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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología.

¿Quo vadis PPC?

¿Qué pasó con el Partido Popular Cristiano? ¿Qué pasó para que perdiera la alcaldía de Lima, cuando en diciembre de 2013 todos los datos indicaban que la ganaría, aún con un Castañeda de retorno? Como se recordará, en octubre del 2010 había perdido por un pelo frente a una afortunada Susana Villarán, que fue beneficiada por la sanción del JNE a Alex Kouri (y también por el “potoaudio” que hizo trastabillar a su candidata, Lourdes Flores, y que fue filtrado a la prensa por un pepecista). Su bancada tuvo una actuación clara de oposición democrática que, sin embargo, no fue arrastrada por la intransigencia de Castañeda y sus amigos, de manera que en la coyuntura de marzo del 2013, de la bizarra revocatoria de la alcaldesa y todos los regidores, optó por el NO. Le dio entonces una lección de moral política a la ciudad y resultó premiado con la negativa a la revocación del mandato de sus regidores, mientras Susana Villarán se quedó sin los suyos. Noviembre significó la ratificación de ese triunfo. La mayoría de ciudadanos confió en el PPC. En ese momento, hasta sus detractores dijeron que tenía la alcaldía al alcance de la mano.

Los problemas empezaron en el verano, cuando se ventilaron conductas privadas no muy santas de su precandidato, que lucía mejor en las encuestas. Vino luego ya no una competencia, sino una lucha intestina que trascendió y terminó agotando al partido cuando llegó a sus elecciones internas en el mes de junio; elecciones reales y no fingidas, como las que hubo en otras tiendas; luchadas con pasión y algo más por sus protagonistas, pero que no lograron fortalecerlo, sino extraviarlo en carreras distritales casi unipersonales.

El resultado de la confrontación interna fue que el PPC sólo presentó listas regionales en seis departamentos: Arequipa, Ayacucho, La Libertad, Lambayeque, Madre de Dios y Tacna. Sus mejores resultados los obtuvo en Lambayeque y Tacna, con alrededor del 4% de los votos válidos. Cuesta creer que el PPC no tuviera cuadros y estructura organizativa en otras capitales departamentales. Probablemente la decisión de abstenerse de participación más amplia tuvo que ver con el examen de las encuestas previas, la migración de sus cuadros a grupos regionales; con que se hayan refugiado en el mundo de los negocios particulares y hasta con la conciliación con el fujimorismo, en los casos del Callao, Ica o Cajamarca. En todo caso, fue una decisión errada que ha significado autoinflingirse una derrota, al desaparecer del panorama nacional y colocarse al lado de micropartidos, como Restauración Nacional, Democracia Directa, PPS, Vamos Perú, el humanismo o Perú Posible.

Aunque los jóvenes no lo recuerdan, hay que decir que el PPC nació como una escisión por la derecha del Partido Demócrata Cristiano, en pleno posconcilio Vaticano II. De ahí que sus críticos dijeran que de socialcristiano no tenía mucho, como tampoco de demócrata. Por décadas fue etiquetado como el partido de los ricos, aunque, con humor chalaco, su líder trató de maquillarlo diciendo que era el partido de los gerentes. En la Constituyente del 78, en disputa con el APRA y la izquierda, se ganó a pulso un sitio en la historia política del Perú. En la dura campaña presidencial del 80, don Luis Bedoya, su fundador, fue el primero en enorgullecerse en los estrados y a boca llena, de que era un mestizo dando un mensaje subliminal para poner fin al racismo como forma de relacionarnos entre peruanos.

Cuando Sendero desató su guerra sucia y criminal, el PPC, desde el cogobierno con Acción Popular, miró para otro lado cuando las denuncias de masacres de población civil por parte de las fuerzas armadas, empezaron a multiplicarse. En el 87, concurrió a la formación del Fredemo para respaldar la candidatura de Vargas Llosa, pero tuvo el mismo comportamiento que sus socios, cuando vieron que las encuestas lo favorecían: como locos se lanzaron a una ciega carrera por una curul, desentendiéndose de la campaña central, y abriendo un flanco por donde se coló el “outsider” Fujimori.

