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Una publicación de la asociación SER

Repensando el estudio de la herencia cultural viva en tiempos del covid-19

Foto @Venuca Evanan, Violeta Quispe y Gaudencia Yupari

José A. Lloréns. Antropólogo

El impacto del COVID-19 sobre el patrimonio cultural popular

Como es ampliamente sabido, la pandemia provocada por el covid-19 se ha convertido en la mayor crisis sanitaria del presente siglo, lo que ha obligado a la gran mayoría de países del mundo a tomar disposiciones drásticas para controlarla (distanciamiento social, toque de queda, restriciones a las reuniones públicas, suspensión de espectáculos masivos, prohibición de viajes locales e internacionales, cierre de fronteras, entre otras). Estas medidas han causado serias disrupciones a nivel global y en todas las actividades humanas, muchas de las cuales son ampliamente narradas por los medios masivos y redes sociales.

Sin embargo, un aspecto de esta crisis que ha sido escasamente comentado es el impacto de dichas medidas en las actividades artísticas y culturales tradicionales, sobre todo en el ámbito rural. Esto es más problemático en las prácticas culturales que están articuladas con emprendimientos turísticos, a medida que las economías familiares de muchos pobladores rurales dependen en gran parte de los ingresos generados por estas actividades, reemplazando en muchos casos sus prácticas productivas tradicionales.[1]

La Unesco, una de las pocas instituciones que prestan atención a este ámbito, ha dado a conocer recientemente las consecuencias más graves en la cultura viva (o patrimonio cultural inmaterial - PCI, como es llamada por la institución) de las disposiciones sanitarias para controlar la pandemia:

Las experiencias compartidas hasta ahora a través de una encuesta en línea de la Unesco han mostrado la magnitud de la disrupción en todo el mundo, con muchos eventos festivos y rituales significativos cancelados o pospuestos. (…) Esta situación no ha causado únicamente alteraciones en la vida social y cultural de las personas, también ha ocasionado la pérdida de ingresos de los portadores y practicantes del PCI. Aquellos que trabajan en las artes escénicas y el sector artesanal, que en gran medida operan en el sector informal, se han visto especialmente afectados.

Aunque todavía es pronto para evaluar los costos económicos, los artesanos de todo el mundo han respondido a la encuesta señalando la pérdida de medios de subsistencia ya que cumplir con los pedidos y acceder a las materias primas [para producir sus artesanías] es una ardua tarea en estos momentos.[2]

Nuevos temas de estudio

En el citado artículo, la Unesco menciona varias dinámicas originales que los llamados “portadores” del PCI están desarrollando para tratar de darle continuidad a sus prácticas culturales, iniciativas que por su singularidad son potenciales temas de nuevos estudios. Así, se dice que “han surgido iniciativas y plataformas en línea que ofrecen alternativas para difundir y transmitir conocimientos sobre el patrimonio cultural inmaterial”, y en algunas partes del mundo, “las fiestas tradicionales siguen celebrándose en línea, con mesas de comidas y bebidas tradicionales dispuestas frente a las pantallas de las computadoras y brindis realizados virtualmente”.

En otros casos, se “han organizado actuaciones en directo a través de Facebook, lo que proporciona un sentido de solidaridad con otros artistas y les brinda inspiración para seguir adelante”. Incluso el citado artículo señala que “la pandemia del covid-19 ha puesto de relieve la fragilidad del PCI en situaciones de emergencia (pero) también proporciona contextos revitalizantes o creativos para el patrimonio cultural inmaterial, propiciando el resurgimiento o la renovación del interés por los elementos abandonados o incluso la aparición de otros nuevos”.

En resumen, prácticamente todos los casos mencionados por la Unesco son temas novedosos para la investigación. Empezando por lo último, se podría estudiar las prácticas culturales inéditas que estarían apareciendo durante esta situación de emergencia. Más ampliamente, podría observarse el uso de las redes sociales para ver de qué manera las colectividades culturales tratan de mantener la continuidad de algunas expresiones del PCI, y las consecuencias que dicho uso puede tener en estas durante y después de la pandemia. Complementariamente, se podría sondear los alcances y efectos en las propias colectividades de estas formas inéditas de recreación del PCI.

Ciertamente, no todas las manifestaciones asociadas al PCI pueden aprovechar las redes sociales. Por un lado, el acceso a las redes informáticas no es mayoritario, menos en las zonas rurales. Por otro lado, las alternativas mencionadas se refieren mayormente a los aspectos “performativos” del PCI. Para el caso de las artesanías, en cambio, y en los lugares donde haya disponibilidad de plataformas virtuales, se podría utilizar estos recursos para montar exposiciones virtuales y realizar ventas en línea, y hasta realizar cursos a distancia para enseñar la confección de productos artesanales y también para aprender a tocar instrumentos y melodías tradicionales, y a ejecutar danzas populares. Este es otro potencial ámbito para estudios originales.

