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Una publicación de la asociación SER

“Qué habrás hecho, pues”: Denunciar violencia de género en redes sociales

Texto escrito por Alejandra Fuentes y Claudia Arcos, publicista, redactora creativa, interesada en temas de violencia de género y desarrollo urbano.

Soy como las otras hartas de andar con miedo

agresiva porque es la forma en que me defiendo.

No tengo privilegio que proteja este cuerpo

en la calle creen que soy un blanco perfecto

Rebeca Lane

Ir a la comisaría, dar un testimonio, brindar datos personales, del agresor (incluido domicilio) esperar, ir al o a la médico legista, esperar descargos, ir a un juicio, esperar una pena. Estos son usualmente los pasos que se dan cuando se realiza una denuncia formal en busca de justicia. En los últimos años, se ha desarrollado otra modalidad que quizá no permita obtener justicia, pero que puede contribuir al proceso de sanación de la víctima e incluso animarla a, eventualmente, realizar la denuncia respectiva: el nacimiento de espacios digitales como sitios de refugio colectivo que se han ido incrementando en los últimos años. Los movimientos y acciones colectivas que se tratan en este artículo encontraron en las redes sociales un espacio de escucha y organización.

Existen dos hechos principales que desencadenaron este fenómeno en Perú. Por un lado, en el año 2016, el movimiento “Ni una menos: Movilización Nacional Ya” empezó su organización en un grupo cerrado de Facebook, tras la puesta en libertad de Adriano Pozo por decisión de un tribunal de justicia, a pesar de las filmaciones en las que se ve como arrastra a Arlette Contreras por el suelo de la recepción de un hotel sin reparo alguno. Frente a este hecho, la sensación de injusticia y rabia se disparó a nivel nacional, pues puso en evidencia la incapacidad de las instituciones del Estado para castigar la violencia contra la mujer.

Por otro lado, el movimiento #MeToo volvió con fuerza en el año 2017, cuando la actriz Alyssa Milano empleó la red social Twitter con el objetivo de animar a las mujeres a tuitear #MeToo contando sus experiencias de acoso sexual para poder mostrar la magnitud real, sobre todo en la industria cinematográfica[1]. El movimiento #MeToo, #Contalo, #NiUnaMenos #YoTambién (en Latinoamérica), busca movilizar a través de una activación emocional, basada en la ira que genera la injusticia, la superación de la ansiedad, la empatía hacia las víctimas, entre otras emociones generadas por la violencia de género[2].

¿Qué hacer si la justicia no se da en el mundo real de forma asertiva? Nos preguntamos al empezar a escribir este artículo.

Para este artículo, hemos realizado una diferenciación entre tipos de publicaciones en redes sociales que buscan compartir una experiencia de violencia de género.  En el primer tipo están las que buscan un desfogue emocional de las víctimas. El desfogue evidencia una señal de protesta frente a la violencia de género y también visibiliza el problema. Una característica particular de esta modalidad es que permite darle cara a esta violencia, mientras que los datos muestran números. Así, una víctima puede ser una actriz, una periodista, una amiga, una prima, una hermana.

El otro tipo son las publicaciones denuncia, que tienen como objetivo buscar un canal alternativo de justicia para las mujeres. De esta manera, este tipo de publicaciones son denuncias con la siguiente estructura: una suerte de tipificación del delito, un relato de los hechos, el nombre y algunos datos del agresor[3]. En algunas publicaciones, se etiqueta, tanto en la publicación como en comentarios, a las instituciones encargadas de abordar la denuncia, como la Policía Nacional del Perú, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, el Ministerio Público, entre otras, con el objetivo de que estas tengan en cuenta estos casos.

¿Cuáles son las reacciones ante estas publicaciones? Estas se dividen en dos principales tendencias. Primero, el “yo te creo” en donde muchas mujeres se solidarizan y generan empatía con la víctima detrás de la denuncia (que es la reacción al primer tipo de publicación). Segundo, cuestionamientos hacia la víctima. Los comentarios culpabilizan a la víctima por ciertas acciones que según las personas que escriben provocaron la violencia del agresor. Esto se debe a que los victimarios son expuestos en las redes sociales, muchas veces sin “pruebas concretas”, por lo que se considera una difamación, que es seguido de un escrache social[4]. Esto genera una revictimización[5] para quien realiza la denuncia.

