políticas públicas y como operadoras del sistema, dado que no logra anticipar adecuadamente sus necesidades específicas o atender a sus demandas de manera apropiada.

Se planifica considerando viajes de un solo propósito (directos) entre el hogar y el trabajo o centro de estudios, dejando en un segundo plano los viajes con múltiples paradas, los cuales están asociados al cuidado de personas o a las tareas del hogar. Esto origina que las mujeres, quienes suelen encargarse de ello, deban pagar más por movilizarse o al serles difícil transportarse con paquetes o con personas a su cargo, incrementen su tiempo de espera en los paraderos o la vía pública, lo que las expone a peligros y aumenta su “pobreza de tiempo”. Asimismo, se prioriza la rapidez frente a cualquier otra consideración, como la seguridad, lo que ha llevado a que, en Lima, siete de cada diez mujeres hayan sufrido acoso en el transporte público (MTC-MIMP-GIZ, 2018) siendo aún deficitaria la atención a sus denuncias.

En el Perú, la participación de las mujeres en el sector transporte es tan solo del 9% (BID, 2016). Asimismo, en las entidades que administran los servicios de transporte modernos y masivos de la ciudad de Lima (metropolitano, metro, corredores complementarios), como Protransporte y la Autoridad Autónoma del Tren Eléctrico, la presencia de mujeres es minoritaria en los directorios y en cargos de decisión, y las conductoras de dichos servicios son contadas con los dedos.

Nos encontramos, sin embargo, en un momento excepcional para cambiar la situación actual. El país está invirtiendo recursos importantes en la construcción de nuevas líneas del metro y de corredores de buses en la capital y en ciudades intermedias, y estamos ad portas de que comience a funcionar la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU). Sobre esto último, el gabinete de ministros paritario nos ha dado una importante lección sobre lo factible que es conseguir mujeres profesionales con los méritos necesarios para asumir cargos de dirección, basta hacer el esfuerzo de no mirar “a los de siempre”.

En relación a las nuevas líneas de metro y buses, podemos aprender de la experiencia internacional. Quito, ciudad que ha realizado esfuerzos enormes y con resultados positivos para reducir el acoso en el transporte público, desarrolló un proyecto para planificar su nuevo sistema de metro con perspectiva de género. Concretamente, se propusieron incrementar el número de mujeres en la construcción y operación del servicio (en cargos no tradicionales), lo que vino acompañado de charlas de sensibilización a colaboradores, proveedores y contratistas. Asimismo, se priorizó la atención a los temas de seguridad y prevención del acoso, y la accesibilidad a las estaciones (con adecuada iluminación, señalética y puntos de seguridad). Finalmente, la ciudad decidió articular las estaciones más importantes a servicios que faciliten las labores de cuidado, como guarderías.

Otras ciudades han dado pasos inmensos para incrementar el porcentaje de mujeres conductoras de sus principales medios de transporte. Buenos Aires, bajo el principio del derecho al trabajo de las mujeres y con el fin de des-masculinizar el sector, tiene la meta de alcanzar el 30% de conductoras mujeres en el metro, taxis y buses de transporte público. Para lograrlo, brindan incentivos para atraer a las mujeres, tales como la gratuidad de licencias y capacitaciones -para que el factor económico no sea una barrera de acceso -, o la difusión de información con actuales conductoras del sistema para romper mitos y absolver dudas sobre las condiciones para las mujeres.

Los sistemas formales de transporte tienen la gran ventaja de poder brindar condiciones apropiadas para atraer mujeres al sector, las cuales no existen en el sistema informal. Además de ofrecer todos los beneficios laborales que por ley les corresponden, pueden brindar facilidades específicas a las madres de familia como horarios flexibles o guarderías en su centro de trabajo. Asimismo, hay condiciones para tener infraestructura apropiada como baños y cambiadores, servicios que son barreras reales y cotidianas en el sistema informal. Finalmente, tienen mayor capacidad para atender situaciones de hostigamiento laboral o acoso sexual y de brindar soporte de recursos humanos para sus trabajadoras. No perdamos la oportunidad.   

 

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Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Micaela Reátegui. La Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.