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Una publicación de la asociación SER

PPK según Basadre

No requiere de mayor argumentación la traición de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) a quienes por convicción o por buscar el “mal menor” –léase, oponerse al fujimorismo- le dimos nuestro voto en el 2016. Negarle el voto a Keiko Fujimori (Keiko) era una repetición de los escenarios electorales que la envolvieron a ella misma en el 2011, y a Alan García en las Elecciones del 2001 y del 2006. El rechazo respondía, como es sabido, al imperativo de tener que impedir que ella o él pudieran hacerse cargo del gobierno[1], debido sus oscuros antecedentes personales y al sector político que representaban. En este marco, podía entenderse, entonces, que por lo menos con Toledo, Humala y PPK, cada uno en su oportunidad, era posible darle cierta continuidad al proceso iniciado por Valentín Paniagua en materia de recuperación de espacios de democracia y lucha contra la corrupción, en comparación a lo que significó la década de los noventa. En estos tres casos, desde el punto de vista del país, los hechos consumados tras la opción del “mal menor”, han convertido esas posibilidades en oportunidades perdidas.

En el caso de PPK, lo que ahora llamamos su traición no es otra cosa que el summum de la mentira y el cinismo. Con ello, PPK quebró la más mínima -y hasta resignada- expectativa depositada en un grupo de tecnócratas para que asuma la responsabilidad de contrarrestar con firmeza la amenaza del fujimorismo; conducir con seriedad la economía; y, responder con eficiencia y oportunidad las demandas sociales.

La mentira y el cinismo, hechos rostro en la persona de PPK, me hacen volver aun artículo[2] que escribí en mayo de 2016 cuando me debatía en la “duda razonable” de “marcar” PPK (no “votar por”, como sugería Verónika Mendoza), para cerrarle el paso a Keiko, o abstenerme por lo que PPK representaba. En ese artículo, reflexionaba sobre La promesa de la vida peruana (1943), de Jorge Basadre, específicamente sobre los calificativos de “Podridos”, “Congelados” e “Incendiados” que él utiliza para referirse a los “tres grandes enemigos" de la “vida plena” a la que aspiramos los peruanos. Escribe el Maestro:

“Los Podridos, han prostituido y prostituyen palabras, conceptos hechos e instituciones al servicio de sus medros, de sus granjerías, de sus instintos y de sus  apasionamientos. Los Congelados se han encerrado dentro de ellos mismos, no miran sino a quienes son sus iguales y a quienes son sus dependientes, considerando que nada más existe. Los Incendiados se han quemado sin iluminar, se agitan sin construir”[3].

La clara descripción que hace Basadre de estos personajes, me colocaba ante la cruda realidad de nuestra frágil democracia: elegir entre los “Podridos” y los “Congelados”. Es decir, de un lado, los que representaban el extremo de la corrupción y la impunidad, sin importarles hacer del país “una charca”, y de otro lado, los que históricamente, jactándose de tener el poder económico, no les ha preocupado hacer del país “un páramo”[4], en términos de miseria / exclusión y agotamiento de los recursos naturales. Los unos, que traían a la memoria a apristas y fujimoristas; los otros, obviamente, a la derecha de la gran empresa y financistas ocultos en la figura de PPK.

Ante ese dilema, sin embargo, no dejaba de lado la pregunta sobre la posibilidad de que ambos personajes se encontraran amalgamados, aparentando ser distintos. Me refería a que si los “Podridos” y los “Congelados”, en apariencia diferentes, no constituían sino las dos caras de una misma moneda, la doble expresión de esa especie de maldición que nos viene obligando desde hace más de veinte años a sacrificar nuestro futuro, en nombre de la realpolitik del “mal menor”.