En suma, existen dos tipos de publicaciones en redes: el testimonio y la denuncia. Mientras que el primero busca generar un desfogue, empatía, sentido de lucha, el segundo busca justicia. Asimismo, en el primer caso, la víctima puede decidir si, eventualmente, denunciar, mientras que en el segundo caso, la denuncia (con o sin pruebas) ya está hecha. Sea cual sea el objetivo, ¿cuál es la mejor herramienta para la víctima?

Creemos que no existe una “herramienta perfecta” o un solo modo de sobrellevar un acto de violencia. Sanar y seguir adelante es un acto muy personal y se debe respetar así vaya en contra de lo que uno cree como lo ‘correcto’. No obstante, observamos que la tendencia de revictimización es muy alta, lo que podría indicar que hay que tomar con pinzas una denuncia en redes.

Observemos los hechos[6]: se tomaron 5 denuncias de cada tipo y se analizaron 10 respuestas de cada una de las publicaciones. Es decir, se analizaron 15 publicaciones de denuncias distintas. De cada respuesta, se contabilizaron las que culpaban o cuestionaban a la víctima (respuestas negativas) y se calculó un promedio. A partir de los resultados de este pequeño análisis plasmado en la tabla, obtenemos que la inocencia de la víctima se pierde cuanta más edad tenga y más aún cuando ésta se encuentra en una relación sentimental. Nos preguntamos entonces, ¿dónde quedó la sororidad?

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No es muy difícil darles cara a estos casos. Los casos polémicos de los agresores Guillermo Castañeda (Cinéfilos) y Luis Antonio Ferromerque (La Nueva Invasión) tuvieron situaciones de revictimización, incluso cuando las víctimas no realizaron las respectivas denuncias, sino más bien testimonios en la publicación original. Volvemos a preguntarnos entonces, ¿denunciar o no hacerlo? Incluso, ¿brindar un testimonio o no hacerlo?

A partir de todo lo revisado en este artículo, consideramos que hay algunos puntos que se tienen que tener claros con respecto a las denuncias en redes. En primer lugar, es una decisión muy personal, en donde la víctima debe estar segura de la diferenciación entre testimonio y denuncia, sus consecuencias y beneficios. Así como pueden ser revictimizadas, siempre habrá quienes hayan entendido el pacto de sororidad. Por ello, quienes realicen un testimonio o denuncia, se deben encontrar acompañadas o asesoradas, de tal manera que la decisión no implique que la víctima perjudique su proceso de recuperarse.

En segundo lugar, la publicación de la denuncia no significa necesariamente un camino a la justicia, sino más bien un termómetro de la posibilidad de acceder a ella. Los espacios en las redes sociales deben ser tomados como una muestra real de la falta de escucha y acción por parte de las autoridades. Más allá de juzgar o sentenciar cómo son llevadas, nos demuestran que las mujeres necesitan exponer los casos de violencia que realmente les afectan si no se realiza un cambio en nuestros canales de justicia.

Por último, nos preguntamos si institucionalizar estos mecanismos ayudaría en el proceso de persecución de justicia. ¿Es la mejor manera de realizar una denuncia? ¿Es preferible ir a una comisaría y realizarla? La clave, creemos, no está en institucionalizar las denuncias en redes, sino en buscar los pasos que sean claves en beneficio de la víctima. No solo en su búsqueda de la justicia formal, sino también en su búsqueda por sanar. ¿Salir del clóset de la violencia? Siempre. ¿Hacerlo de manera pública? No necesariamente.

 

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[1]             (2018) Ximénez de Sandoval, MeToo año 1: cómo las mujeres perdieron el miedo. El País. Recuperado: https://elpais.com/sociedad/2018/10/04/actualidad/1538678547_217451.html

[2]             (2018) Caballero Rojas, Redes sociales y feminismos en la acción colectiva: el caso de “Ni Una Menos” en el Perú; (2018) Gutiérrez-Rubí. #MeToo: romper el silencio https://elpais.com/sociedad/2018/10/04/actualidad/1538651972_454261.html

[3]             Referencias de publicación de las los grupos o páginas de Facebook “Ni Una Menos Perú”, “Las Respondonas”, “Me Too Perú”, “Me Too Perú PUCP”

[4]             El escrache social consiste en la divulgación del delito cometido por el victimario en todos los medios posibles, con el fin de privar de beneficios a este, puesto que la ley no cumplió con el fin de castigarlo.

[5]             De acuerdo con el Observatorio Nacional de la Violencia contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar, son “(...) acciones u omisiones inadecuadas que incrementan el daño sufrido por la víctima como consecuencia de su contacto”

[6]             Elaboración a partir de contenido de la página de Facebook Me Too Perú