Con todo, estas alternativas, en caso de poderse llevar a cabo, de por sí ya estarían introduciendo elementos inusitados en el PCI. El pago de productos artesanales que se vendieran en línea, por ejemplo, implicaría que tanto el productor como el comprador tengan formas virtuales de pago (es decir, “banca por internet”). Para muchos artesanos rurales esto podría ser una limitación, en tanto tendrían que estar bancarizados y tener conocimiento de, y acceso a, operaciones económicas por internet, lo cual es poco probable porque estos recursos tienen una llegada limitada a sus lugares de residencia.

De cualquier manera, hay ámbitos del PCI que por su naturaleza no pueden acudir a los recursos mencionados para seguir desenvolviéndose. Es el caso de las vivencias que requieren de la participación presencial y continua de visitantes, como en el llamado “turismo vivencial” o “de inmersión”; es decir, el que se desenvuelve mediante la convivencia entre visitantes y una familia receptora compartiendo por un tiempo sus hábitos y costumbres cotidianas, sobre todo en entornos rurales. Las medidas contra la pandemia impiden por ahora estas prácticas. En estos ámbitos, el perjuicio económico va a ser muy significativo y hasta devastador para las familias y grupos cuya estabilidad económica se ha vuelto indesligable de estos emprendimientos, y su interrupción las pone en riesgo de caer a niveles de pobreza.

El estudio de los impactos más profundos

A pesar de lo penoso de la situación, y como se ha mencionado con respecto a otros impactos globales del covid-19 (por ejemplo, la reducción de la contaminación ambiental),[3] esta coyuntura también puede ser vista – de cierta manera paradójica -- como una oportunidad para estudiar los efectos de la suspensión de la “normalidad neoextractivista”. En el caso de la notable caída en la contaminación por CO2, aunque se trataría de una situación pasajera según el artículo citado, permite medir la diferencia que se produce en la calidad del aire cuando se reduce la actividad de las prácticas más contaminantes.

A partir de este ejemplo, y a pesar de lo humanamente insensible o impasible que pueda sonar esta sugerencia, la actual situación puede ser también -- para el caso de las prácticas culturales tradicionales -- una oportunidad para identificar el extremo al cual estas expresiones han llegado a depender del mercado y del turismo. Como menciona la Unesco en la cita anterior, las medidas de control del virus "han dado lugar a la pérdida de ingresos para muchos portadores y practicantes del patrimonio cultural inmaterial". Además, la Unesco considera que "todavía es pronto para evaluar los costos económicos" en cuanto al PCI, aunque por mi parte puedo sugerir que esta situación genera al mismo tiempo una circunstancia excepcional para estudiar justamente el grado en que muchas expresiones de PCI se han entrelazado con, y penden de, los emprendimientos turísticos y de los mercados locales y globales. Cabalmente, la caída en el flujo turístico es una prueba de fuego para muchas de las expresiones del PCI en tanto podría demostrar si se trata de un vínculo indisoluble e irreversible.

De este modo, la presente situación de excepción permite a los investigadores evaluar no sólo el impacto directo del turismo y el comercio en el PCI y sus consecuencias en los propios practicantes sino, algo que es más importante, evaluar la fuerza o fragilidad de las políticas culturales de desarrollo socioeconómico que promueven el PCI como una fuente alternativa de ingresos para los grupos sociales rurales y/o menos privilegiados. Estamos así en una coyuntura que permite juzgar las políticas culturales neoliberales que promueven la comercialización de PCI como “industria cultural”. La investigación del desenvolvimiento del PCI en un contexto neoliberal no es un tema nuevo para los investigadores, pero la suspensión de la “normalidad neoliberal” debido a la pandemia es una ocasión única e irrepetible que devela – por omisión -- las profundas dinámicas en que actualmente se desenvuelve gran parte del PCI.

En general, la pandemia obliga a poner en situación de espera las investigaciones en curso sobre las prácticas culturales tradicionales, en tanto produce ciertamente un enorme sesgo en estos estudios. En todo caso, la situación obligará a reformular dichos estudios para incluir la compleja, multifacética, y excepcional “variable” que impone el covid-19 y el conjunto de medidas para su contención. En fin, la actual crisis causada por la pandemia, por muy insensible o despiadada que suene la sugerencia, debería motivarnos a buscar, en una situación que podría llamarse “de omisión”, la manera de aprovechar esta coyuntura para entender el desenvolvimiento del PCI en un contexto neoliberal y extractivista.

***

[1]. El ministro Vicente Zeballos ha informado que, en lo que va del año, “el turismo peruano ha reportado pérdidas de unos US$ 3,350 millones. […] Entre enero y mayo la recepción de visitantes extranjeros se contrajo en 53% aproximadamente”.

[2]. Unesco. Unesco presenta plataforma sobre patrimonio cultural inmaterial y COVID-19.

[3]. BBC Mundo. “Los datos son contundentes: la pandemia del coronavirus ha generado la mayor caída en la emisión de CO2 de la que se tenga registro en la historia”.