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Una publicación de la asociación SER
Historiador

Sabiduría prehispánica, historia agraria y afirmaciones sin sustento

Sorprende un artículo del abogado y periodista Horacio Gago Prialé titulado “Volvamos a la transversalidad del territorio”.  Propone retomar antiguas prácticas prehispánicas de adaptación a la geografía andina y evitar así los problemas que acarrean los desastres naturales.  Afirma que los pobladores andinos: “conocían perfectamente el clima y sus ciclos de lluvias, friajes y sequías, huaycos, deslizamientos y derrumbes.  La concepción de transversalidad evitaba que las poblaciones se arrumasen en las zonas aledañas a los ríos o a las quebradas secas.  La complementariedad en el uso del suelo permitía combinar los distintos pisos para asentar a las familias en lugares seguros”.

La “transversalidad” mencionada provendría de las propuestas del geógrafo Javier Pulgar Vidal, quien desde los años 40 hablaba de las “ocho regiones naturales del Perú”; la “complementariedad de pisos ecológicos” nos remite a ideas del antropólogo rumano-norteamericano John Murra.  Hasta aquí todo bien.  Sin embargo, no considera dos variables importantísimas, que complican cualquier propuesta de volver a un tiempo pasado que se imagina haber sido mejor que el caótico presente.

Primero, la población peruana del siglo XXI se “arruma en zonas aledañas a ríos y quebradas” porque su número no tiene precedentes en nuestra historia.  Nunca antes ha habido tanta gente viviendo en el territorio peruano.  El historiador norteamericano David Cook calculó que la población de la parte del Imperio incaico que corresponde al Perú actual fue de unos 12 millones.  Según el INEI hoy somos una población estimada en 32’162,184 personas.  Sin un sistema nacional de ordenamiento territorial --en un país tan centralista y sin verdaderas políticas agrarias como el nuestro--, la creciente población urbana (más del 70%) tiende desde mediados del siglo XX a migrar principalmente del campo a la ciudad y de la Sierra a la Costa.

Segundo, el cambio climático que experimenta nuestro planeta está agudizando los fenómenos atmosféricos causantes de las catástrofes naturales (lluvias, inundaciones, ‘huaycos’), haciéndolos más intensos y frecuentes.  Ni con toda su sabiduría los pobladores andinos prehispánicos podrían haber evitado afectaciones producidas por climas similares a los del siglo XXI.  Los arqueólogos han estudiados calamidades climáticas --ocurridas muchos siglos antes de que llegaran los españoles--, que destruyeron centros urbanos y ceremoniales en los Andes, especialmente durante intensos episodios del Fenómeno del Niño (las ‘huacas’ del Sol y de la Luna en el valle de Moche, cerca de Trujillo, fueron dañadas por catastróficas inundaciones en los años 650-700 d.C.).

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Lo más sorprendente en este breve texto son las afirmaciones sobre la Historia Agraria de los siglos XVI-XX: tres párrafos que muestran desconocimiento de los temas planteados.  Citemos textualmente, aclarando inexactitudes.

Primero: “Al inicio de los tiempos coloniales se mantuvo esta visión transversal del suelo, porque en un inicio los españoles respetaron los usos y costumbres de las comunidades andinas.  Es verdad que se aprovecharon de la fuerza indígena para los trabajos en las minas, pero esto fue excepcional.  El historiador Guillermo Lohmann Villena desbarató hace varios años la leyenda negra del maltrato genocida, leyenda creada por los indigenistas del siglo XX.  Ese equilibrio duró hasta la mitad del siglo XVIII aproximadamente, aun en tiempos coloniales.  En este momento, las «reformas borbónicas» lo estropearon todo.  Debido al agotamiento de la plata del cerro Potosí y del alto Perú, los criollos de Lima implantaron el latifundio por primera vez en por lo menos 3,000 años de civilización”.

1- El virrey Toledo (1569-1581) reubicó a la población indígena en “pueblos nuevos” (las “reducciones toledanas”), rompiendo los patrones de asentamiento prehispánicos.

2- Toledo, modificando el sistema rotativo de trabajo del Estado inca (“mitta”), obligó a la población indígena a trabajar por un salario mínimo para los españoles en ciudades (“mita plaza”) y en los dos principales centros mineros: Potosí (16 provincias) y Huancavelica (13 provincias).  Las 29 provincias obligadas a enviar “mitayos” a trabajar en estas minas, por casi 240 años hasta la abolición de la “mita minera” en 1812, constituían un 40% de las 75 provincias de entonces.

