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Una publicación de la asociación SER

PPK: mensaje sin rumbo ni visión de país

Una vez más los discursos presidenciales, como el de este 28 de julio, con sus variaciones anecdóticas y los estilos particulares de cada gobernante, reiteran trilladas estadísticas convertidas en supuestos logros, justificaciones a lo no realizado, ofrecimientos por cumplir, además de carencias u omisiones propias del enfoque y las prioridades que se otorga al llamado crecimiento.

Una vez más no existe mención a un proyecto que sirva de derrotero hacia el cual se camina y por el cual se rinde cuentas a los hombres y mujeres del país. No se escucha cuanto se ha avanzado, por ejemplo, en el Plan Bicentenario, ni una sola palabra dedicada al CEPLAN y sus esfuerzos por ordenar el planeamiento, menos aún sobre el Acuerdo Nacional y sus 34 Políticas de Estado, que debiera ser obligación gubernamental.

Una vez más las medidas de corto plazo que se anuncian son una reacción frente a situaciones que debieran ser previsibles, al tratarse de consecuencias de un marco de crecimiento en el que la informalidad, la corrupción y la improvisación son males constantes sin un decidido afán político de superarlos. De allí la explicación simplista en el mensaje presidencial respecto al efecto negativo en el crecimiento económico generado por dos acontecimientos que forman parte de la cotidianeidad nacional (la corrupción y el Niño costero).

Podría preguntarse más bien que hubiera ocurrido si esos dos hechos no se hubieran manifestado tan drásticamente. Quizás el mensaje hubiera buscado otras justificaciones al estancamiento económico, o se hubieran mostrado estadísticas más favorables que resaltaban lo positivo de esta administración.  Sin embargo, la corrupción generalizada –componente de la informalidad- y la ausencia de ordenamiento territorial –razón principal de las desgracias humanas, no naturales-, probablemente hubieran desaparecido del discurso presidencial como quien guarda la basurita debajo de la alfombra intentando esconderla de la visita, para seguir vendiendo la imagen de un país ordenado y amigable receptor de la gran inversión externa.

Esas circunstancias que rebasaron las estimaciones del gobierno, como justifica el mensaje presidencial, se hubieran podido aprovechar como oportunidad para proponer cambios en la economía y la política del país. Poco o nada de eso. Ni una palabra sobre la diversificación productiva y más bien la preocupación por recuperar la confianza de las grandes inversiones en los sectores tradicionales extractivos.

¿Por qué no preocuparse por generar confianza y estímulo para la alicaída agricultura y ganadería campesina, para evitar la destrucción forestal y promover su aprovechamiento sostenible, para reactivar la producción manufacturera, para salvaguardar el patrimonio cultural y para promover turismo inclusivo y responsable, entre otros sectores tan perjudicados? Por ejemplo, el mensaje anuncia 7 millones de turistas para el 2021. ¿Cuál es la política nacional que se proponga activar el turismo como una actividad económica prioritaria que aproveche sosteniblemente nuestro rico y diverso patrimonio natural y cultural como la principal ventaja comparativa que posee el país?

También se hubiera mencionado donde radica el cambio tan anunciado en la reconstrucción del norte. Ninguna mención a un plan de ordenamiento territorial, no solo para la ubicación de las viviendas, sino para organizar el desarrollo económico y productivo de las ciudades afectadas, tarea pendiente en todo el país. Ninguna mención a generar empleo digno para la población antes de favorecer a las grandes empresas constructoras. ¿Dónde está el cambio? Ya sabemos en el Perú que los puestos de trabajo productivo remunerado, equivale a precarización de la fuerza laboral.

Un cambio que debería ser bien explicado es ¿cómo se va a facilitar y destrabar la inversión privada? Ya el gobierno anterior lo hizo mal, volviendo más laxa la normatividad que protege patrimonio cultural y natural ¿Hasta cuándo seguirán siendo considerados trabas al desarrollo? ¿De quién? Y este gobierno, nada menos que desde el Ministerio del Ambiente está promoviendo la reducción de los estándares de calidad ambiental, para “facilitar” la inversión. Y no queremos convertirnos en una nueva república bananera.

Una preocupación más en el discurso. La facilidad con la que se alude el compromiso por una profunda revolución social peca de simple y vacía retórica si se analiza la situación de los servicios básicos (salud, educación y otros) gestionados desde el sector público y que lo sufren -a diario- millones de peruanos y peruanas. ¿Cuánto más hay que esperar para que estos servicios constituyan una real prioridad en la inversión pública?

Para destacar una mención al final. No es posible que frente a la inquietante cifra que ubica al Perú en un lamentable tercer lugar de número de violaciones sexuales se anuncia como únicas medidas, la instalación de unos escasos Centros de Emergencia Mujer en las comisarías y la atención urgente mediante una central telefónica ¿Es todo a lo que se puede comprometer un presidente quien elocuentemente manifiesta que “la lucha de las mujeres es su lucha”? Y más aún cuando lo señaló ante el mismo Congreso que impidió que se aprueben normas que favorecían los derechos de las mujeres. El Presidente tuvo la iniciativa de presentar 5 proyectos de leyes diversos para que sean debatidos en el Congreso. ¿Por qué no se atrevió a considerar una iniciativa legislativa contra la violencia de género y contra crímenes de odio? Es evidente que la preocupación por garantizar la gobernabilidad, según este gobierno, pasa por evitar mayores confrontaciones con la mayoría opositora fujimorista.

Retomando lo señalado al inicio, se trató de un discurso presidencial sin mayor trascendencia y sin la seguridad de que el piloto automático del crecimiento económico -garantizado por el extractivismo minero- funcione como antes. Un discurso sin interés de cambio de rumbo frente a un movimiento social que insistirá con más fuerza en las calles por sus justas demandas.