En la Constituyente de 1993, ante la ausencia del APRA y de Acción Popular, que la habían boicoteado,  le cupo el papel de defender la Constitución de 1979 junto con –¡oh ironía!- la diminuta bancada de la izquierda, comandada por Henry Pease. Votó con él y lograron que fueran investigados los crímenes del Grupo Colina. Más tarde, erró en no apoyar la candidatura de Pérez de Cuéllar y, más aún, en no denunciar el fraude electoral de 1995. Salió a las calles con los jóvenes, en la coyuntura de la defenestración de los magistrados del Tribunal Constitucional y la re-reelección, pero su actuación democrática frente a la dictadura fue empañada por su adhesión al programa económico neoliberal de la dictadura. La economía social de mercado que propugnaron sus fundadores pasó al baúl de los recuerdos. Así, fue perdiendo militantes y dirigentes que abiertamente pasaron a las filas de un “fujimorismo sin Fujimori”, como se dijo en ese momento (Alex Kouri, Salvador Heresi, Allison, entre los más conocidos de hoy). Esa ambigüedad y conciliación con el fujimorismo tuvo su mejor expresión cuando don Luis Bedoya juzgó así laconducta de su hijo por recibir favores del montesinismo: “Cometió un pecado, pero no un delito”. O la tiene ahora, en la actitud de la hija de uno de los fundadores del pepecismo, vejado por el fujimorismo el 5 de abril del 92 y que, no obstante, aceptó ser candidata deKeiko Fujimori a la alcaldía de San Isidro.

La campaña municipal del 2010 tuvo un momento culminante cuando su lideresa y candidata trazó el campo de definiciones políticas con una claridad pocas veces vista en un mundo en que las medias palabras campean, si no las cantinfladas o la mudez. Frente a un Kouri que venía arrasando en las encuestas, Lourdes Flores se paró firme y dictaminó que había que trazar la línea divisoria entre la decencia y la corrupción. Esa definición tiene más vigencia que nunca, como lo prueban los casos de algunos presidentes regionales y de alcaldes como el de Chiclayo o el de San Juan de Lurigancho.

Y a propósito de alcaldías, su desempeño en las 50 ciudades mayores ha sido pobrísimo: 1.3% de votos en Arequipa, 1.9% en el Callao, 6.4% en Chiclayo, 1% en Cusco, 0.3% en Huancayo, 0.8% en Ica, 0.6% en Iquitos, 7.9% en Tacna, 0.55% en Puno, 0.51% en Juliaca, 0.5% en Huaraz, 0.8% en Barranca. Las excepciones son Tumbes, donde alcanzó el 29.9%, perdiendo la alcaldía por 627 votos, y Puerto Maldonado, donde conquistó el 15.6% de votos.En el resto no alcanzó a presentar candidaturas.

En Lima le ha ido igual de mal: sólo ganó siete alcaldías, cuando cuatro años antes había ganado 14, aunque recoge las simpatías de todas las clases sociales: ha ganado en Carabayllo, San Juan de Miraflores y Surquillo, pero también en San Borja y San Isidro.

Hoy por hoy, el competidor más duro en el medio social que respalda al PPC ha resultado su antiguo aliado PPK, un ciudadano estadounidense-peruano que encarna  las aspiraciones y los sueños de esa colectividad. Kuczynski es un liberalma non troppo, que se comporta pragmáticamente, ya sea apoyando a un Eligio Espinoza en Trujillo (que en EE.UU. seguramente sería enjuiciado y encarcelado), o defendiendo a las AFP, como proponiendo dar subvenciones del canon minero a las familias campesinas.

De allí surge la pregunta del título de esta nota. Henryk Sienkiewicz, en su célebre novela del mismo nombre, imaginó que esa fue la pregunta -“¿Adónde vas, Señor?”- que le hizo el apóstol Pedro a su maestro –que iba en sentido contrario al suyo -, cuando salía huyendo de Roma por la durísima persecución desatada por Nerón, luego de su incendio. “A Roma –le contestó Jesús-, para ser crucificado de nuevo”. Entonces, Pedro, que recordó sus propias negaciones, entendió claramente el mensaje, volvió con él y terminó martirizado. ¿Volverá el PPC a sus principios democráticos y socialcristianos de su doctrina fundadora, o será arrastrado por la corriente neoliberal pragmática, para tratar de evitar su ocaso? Sus adversarios dudan de que sus principios prevalezcan, pues, según ellos, ha seguido los pasos de su referente –el partido democristiano alemán CDU- que, en su día, recibió a exnazis en su seno, para indignación del premio Nobel de Literatura, el católico Heinrich Böll, quien se lo enrostró en varias novelas. Pero no todo está dicho. A lo mejor, la opción por candidatos como Jaime Zea, surgido de Villa El Salvador, anuncia una profunda renovación