3- Los indigenistas no inventaron la “leyenda negra”.  La frase es del historiador y sociólogo español Julián Juderías [1877-1918], quien en 1913-1914 calificó así a la propaganda anti-española desarrollada en Europa en los siglos XVI-XVII por los rivales holandeses, ingleses, alemanes y franceses --en su mayoría enemigos protestantes-- de la muy católica dinastía Habsburgo de España y Austria.  Su principal fuente de información sobre la violencia de la conquista de América fue la ‘Brevísima relación de la destrucción de las Indias’ (1552) del dominico Bartolomé de las Casas [1484-1566].

4- La usurpación y apropiación de tierras para uso agropecuario privado (estancias, haciendas) comenzó en el siglo XVI; las autoridades coloniales legalizaron el control sobre esos recursos de los vecinos españoles de las nuevas ciudades.  Entre 1594-1787 hubo cinco campañas de revisión y legalización de los títulos de propiedad agraria, pagando los hacendados un impuesto a la Corona por la regularización de terrenos usualmente despojados a las comunidades (“composición de tierras”).

5- Las élites económicas coloniales con intereses agrarios no estaban concentradas en Lima.  Existían en cada una de las ciudades (Piura, Trujillo, Chachapoyas, Huánuco, Huamanga-Ayacucho, Cuzco, Arequipa) y villas (Zaña-Lambayeque, Santa, Huaura, Chancay, Cañete, Pisco, Ica, Camaná, Moquegua, Arica), fundadas desde los siglos XVI y XVII.

6- Desde el año 1700 una nueva dinastía de reyes de origen francés, los Borbones, gobernaron en España.  A mediados y finales del siglo XVIII implementaron diversas reformas administrativas y económicas en las colonias americanas para incrementar los ingresos fiscales de los virreinatos y aumentar los envíos de plata y materias primas a la metrópoli española.  Para garantizar el cumplimiento de las nuevas regulaciones enviaron burócratas peninsulares, causando resentimiento en las élites locales, que suelen calificarse de “criollas”, aunque el término no era muy usado en la época (el ex-jesuita Vizcardo y Guzmán se refirió a ellos como “españoles americanos” en la década de 1790).

7- La producción de plata de Potosí (mina descubierta en 1545), tuvo una larga época de estancamiento en el siglo XVII (entre 1635-1735).  Por las políticas de promoción minera de los Borbones (desde 1736), la producción potosina se recuperó a mediados y finales del siglo XVIII.

Segundo: “Entiéndase por latifundio al uso y apropiación de corte medieval europeo sobre grandes espacios horizontales para medrar al máximo de uno o cuando mucho dos pisos ecológicos.  Al romperse la transversalidad se terminó también el uso racional del suelo y del agua, y la complementariedad de los pisos en materia de ocupación de la población.  Las comunidades indígenas fueron recluidas en las zonas más altas de la sierra, mientras que las tierras medias y bajas fueron entregadas a familias criollas latifundistas.  Cuando J. C. Mariátegui describe el problema de la tierra y del indio en el Perú se refiere a este escenario”.

8- “Latifundio” (propiedad agraria de gran extensión) y “minifundio” (tierras de poca extensión) son términos analíticos usados en los siglos XIX-XX (contrastando con formas de propiedad agrariacomunal).  Deriva del latín “latifundium”, grandes explotaciones agro-comerciales con mano de obra esclava de la antigua Roma.  Durante la Edad Media europea --el milenio comprendido entre la caída de Roma (476) y la caída de Constantinopla (1453)--, las diversas formas de propiedad agraria, usualmente calificadas de “feudales” o “señoriales”, dependían de mano de obra ligada a la tierra (“servidumbre”), caracterizándose por el autoconsumo y una limitada producción comercial.  La mentada “horizontalidad” de los latifundios romanos y los señoríos medievales, pese a sus diferencias históricas, tendría que ver con la geografía relativamente poco accidentada --si se la compara con la geografía andina-- de Europa (pese a la presencia de sistemas montañosos: Pirineos, Alpes, Apeninos, etc.).

9- La consolidación y expansión de las haciendas ocurrió durante la Época Republicana, en la segunda mitad del siglo XIX.  La concentración privada de tierras --en perjuicio de pequeños propietarios mestizos y de la propiedad comunal de campesinos indígenas--, se debió al desarrollo de una economía agropecuaria de exportación: fibra de alpaca (Sur Andino,desde 1850) y algodón (Piura e Ica, desde 1860) para la industria textil británica; azúcar (valles de Lambayeque y Trujillo, desde 1870 y luego de la Guerra del Pacífico).  La época dorada de los latifundios, en el Perú como en el resto de América Latina, corresponde al medio siglo de expansión e integración capitalista mundial de 1880-1930.

10- Ese es el contexto histórico en el que indigenistas como Valcárcel y socialistas como Mariátegui criticaron la estructura agraria peruana de inicios del siglo XX, el período llamado por Basadre la “República Aristocrática” (1899-1919) y el “Oncenio” de Leguía (1919-1930).  Se pueden criticar algunos de los presupuestos históricos esgrimidos por Valcárcel y Mariátegui, pero se deben principalmente a la falta de estudios de Historia Agraria, que comienzan con los trabajos de Pablo Macera solo en las décadas de 1960-1970.

