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Una publicación de la asociación SER
Economista. Egresado de la Maestría de Gerencia Social de la PUCP. Consultor y Especialista en Manejos y Gestión de Conflictos Socio-ambientales y Desarrollo Local

Renovación o reencarnación: ¿El Apra nunca muere?

Foto: RPP

Tengo la firme convicción de que el suicidio de Alan García no tuvo uno, sino varios propósitos. Como le respondí a una antigua militante aprista, no me anima el odio, ni la venganza, sino el derecho que tenemos todos los ciudadanos a saber la verdad. Y lamentablemente, con la autoeliminación multipropósito del expresidente, la verdad que pudo ser ejemplar para los políticos de ahora, de siempre y de los que vendrán (como el próximo ciudadano Danton García), nos ha sido negada una vez más. Este, y no otro, es el telón de fondo de la muerte anunciada de Alan García.

El primer propósito de García era bloquear las investigaciones en su contra, cosa que no logró, ni lo hubiera logrado en vida. Ahora nunca se sabrá con certeza la verdad, porque las investigaciones contra él se suspenden. Los tres testigos protegidos que iban a declarar en contra de él, ya no lo podrán hacer.

El segundo propósito era proteger a su familia, no solo de la vergüenza, sino también de la ruina económica. Con la muerte de García Pérez, además de que se suspenden las investigaciones, los bienes que poseía ya no pueden ser embargados. Con ello, su familia está asegurada y libre de investigaciones.

Un tercer propósito, y tal vez es el más importante, es el político. El suicidio de García ha generado una movilización social de los apristas, solo comparada con la muerte de Víctor Haya de la Torre. Ha sido tipificada por los apristas como un acto de honor y de inmolación por el partido.  Si en algún momento el pueblo aprista llegó a pensar que Alan García mató al Apra como partido, también podría llegar a la fácil conclusión que sólo con su vida es posible resucitarla.

La muerte de García Pérez no solo ha sido el punto de inflexión en el Apra, sino también la nueva razón de unidad de los apristas.  Por ello, hoy el Apra tiene la gran oportunidad de renovarse y de cohesionar al pueblo aprista disperso que fue perdiendo la fe durante el ejercicio del liderazgo del cogollo mafioso y corrupto, y también leal a García.

Esta renovación en el Apra no solo pasa por el recambio dirigencial y el surgimiento de nuevos cuadros políticos, sino también por derrotar a ese cogollo enquistado que vivió a costillas del partido y que hoy esta aliado con fujimorismo para bloquear las reforma judicial y política que el país tanto necesita.

Si el partido es nuevamente cooptado por la cúpula de Mulder, Del Castillo, Velásquez Quesquén y/u otros galifardos allegados a éstos, no pasaran de ser más que una reencarnación en vías de extinción.