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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología.

Reforma política: no al Congreso bipartidista

Si se trata  de debatir sobre las reformas necesarias y no de tomar trinchera con los ojos cerrados a favor o en contra de la reforma, como si fuera un todo compacto, hay que prestar atención a todo lo que trae el Proyecto de Ley N° 4186 que va a debatir el Congreso. Se ha levantado el tema de la paridad hombre-mujer en las listas de candidatos, pero no es el único ni el más importante, pues que haya más mujeres como parlamentarias, alcaldesas o gobernadoras no va a cambiar nuestro sistema político (habrá regulares, buenas y malas como en el conjunto varonil).[1] Eso está bien para llenar titulares y generar discusiones hasta el cansancio.

Pero, lo que sí puede cambiar nuestro sistema, si se aprueba –y me temo que para peor-, es la contenida en su propuesta de modificación del Artículo 20° de la Ley Orgánica de Elecciones. Según ella, la elección de los congresistas se realizará “el quinto domingo después de la primera elección para Presidente y Vicepresidentes de la República, conjuntamente con la segunda elección presidencial, si la hubiera”.

La característica básica de un régimen democrático es la pluralidad de opciones políticas. Un régimen de partido único, por definición, no es democrático. Ella se expresa en hacer accesible la inscripción de partidos de distintas doctrinas y programas. Una segunda característica, es que garantiza la renovación de gobernantes y representantes mediante elecciones periódicas y competitivas. Los regímenes seudodemocráticos hacen elecciones pero restringen al máximo la competencia, haciendo que ganen los que más publicidad y propaganda tienen en la campaña, es decir, los que tienen “plata como cancha”. De esta manera, se crea una clase política conservadora, incapaz de adaptarse o de responder a las crisis.

El fracaso de nuestro sistema de partidos, ocurrido hace décadas, nos ha llevado a elegir a los peores parlamentarios de Latinoamérica; aunque nuestra situación es más grave porque, ni siquiera se ha logrado forjar una clase política. Sin embargo, esa bancarrota política y moral no puede ser enfrentada con restricciones a la competencia y al pluralismo. Ese es el error fundamental de la propuesta de la Comisión Tuesta que ha hecho suya el gobierno: el remedio que propone puede terminar de matar al enfermo.

La fragmentación política –que en el fondo expresa el multiculturalismo de nuestra sociedad - no se resuelve de la noche a la mañana por un decreto, con un úkase de la autoridad, como ilusamente sugieren los partidarios de la ingeniería política. Y sin embargo, ese va a ser el resultado logrado por los reformistas, pues si se aprueba la propuesta, en el 2021 tendremos tres o cuatro partidos sobrevivientes, esperando que la armonía política se inaugure con el Bicentenario.

Pero, ¿por qué la reforma del artículo 20° de la Ley Orgánica de Elecciones puede traer la presencia de sólo dos partidos en el Congreso? ¿No sería positivo tener sólo dos partidos en el Congreso? Porque la elección de los parlamentarios va a depender de las figuras o figurones de los candidatos que alcancen los dos primeros puestos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Es decir, la gente no va a votar por sus simpatías políticas o por quienes creen coincidir con sus propuestas (como se hace hasta ahora más mal que bien, hay que reconocerlo), sino que van a ser llevados al callejón sin salida de escoger entre dos partidos, porque votar por un tercero o cuarto será un voto perdido. En el fondo, la ciudadanía no escogerá a su representante, sino al que quiera tener el candidato presidencial finalista para que lo apoye con su voto en el Congreso. Lo cual contradice el discurso de quienes quieren la reforma que afirma que hay que fortalecer a la ciudadanía, los partidos y la representación política. Sin darse cuenta están echando gasolina al fuego, pues hay varios antisistema en las calles que quieren cerrar el Congreso para siempre.

Para que pueda entenderse con más claridad quisiera graficar lo que podría pasar en el Congreso del 2021: tendríamos sólo congresistas morados y fujimoristas y tal vez seis acciopopulistas o del grupo de Acuña. ¿Ese sería el Congreso moderno y democrático que nos igualaría a la democracia europea? A fujimoristas y acciopopulistas ya los conocemos, pero ¿queremos arriesgarnos por quinta vez a elegir a congresistas perfectamente desconocidos como los del partido morado o del grupo de Acuña? Parece política ficción, pero izquierdistas, socialdemócratas y liberales que son los más entusiastas con la reforma, debieran ponerse a pensar que esta propuesta los perjudica y los puede borrar de la escena.

 

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[1] Se puede ver mi crítica a la fórmula paritaria en http://noticiasser.pe/opinion/reforma-electoral-y-voluntarismo-paritario en noticiasser.pe del 17MAY2017