Los hechos han ido comprobando que sí, que definitivamente esa amalgama existía; y más aún, que actualmente se exhibe públicamente sin mostrar el más mínimo respeto a la gente. Porque desdeque PPK se hizo cargo del Ejecutivo y los fujimoristas se convirtieron en mayoría congresal, sumándose a ellos la marginal bancada aprista, hay un co-gobierno de los “Podridos” y “Congelados”. En efecto, lo que viene observando la sociedad peruana desde que se inició este período de gobierno, acentuado profundamente en estos dos o tres últimos meses, es un escenario en el que ha aflorado, de manera abierta y en sus diversas expresiones, la corrupción secular, el lobbismo empresarial y la tecnocracia neoliberal, ésta última como facilitadora de esos procesos.

PPK hizo público su perfil, aún oculto, de “Podrido” cuando tomó la decisión de otorgarle un “indulto humanitario” a Alberto Fujimori, adoptando un comportamiento similar. Así, mientras que Fujimori se benefició y entregó el país al gran capital y a grupos de poder con el desmontaje de las empresas e instituciones del Estado, PPK, siguiendo la regla de la “puerta giratoria”, ha traducido esas prácticas en facilidades contractuales y concesiones de política económica a esos mismos o similares agentes. En ese sentido, con sus falsas promesas preelectorales de justicia y reparación a las víctimas del terror del Grupo Colina, ha hecho suyo el rostro de Fujimori como violador de los derechos humanos. Y como si faltara el detalle para completar su aproximación a la figura del ex dictador, su más reciente rostro de mentiroso y cínico lo pone de manifiesto al calificar de “extrema izquierda” o “comunistas” a quienes nos hemos opuesto a su “indulto humanitario” y a sus prácticas financieras nada transparentes.

Su condición del personaje del “Congelado” nos lo dice su larga historia de lobbista, que pareciera tener su origen, hoy nos lo explicamos, en su fuga del país en la maletera de un automóvil, hace casi 50 años (1969). Tan natural lleva su lobbismo que está convencido que se puede practicar, indistintamente, en el sector privado como en el público. Así lo vienen demostrando sus recientes y diversos pasos por el gobierno, favoreciendo la ejecución de proyectos a las empresas implicadas en los ya conocidos actos de soborno, trátese de Odebrecht, del “Club de la Construcción”, entre otras.

El lobbismo de PPK es descrito con particular claridad por Jorge Basadre en Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano, al exponer la figura de los “condottieri”:

“Promotores de empresas, ingenieros afanosos de contratos de ferrocarriles que, en lo posible, debían ser proseguidos a toda costa, agentes de bolsa más o menos  inescrupulosos; organizadores de empresas simultáneas que se completaban o se ayudaban entre sí”[5]

 

Transportada hasta nuestros días, en esta descripción de los condottieri, la palabra “ferrocarriles” bien puede ser reemplazada por la de carreteras, gaseoductos, o aeropuertos; y la expresión  “organizadores de empresas simultáneas” por la de “club de la construcción”, o gremios empresariales. Según Basadre, en esa etapa de expansión de las empresas, que corresponde al último cuarto del siglo XIX, “hubo estrecha relación entre la empresa privada y la autoridad política”[6], y por la forma de operar quedaba claro que “las oportunidades para ganar dinero llevaron al olvido o al menosprecio de todas las consideraciones éticas”[7]. Y pone el dedo en la llaga cuando sostiene que “la estrategia de los grandes empresarios fue ir a la propiedad privada de las ganancias y a la socialización de las pérdidas”[8]. Si reflexionáramos en profundidad sobre esa etapa de nuestra historia republicana, incluida la de la guerra con Chile, no nos debería sorprender la pesada carga que lleva sobre sus hombros la sociedad peruana. Herencia nefasta que Fujimori, Toledo, García (con repetición), Humala y PPK hoy, han hecho (casi) irreversible; y que, como escribiera Pablo Macera, representan las “Cuentas Pendientes que cada generación recibe el encargo de pagar”[9].