Tercero: “Con las tierras bajas en manos de los criollos y las comunidades originarias empujadas a las punas, se creó un sistema de dominación perverso que duró décadas […].  El latifundio desapareció con las reformas agrarias, pero las invasiones de la segunda mitad del siglo XX no recompusieron la idea de transversalidad.  Las tierras bajas siguieron en manos de los descendientes de los criollos o de las empresas transnacionales llegadas al país, y los invasores tuvieron que ocupar lo que sobraba: las zonas de riesgo en cerros, quebradas y laderas aledañas a los ríos y a los caminos”.

11. La dicotomía “criollos-tierras bajas” vs. “comunidades-punas” no agota la diversidad y complejidad del agro peruano.  Tampoco puede considerársela surgida de las “Reformas Borbónicas”.  En el mejor de los casos podría aceptarse que, como imagen de la “contradicción principal” en el campo peruano, surge a finales del siglo XIX y caracteriza a la “cuestión agraria” del siglo XX, hasta la Reforma Agraria decretada por el General Velasco el 24 de junio de 1969.

12. ¿Quiénes serían en el siglo XX descendientes de los “criollos” de la Época Colonial?  La mayoría de las familias propietarias de haciendas afectadas por la Reforma Agraria de 1969 no podrían trazar una genealogía que los enlazara directamente con las familias de la élite colonial.  Los grandes hacendados de la Costa Norte, los Larco o los Gildemeister por ejemplo, dueños de los “latifundios” más representativos --‘emblemáticos’, dicen ahora--, eran hijos de migrantes europeos llegados en el siglo XIX.

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¿Moraleja?  Documentarse más antes de intentar apuntalar propuestas para el presente y el futuro apoyándose en un pasado mal entendido.  Aunque, justo es reconocerlo, los numerosos estudios de Historia Agraria del último medio siglo seencuentran solo en algunas bibliotecas especializadas.  Por eso, nuestros expertos en el tema deberían escribir una obra de síntesis que muestre lo que conocemos, descarte viejas ideas y permita avanzar en el estudio de este tema fundamental.

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Referencias:

Horacio Gago Prialé, “Volvamos a la transversalidad del territorio”, 21 de febrero del 2018. <http://elmontonero.pe/columnas/volvamos-a-la-transversalidad-del-territorio>

Cook, Noble David [n.1941]. La catástrofe demográfica andina: Perú, 1520-1620. [1981] Lima: PUCP, 2010.

Macera, Pablo [n.1929]. Trabajos de Historia. Lima: INC, 1977. 4 vols.

Murra, John V. [1916-2006]. El mundo andino: Población, medio ambiente y economía. Lima: PUCP, IEP, 2002.

Pulgar Vidal, Javier [1911-2003]. Las ocho regiones naturales del Perú. [1941] 12da ed. Editora: Nicole Bernex Weiss. Lima: Instituto de Ciencias de la Naturaleza, Territorio y Energías Renovables (INTE-PUCP), Compañía de Minas Buenaventura, 2014.

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Algunas lecturas recomendadas:

Buller Vizcarra, Carlos. Vinos, aguardiente y mercados: Auge y declive de la economía del vino en los valles de Arequipa (1770-1853). Lima: Quellca, Centro de Estudios Andinos, 2011.

Burga, Manuel. De la encomienda a la hacienda capitalista: El valle de Jequetepeque del siglo XVI al XX. Lima: IEP, 1976.

Castillo, Pedro; Alejandro Diez, Zulema Burneo, Jaime Urrutia y Pablo del Valle. ¿Qué sabemos de las Comunidades Campesinas? Lima: ALLPA, Comunidades y Desarrollo, 2007.

Glave, Luis Miguel y María Isabel Remy. Estructura agraria y vida rural en una región andina: Ollantaytambo entre los siglos XVI y XIX. Lima: CBC, 1983.

Jacobsen, Nils. Ilusiones de la transición: El altiplano peruano, 1780-1930. [1993] Lima: BCRP, IEP, 2013.

Manrique, Nelson. Yawar Mayu: Sociedades terratenientes serranas, 1879-1910. Lima: IFEA, Desco, 1988.

Matos Mar, José [1921-2015], comp. Hacienda, comunidad y campesinado en el Perú. 2da ed. Lima: IEP, 1976.

Rénique, José Luis. La batalla por Puno: Conflicto agrario y nación en los Andes peruanos. 2da ed. Lima: UNAJ (Universidad Nacional de Juliaca), La Siniestra Ensayos, 2016.

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