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Una publicación de la asociación SER

Señales de alarma

En las elecciones del domingo, la línea que propuso trazar Lourdes Flores en el 2010, para separar la decencia de la corrupción en la política parece haberse quebrado en varios puntos, cuando es posible que no se hubiera construido con la extensión necesaria. Lo digo no sólo por los resultados provinciales de Lima y del Callao, sino, sobre todo, por el triunfo en Trujillo de un procesado por haber dirigido un escuadrón policial que asesinó a decenas de delincuentes con prontuario. Lo digo también por la alta votación obtenida en Huaraz por el tránsfuga -y vendido a Montesinos- Waldo Ríos, que demagógicamente ofrecía 500 soles del canon minero a cada elector. Y, así mismo, por Jaime Rodríguez, de Moquegua, quien públicamente había reconocido que había robado en carretilla (cuando otros lo habían hecho en camión, seguramente), aunque había repartido el botín entre sus simpatizantes.

No hay que negar los avances cuando el electorado ha decidido poner fin al reinado de Burgos en San Juan de Lurigancho, de la familia Castillo en Los Olivos o de Luis Cáceres en Arequipa (o antes, con la tacha de Valdez en Pucallpa), pero los triunfos de indecentes, improvisados y oportunistas, junto a derrotas del mismo partido de Lourdes Flores, constituyen un verdadero paso atrás en el fortalecimiento democrático si añadimos otros datos, como el vacío político que se abre en San Martín, en Arequipa o en Tacna, que eran departamentos que habían gozado de cierta estabilidad en los asuntos del poder.

El hecho de que sea necesaria una segunda vuelta electoral en once departamentos significa fragmentación de los grupos políticos y confusión del electorado ante la variopinta oferta que ellos le han presentado, de manera que en lugares como Ayacucho, Tumbes o Puno enfrentarán el dilema de votar por el menos malo para entregarle la administración de fondos públicos.

El otro factor que ensombrece el panorama político nacional son los más de cien casos de asalto a locales de votación por turbas antidemocráticas que, con el pretexto de la existencia de “golondrinos” o de supuestos fraudes, quieren imponerse por la fuerza: Esta guerra avisada se repite sistemáticamente desde el año 2002, sin que la ONPE, el JNE, el RENIEC, la policía u otras autoridades hagan nada por prevenirlos y desactivarlos durante su gestación. Por si eso fuera poco, las penas contra los violentistas siguen pintadas en la pared, porque nadie ha sido condenado a prisión por esos actos, que han causado cuantiosos daños materiales y hasta heridos y muertos.

¿Estos son los resultados de los excesos de leyes democratistas que facilitan la formación de colectivos políticos para que, abastecidos de fondos oscuros, puedan asaltar instituciones y hacerse del botín presupuestal, como algunos plantearon cuando se criticó la realización de la consulta de revocatoria en Lima? ¿O son las autoridades pusilánimes para enfrentar a las mafias que se van formando gracias a la reelección permanente de muchos alcaldes y presidentes regionales, las que cargan con la responsabilidad? ¿Hay que limitar el voto a ciertos sectores sociales que padecen de analfabetismo político, para evitar que elijan a corruptos, incapaces o improvisados, como dice Aldo Mariátegui? ¿No será que tiene también responsabilidad una prensa que está buscando sangre y escándalos, que da tribuna a figuretis ávidos de poder, a quienes supone que podrá manipular a futuro? Todas estas preguntas se revuelven en las cabezas de legisladores y políticos que son conscientes de los problemas, aunque las salidas no les aparezcan tan claras.

Los neoliberales se rasgan las vestiduras con la alta votación alcanzada por Gregorio Santos en Cajamarca. No pueden entender cómo el pueblo cajamarquino “puede rechazar 23 mil millones de inversión minera”. Es otra manera de insultarlo, como si fuera un “electarado”. Menos mal que el ministro del Ambiente ha reconocido el pronunciamiento democrático y ha llamado a respetarlo y a replantearse la necesidad de dialogar con las comunidades. Pero ese acercamiento no puede hacerse con las manos vacías y sin la actitud respetuosa que merecen campesinos y pequeños agricultores, contrarios al maltrato que siempre han recibido de la empresa Yanacocha. La gente ha dicho “¡basta!” a la depredación; quiere participar de la riqueza que se extrae. Para ello, urge emprender la reforma del sistema de distribución del canon minero, entre otras.

Sin embargo, para el sistema democrático es más preocupante la votación de Trujillo, porque abre la posibilidad de que las cosas puedan empeorar hasta el espanto. Los alemanes fueron convencidos por los nazis de que la mano dura contra los delincuentes, las prostitutas, los deformes de nacimiento, los homosexuales  y las razas inferiores era la salida a sus problemas, que es poco más o menos lo mismo que este jefe policial predicó en esa ciudad. Y recibió la mayoría en las urnas, como ahora la ha recibido Espinoza, con el respaldo de Kuczynski, cuyos socios extranjeros se alarmarían al enterarse de sus nuevas juntas. Pero no vayamos tan lejos: nuestra nación puede desbarrancarse en el despeñadero de mafias, sicarios y escuadrones de la muerte de México si los políticos demócratas y decentes no se unen, si los izquierdistas, que dicen representar los intereses del pueblo, no saben separar la paja del grano a la hora de buscar aliados y enfrentar a sus adversarios, sii los liberales interesados en el  progreso y la modernidad no ven el peligro que representa el “dejar hacer, dejar pasar” a los violentistas dentro del aparato estatal, como prohijaron al hoy alcalde electo de Trujillo.