En esa mezcla de torpeza política y cinismo, el amalgamado PPK hecho ya presidente, quiere reproducir el estilo aquél de gobierno que caracterizó a las gestiones de Alan García y Alberto Fujimori. Es decir, un gobierno en donde prevalece el desorden bajo el pretexto de un laisser faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar),  unido a una cierta autocracia con señales de capricho. En este aspecto de su personalidad, nuevamente la sabiduría histórica de Jorge Basadre nos coloca ante un calificativo apropiado para esta forma de gobierno adoptada por PPK: el “sultanismo”; esto es, aquél “sistema estatal que carece de contenido racional y desarrolla en extremo la esfera del arbitrio libre y de la gracia del jefe[10] (lo resaltado es mío). Su actuación en la víspera de la Navidad 2017 lo pone en evidencia, negando promesas y (re)creando condiciones para que volvamos, a una nueva versión del fujimorismo de los noventa. Y, obviamente, siguiendo esta versión alanista y fujimorista del “sultanismo”, PPK se atreve a exponer ante el país la imagen del optimismo; del “aquí no pasa nada”, o del estar en camino hacia la OCDE. En fin, del hacernos creer “que vivimos en el mejor de los mundos posibles"[11].

Para concluir, la lección aprendida que estamos obligados a extraer para evitar que, al menos por ahora, el “sultanismo” de Alan García y Alberto Fujimori, unido al condottierismo de PPK, sigan reproduciéndose hasta convertir al país en un “estado fallido”; esto es, en “no ser sino una charca, de volverse un páramo o de convertirse en una gigantesca fogata”[12]. Es tiempo ya de ser éticamente  responsables para evitar caer nuevamente en la trampa de la realpolitik del corto plazo; de esa  agenda (“hoja de ruta”, le llaman) que la derecha, en sus personajes de “Podridos” y ”Congelados” busca imponer cada vez que estamos frente a elecciones. Pero el verdadero compromiso va por otro lado. Debemos arriesgar por un proyecto de país radicalmente liberador; un proyecto que se sostenga con una orientación y praxis política sin ambigüedades. El riesgo abre caminos de esperanza, es señal de que avanzamos por el lado correcto. En esta línea de actuación, resonarán con más fuerza las palabras con las que termina Jorge Basadre La promesa de la vida peruana: “que el Perú no se pierda por la obra o la inacción de los peruanos"[13].

 


[1] No obstante, en las elecciones del 2006, Alan García le ganó a Ollanta Humala.

[2] “El dilema de la segunda vuelta: ¿Podridos vs Congelados?”. Noticias Ser.pe, 25 de mayo de 2016.

[3] Basadre, Jorge. "La Promesa de la Vida Peruana". Editorial Mejía Baca, Lima, julio 1958; pp. 50-51.Nota: este  ensayo que aparece con otros en esta edición fue escrito en 1943; p. 51.

[4] Textualmente la cita es: “Los Podridos han hecho y hacen todo lo posible para que este país sea una charca; los Congelados lo ven como un páramo; y los Incendiados quisieran prender explosivos y verter venenos para que surja una gigantesca fogata” (ibid. p. 51).  En el artículo refería que los “Incendiados” estaban representados por quienes practicaron el terrorismo, proveniente del fanatismo mesiánico de Sendero Luminoso y el MRTA; y también, por qué no, del aparato del Estado.

[5] Basadre G., Jorge. Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano. Lima  Editorial Milla Batres, noviembre de 1981; p. 81.

[6] Basadre G., Jorge. Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano. Op. cit., p. 82.

[7] Ibid., p. 81.

[8] Ibid., p. 82.

[9]Macera Pablo. "Hacia un Proyecto Nacional"; IPEGE; Lima, Perú, 1985; p. 53

[10] Basadre G., Jorge. Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano. Op. cit., p. 37.

[11] "Pesimismo de la Realidad y Optimismo del  Ideal" (Publicado en Mundial; Lima, 21 de agosto de 1925). En: El alma matinal. Mariátegui, José Carlos. Amauta, Lima; 9a. edición, marzo 1985; pp. 34-35.

[12] Basadre G., Jorge. Basadre, Jorge. "La Promesa de la Vida Peruana"., op. cit., p. 51.

[13] Ibid., p. 51.