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Una publicación de la asociación SER
Socióloga, analista política y de género.

“Que se haga victoria nuestra gratitud”

Así dice el vals Contigo Perú, en uno de sus versos más emotivos. Expresa un intenso fervor, entonado a veces al borde de la impotencia y las lágrimas. Nos dice de la gratitud, la pasión colectiva, tan plena que espera, implora que se convierta en victoria. Como un ruego místico. Ese juego ritual es el que acaba de ser reconocido por la FIFA. Aunque llene de emoción a muchos el simpático premio, lo cierto es que esa “gratitud” sigue esperando más victorias. 

La pasión no basta. Gratitud no es igual a victoria. Y el fútbol es un espejo de la sociedad. Para seguir con progresos sostenidos, debe lidiar con sus propias sombras de corrupción. Continuar la planificación iniciada, abandonando la tentación de volver a jugadores indisciplinados, por alcanzar resultados inmediatos.

El fervor del hincha aliancista que salió en defensa de su Estadio en Matute de los invasores de la Iglesia evangélica del Pastor Alberto Santana, es otra muestra de esa “gratitud”. En seguida, emprendieron la labor de limpiar sus paredes de la pintura que pretendía ocultar su escudo. La foto de un hincha en silla de ruedas colaborando, haciendo de su reposabrazos una escalera, quedó como la foto de esa acción solidaria.

Pero de nuevo, no basta. Alianza sigue en una profunda crisis, y ya es normal ver a los clubes peruanos no pasar ni siquiera la primera ronda de la Libertadores.

Y se requiere Estado. Inversiones en infraestructura. Con exoneraciones millonarias, sostenidas sin razones basadas en el bien público, sólo a punta de lobbys políticos, no hay manera de alcanzar metas ambiciosas.

Una mala señal, en ese sentido, es la voceada convocatoria del jugador Yordi Reyna, quien tiene un juicio abierto por la posible complicidad en la violación de la voleibolista Alessandra Chocano. Convocarlo sería un peso mediático mayor para los padres de la víctima, quienes ya sienten que la justicia y la policía no actúan con la celeridad requerida e incluso manifiestan haber recibido presiones de parte del futbolista, peso que podría ser determinante para el caso. Las condiciones de la muerte de Alessandra es posible que nunca se esclarezcan, pues está documentado en un video cómo los amigos de Reyna subieron al departamento para sacar varias cosas, luego de ocurridos los hechie. Eso, en cualquier parte del mundo, es obstruir a la justicia. Aún más, cuando lo “perdido” ha sido el celular de la víctima. No se sabe qué ocurrió con el pedido de las diligencias que por meses han reclamado los padres (exhumación del cadáver). Pero sí sabemos cómo se suele inclinar la justicia en el Perú, más aún en contra de las mujeres de familias sin recursos. No queremos adelantar opinión sobre el resultado del juicio. No tenemos elementos para ello, pero hay aspectos no esclarecidos, y un posible delito de encubrimiento (documentado en un video) por el cual deben responder los presentes, incluido el líder del grupo y responsable del alquiler del departamento, Yordi Reyna.

Que se haga victoria nuestra gratitud, cantamos en coro, millones de peruanas y peruanos. Esperemos que en los próximos meses no hayan señales que nos dividan en torno al fútbol. Y que la corrupción, improvisación y el “ya qué importa” ante jugadores cuestionados, dejen de ser la constante. Eso sería volver a la triste metáfora del país.