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Una publicación de la asociación SER

¡Qué tal raza!

Foto ©Julio Failoc 

Julio Failoc Rivas.

Hay dos hechos recientes que han causado estupor en la opinión pública de Tacna que merecen ser denunciados para que no vuelvan repetirse: las declaraciones racistas de Marta Chávez en contra de Zevallos y la inexistencia de atención preferencial para el adulto mayor en la sucursal del Banco de la Nación.

Mi primera reacción, a lo bruto –lo reconozco- fue responder en mi cuenta a la congresista Chávez: “¿puede salir de la boca de esta señora algo más inteligente de lo que dijo?” Y en el caso de los adultos mayores, mi respuesta fue algo más dura: “burrada absoluta. ¿Los adultos mayores, que son los que están en riesgo de morir, por el contagio del Covid, no deberían tener atención preferencial? ¿Qué paso con el Banco de la Nación?”

Que Chávez diga que Vicente Zevallos debió ser embajador de Bolivia por sus “rasgos andinos” no es casual, porque guarda en el fondo una reducida valoración y un profundo desprecio por todo lo que significa para ella el mundo andino, y como lo peor que le podría desear al ex premier de la nación. ¡Qué tal raza!

Sin embargo, valgan verdades, la congresista fujimorista refleja lo que somos una parte importante, por no decir mayoritaria de peruanos. Cuando queremos insultar a alguien, de la peor forma, recurrimos al apelativo de “serramos” o “indios”, con un adjetivo calificativo adicional, y que, dependiendo del color de piel o complejo que tengamos, respondemos, al que nos agredió, de la misma forma o peor, con un adjetivo calificativo de más alto calibre del que recibimos.

Martha Chávez refleja lo que somos en gran parte, y que en algunos lugares más que en otros, nos mantiene divididos y no nos permite salir de nuestro estancamiento, como es, por ejemplo, el caso de Tacna que tiene más de las dos terceras partes de su población de origen andino y que se resiste a reconocerlo. Tacna en una reciente encuesta es considerada como la región más racista del Perú. Pero el racismo no solo se limita entre los que se consideran blancos o aimaras, sino también, entre los propios aimaras, entre los que se sienten tacneños, y que solo por el hecho de haber nacido en esta tierra creen que tienen el derecho de insultar a sus paisanos. 

Regresando a los adultos mayores, un periodista amigo, Santos Retamozo, de buena reputación y anclaje, denunció haber sido víctima de discriminación por su adultez –aun cuanto a él se le ve bien parado- “fui uno de los discriminados y testigo principal de los hechos. Nos obligaron a hacer una cola en una fila en plena calle para atenderlos por administración y ventanilla, y quienes decidían quienes ingresan o no, eran los vigilantes, cuando esta tarea les correspondían a los servidores del Banco de la Nación, quienes tienen los protocolos de atención para estos casos…. Ni siquiera respetaron a las personas que estaban en sillas de ruedas”. ¡Qué tal raza!

Esta denuncia es grave, porque atenta contra la salud y la vida de las personas adultas mayores, sobre todo, porque está demostrado que si éste segmento de la población se contagia tiene riesgo de muerte.