Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Economista. Egresado de la Maestría de Gerencia Social de la PUCP. Consultor y Especialista en Manejos y Gestión de Conflictos Socio-ambientales y Desarrollo Local

¿Revocatoria? Más fácil está la tinka

En éste último mes escuche más de una vez las amenazas de revocatoria para los gobernadores de Arequipa, Tacna y Moquegua. Generalmente anunciar esta medida es una alerta, tipo amenaza, lanzada desde diversas partes. Sea de los candidatos que perdieron las elecciones, sea de los partidarios que apoyaron las campañas y cuyas expectativas laborales no fueron cubiertas, y finalmente de los que empiezan a mover el piso, porque no abrazan la causa -a favor o en contra- de algún proyecto minero.

Rara vez la revocatoria es motivada por la causa para la que fue creada, y es porque la iniciativa de revocatoria -aun cuanto debe ser fundamentada- no exige que esta sea comprobada. De allí, que cualquier iniciativa de revocatoria, tiene que ser aceptada por la ONPE.

No obstante, nuestra intención no es discutir si la revocatoria es válida o no, sino, más bien poner a disposición información al respecto y evaluar los límites y posibilidades de esta herramienta de participación y control ciudadano al cual tenemos derecho todos, y que, algunos galifardos, se aprovechan para sus negocios turbios.

Para empezar la consulta se lleva adelante si la solicitud está acompañada del 25% de las firmas del total de los electores de cada circunscripción y si la ONPE la admite.  En este caso el ente electoral se encargará de revisar la validez de cada una de las firmas, con la misma rigurosidad que lo hace para inscribir a un partido o a un movimiento regional para las elecciones. En segundo lugar, la revocatoria procede por una sola vez en el período del mandato y la consulta se realiza el segundo domingo de junio del tercer año de mandato de las autoridades.  La autoridad es revocada solo si el 50% más un voto, del total de electores, decide votar el “SI”. Ahora bien, si se da este caso, la autoridad es separada del cargo el último año de su periodo. Dicho de otro modo: la revocatoria acorta solo un año de los cuatro años que le toca gobernar a una autoridad.

Vista desde la ley, la revocatoria resulta siendo más que una odisea, a la que quizás no valga embarcarse, sí al final solo se acortara un año de gobierno de las autoridades revocadas.  

Solo los que han formado una organización política para participar en las elecciones saben, a ciencia cierta, el esfuerzo que exige recolectar una firma válida para la ONPE.  De cada tres firmas, una resulta válida para el organismo electoral. Es decir, si quiero lograr el 25% de firmas válidas, necesito el triple. Para lograr el referéndum en una población electoral de 200,000 habitantes y proceda un referéndum, necesito por lo menos de 150,00 firmas.

En buen romance, recolectar firmas para que proceda la revocatoria es más difícil que sacarse la “TINKA”, pero no para la población que tiene el legítimo derecho de revocar a las malas autoridades por ineptas, sino para los galifardos que al final terminan negociando las firmas, por unas cuantas lentejas, con los revocados.