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Una publicación de la asociación SER

Recuerdos de Victoria

Basta mencionar su nombre para reconocer el reto de cada lucha. Basta mencionar su nombre para reconocer cada triunfo: Victoria. Como muchas otras personas, conocí a Nicomedes antes que a Victoria, y como muchas otras personas, empecé a descubrirla en relación con él. Para mi suerte, no tardé en escuchar sobre Victoria Santa Cruz, sin otra relación que ella misma y el recuerdo de sus pasos por el 1098 de la calle San Felipe, en Surquillo; de su voz imponente y de su método riguroso y exigente, único, para crear y creer en el ritmo.

Así, entre vagos recuerdos y anécdotas ajenas, empecé a descubrir a la Victoria con cuerpo de mujer y negra, y viceversa. Pronto llegó el momento de escuchar el poema “Me gritaron negra”, esa historia compartida por la mayoría de niñas y mujeres afro-negras en el Perú y América Latina, que, entre sus versos, palmas, repiques y aliteraciones, remueve memorias, individuales y colectivas, incitando, desde el recuerdo, desde el reconocimiento a “lo que ellos decían”[1]. No dudo al afirmar que “Me gritaron negra” es un detonante para el auto reconocimiento étnico, principalmente, de las mujeres afro-negras[2] peruanas, pues traza una primera parte de su camino en el movimiento afro-negro en el Perú.

Cuando aún tenía la imagen de Victoria como un mito en mi memoria, se anunció que ella volvería al teatro para presentar “La magia del ritmo”. Fue un destello en la memoria de mis familiares,  quienes empezaron a contarme sobre las estampas de Victoria en el teatro, una mezcla de danzas, música, pregones y poesías, que llevaban al espectador a hacer un recorrido humorístico por diferentes escenas que evocaban el aporte de la población afro-negra peruana. Con la mochila cargada de emociones, recuerdos y expectativas heredadas, disfruté de la obra, trasladándome a cada una de las piezas a las que el collage de escenas remitía, desde el homenaje al que asistía, sin saber que esa sería una de las últimas apariciones de Victoria en un escenario. Volví a mi casa con más de un verso vibrando y cuestionándome a cada paso, con una afirmación que marcaría los siguientes años: “No hay revolución sin evolución”.

Iniciaba una torpe búsqueda, quizás por no entender qué buscaba. Había ingresado a San Marcos y trataba de conocer los aportes de las poblaciones afro-negras en el Perú y América Latina, hasta que llegó una tarde, en mis primeros ciclos universitarios: Durante un seminario sobre lideresas  indígenas y afro descendientes, unos pasos lentos pero firmes, se acercaron hacia mi sitio. Al voltear, vi a Victoria Santa Cruz a mi lado. Aún recuerdo los nervios, las ganas de hablarle y, al mismo tiempo, el miedo a que develara toda mi ignorancia. Unos segundos de especulación terminaron en un “buenas tardes” de mi parte,  a los cuales ella respondió asintiendo con la cabeza y dibujando una ligera sonrisa en el rostro. Terminada la actividad, la acompañé a subir los escalones, intentando evitar una torpeza “intelectual”, a tal punto, que no recuerdo qué le dije, pero concluyó, con voz proyectada, con la mirada fija: “Cuando se respeta lo que se siente, se aprende”.

Su voz, siempre firme, se coló en mi memoria. Sus composiciones fueron parte de mi lista de reproducción, con la que hacía más cortos los caminos. También acompañaban momentos de lectura y escritura. Ya tenía mis propios recuerdos de Victoria, también una mini colección de sus canciones, poemas, videos y entrevistas, y aún seguía sin entenderla, sin conectarme con esa propuesta, tan individual como colectiva, para emprender cualquier lucha; la libertad, esa que no hay poder que inmovilice. Han pasado poco más de diez años, y ya puedo sentir que esas conexiones del sabor-saber empiezan a deslizarse por mi paladar; que superada la aprehensión por el intelecto, el cuerpo guarda y recrea memorias; que el aprendizaje y el conocimiento se construyen en la solidaridad de aprender de quien enseña.

Victoria Santa Cruz falleció este 30 de agosto y con su muerte surgió el sinsabor del poco saber de algunas autoridades y los medios de comunicación, quienes no supieron reconocerla en vida, ni reaccionar ante su fallecimiento, ignorando toda la entrega y aporte de esta gran mujer. Falleció Victoria, mujer y negra peruana, dejándonos también el sabor de la gratitud por su existencia y experiencia, heredándonos todos sus aportes a la construcción de una identidad afro-negra nacional, a la reconstrucción de un folklore nacional nacido desde el propio ser, relacionado con su historia; dejándonos la inspiración para seguir vibrando y respetado cada lucha desde la libertad. Se fue Victoria Santa Cruz, con la sinceridad de quien triunfó en su camino.


[1]Me gritaron negra https://www.youtube.com/watch?v=F5vPoqDkMF0

[2]Cuando hablo de afro-negras y afro-negros hago referencia a una propuesta conceptual en la que se conjuguen las identidades corporales, étnica, diaspórica y política, entendiendo que existe población que se identifica como negra y no afro, o viceversa, así como quienes las integran en una sola.