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Una publicación de la asociación SER

Selfie municipal: una gestión “pa’l feis”

Lincoln Onofre. Politólogo.

 

Recurro a esta analogía a propósito de las continuas (in)decisiones que toma la autoridad local de Huamanga sobre la ciudad: arborización del centro histórico, cambio del sentido de las calles, intervención de los mercados, pretensión de retirar las rejas de la Plaza Mayor, y un largo etcétera. En todas encontramos factores comunes que generan el rechazo cada vez mayor de un sector de la ciudadanía: la exclusión y la falta de planificación.

Exclusión

La exclusión sucede por la ausencia de voluntad de diálogo y consenso entre la autoridad edil y los actores locales (ciudadanía, organizaciones sociales, empresarios); sobre todo en un tiempo donde hay un mayor interés por los asuntos públicos. Atrás quedaron los ciudadanos pasivos que esperaban la atención del Estado, hoy hablamos de ciudadanos usuarios, clientes y, recientemente de ciudadanos coproductores o corresponsables; de ahí la referencia a la gobernanza.

A la luz de los hechos recientes, es evidente que el alcalde de Huamanga no considera al ciudadano como un agente coproductor de la ciudad, sino como alguien incompetente, ignorante, dividida e incapaz de autorregulación, autodesarrollo y autogobierno, es decir, la sociedad es entendida como el problema más que como parte de la solución de los problemas; desperdiciando oportunidades de eficiencia, efectividad y valor público (Aguilar Villanueva: Gobernanza y gestión pública. FCE. México. 2015). En esta línea, el Informe a la Comisión Trilateral sobre gobernabilidad de las democracias, escrito por Samuel Huntington; señala que “el Estado (en especial los municipios), asumen toda la responsabilidad sobre los problemas públicos e invisibilizan o minimizan el aporte de otros actores y sectores tanto públicos como privados y las organizaciones sociales o el tercer sector”.

Del mismo modo, existen otros factores que agravan la crisis de esta gestión municipal. Por un lado, hay evidencias que muestran que la ciudad se diseña con la participación de agentes externos que tienen intereses en el territorio y que excluye o ignora a quienes habitan la ciudad. Así, en lugar de abrir el diálogo y apaciguar el conflicto latente, justifica su accionar apelando a “voces autorizadas”, externas, haciendo oídos sordos a los agentes locales como la Cámara de Comercio de Ayacucho, el Frente de Defensa, la Defensoría del Pueblo o al propio Concejo Municipal. Es más, las declaraciones del alcalde evidencian un interés particular por figurar en el mundo (Bienal de Venecia, Foro Iberoamericano de Alcaldes, etc.), pero descuida su principal labor que es gestionar el territorio para el bienestar de los ciudadanos.

Estas actitudes permiten concluir que se trataría de una gestión selfie en la cual el alcalde prioriza el autorretrato, con los amigos circunstanciales, agendas casuales, no planificadas, antes que atender la gestión local de manera participativa; reflejando un claro egocentrismo y/o exhibicionismo que indica un comportamiento que empieza a ser percibido como una suerte de patología institucional. Mientras tanto, los ciudadanos demandan el uso real y efectivo de las intervenciones urbanas.  

Planificación

La planificación es algo que no pasa por la cabeza de nuestras autoridades en general. Y es esta carencia la que impide al ciudadano entender los criterios con los que se toman decisiones. Sucedió con la arborización del centro histórico, con el continuo cambio del sentido de las calles, con las intervenciones a las discotecas o a los mercados y ahora, con la pretensión de retirar de las rejas de la plaza mayor. 

Una adecuada planificación permite articular las demandas de la ciudad, los intereses políticos, el presupuesto asignado, los plazos; priorizar o advertir, comunicar y legitimar aquellas intervenciones que se pretenden realizar. Mientras ello no suceda, cualquier acción genera un conflicto; aun cuando la mayoría esté de acuerdo. Si atendemos los reclamos de los ciudadanos y organizaciones, advertiremos que el problema no radica en el retiro de las rejas, sino en el trabajo previo y continuo que debe acompañar dicha medida como la educación o la vigilancia; pero la desconfianza hacia el alcalde cuando ni siquiera tiene la capacidad de resolver los problemas existentes y urgentes, puede más.

Cada día esta ciudad reclama con urgencia un ordenamiento territorial, demanda ver más allá de la centralidad de la plaza mayor y sus cuatro calles. Huamanga demanda una planificación donde la autoridad local no solo se preocupe por el selfie; sino, sobre todo, por ser el guionista de una ciudad donde todos se sientan representados e incluidos.