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Una publicación de la asociación SER

Reforma política vía Referéndum: ¿para qué?

La sorpresiva propuesta de referéndum lanzada por el Presidente ha sido entusiastamente recibida por la ciudadanía. La desconfianza ante un Congreso cuya bancada mayoritaria se ha visto comprometida con el escándalo de los “jueces vídeos”, convirtió al referéndum en un As presidencial oportuno y justificable.

De la reforma del Consejo Nacional de la Magistratura, esperemos que se busque la mejor fórmula para frenar en lo posible futuros copamientos de las mafias.

Los tres puntos propuestos por el Presidente para la reforma política, merecerían un amplio debate. Quedan claras las buenas intenciones, pero no por qué se han escogido esas medidas específicas. El referéndum es una oportunidad única para hacer cambios sustantivos al sistema político y, si no tenemos claro cuáles son los problemas que se quieren resolver, podemos perder esa oportunidad. O “cambiar” sin cambiar nada.

Si preguntáramos a la ciudadanía qué desea cambiar, una mayoría respondería (a su manera) que la representación. Dirían que no desean volver a verse obligados –como ahora- a votar por los mismos partidos que se encuentran en el Congreso.

Tenemos el sistema de partidos más cerrado de América Latina. Si resulta evidente que la competencia es fundamental para echar a andar un mercado saludable, no se entiende cómo pretenderíamos que mejore nuestro sistema político sin -primero y antes que nada- corregir las restricciones impuestas a quienes quieren participar en él.

Eliminar el elevadísimo y costoso requisito de las firmas para la inscripción (y sincerar el de los comités en el territorio nacional, pues ningún partido tiene ese alcance), debería ser una prioridad. Y, de manera complementaria, hacer efectivas las normas que obligan a que los partidos con menos representación no permanezcan dentro del sistema (como ocurrió en el 2016). No hay razón para mantener este sistema. No podemos mejorar nuestra democracia si no “abrimos la cancha”. Una demostración de la urgencia de hacerlo es el propio referéndum.

Sin embargo, ninguno de los 3 temas planteados se refiere a este asunto prioritario. Acaso, está relacionado con la propuesta de no reelección de congresistas. Sin embargo, por más que suene muy popular -dado el pobre nivel de nuestros representantes, salvo pocas excepciones- no parece que llevará a un cambio importante. El Perú es uno de los países de América Latina con mayor nivel de volatilidad congresal. Es decir, con más alto porcentaje de congresistas nuevos en cada elección. Habrá que preguntarse si con los mismos partidos y una norma de no reelección sólo aseguraríamos, digamos, que a Yesenia Ponce le suceda otra Yesenia, o su compañera de colegio. Ahora, hay que tener en cuenta que los únicos países de la región que establecen la no reelección inmediata de congresistas tienen sistemas de partidos sólidos: Costa Rica y México.

Sobre el restablecimiento del Senado, nuevamente, es importante preguntarnos para qué. Si lo que queremos es mejorar la calidad del Congreso y la imagen del Poder Legislativo ante la ciudadanía, lo primero que habría que hacer –antes de abrir otra cámara que tenga los mismos vicios impopulares- es cambiar su estructura clientelar y poco eficiente. Los parlamentarios de la década de los 80, con amenaza senderista y todo, ganaban menos y tenían menos personal (incluyendo seguridad) que el que tienen los congresistas actuales. Añadamos a eso que la elección del Senado puede ser determinante: si en la década de los 60, el 20% de senadores pertenecían a Lima, con el cambio de la forma de elección del Senado en 1979 (se pasó a uno por “distrito nacional”, en vez de por departamentos) para 1990, el 60% de aquellos eran nacidos o residentes en Lima (Pease 1997).  Ese Senado fue aún más distante que los anteriores, para la ciudadanía fuera de la capital.

El tercer tema, del financiamiento privado, nos parece que es el que mejor apunta a un serio problema. Un problema muy complejo, por cierto, en un país con más del 70% de informalidad laboral y la economía está articulada con negocios ilícitos como el narcotráfico. Siendo prácticos y considerando la poca capacidad de hacer efectivas las leyes (enforcement) y que los grandes gastos de las campañas van a la publicidad en medios (TV y radios), un avance sustantivo sería –como han hecho varias democracias- hacer que esa publicidad sea financiada de manera igualitaria y transparente con fondos públicos.

En suma, para que el referéndum no sea una oportunidad perdida, se hace necesario aclarar los objetivos de la reforma política. Visibilizar las posiciones, los argumentos. Y ordenar las prioridades. Y en ese definir prioridades, escuchar a la ciudadanía.