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Una publicación de la asociación SER
Fabiola Yeckting

Ser negra

Cuando decimos que el desarrollo es multidimensional también deberíamos preguntarnos qué situaciones impiden el desarrollo de capacidades como impulso de desenvolvimiento individual y colectivo.

Negra es una obra de teatro testimonial escenificada en el Centro Cultural de España. Una creación colectiva que nos lleva a reflexionar sobre la discriminación, la pobreza, el clasismo, el racismo, la violencia, y la mezcla entre estas distintas variables de género, etnicidad y clase; así como sobre la arrogancia de quiénes niegan su práctica cotidiana y sus diversas expresiones.

Se trata de la representación de la obra dirigida por Gabriel de la Cruz y María Elena Romero, protagonizada por Mayra Nájar y Anahí Padilla.  Dos actrices, formadas en la actuación, la dramaturgia y docencia, en el teatro y la televisión. Tanto las actrices como la codirectora reflexionan sobre el momento cuando escucharon que las llamaron negras de forma despectiva por primera vez. A través de la obra buscan responder a las preguntas ¿qué pasó 40 años después con el mensaje de Victoria Santa Cruz en el poema musicalizado “Me llamaron negra”?,  y  ¿cómo se sienten las mujeres afroperuanas? Acaso ¿bellas, aceptadas, deseadas?

Las hermosas y talentosas mujeres afroperuanas desnudan su vida y personalidades, experiencias y frustraciones. Buscan cambiar el patrón, ser visibles en lugar de invisibles. Superan las expectativas del público, al que llevan por un mar de emociones, en una mezcla de formatos audiovisuales y de expresión corporal. Cuentan y escenifican las diferentes etapas de sus vidas con los acontecimientos más importantes en las épocas más difíciles. Mayra Nájar, por ejemplo, cuenta que en el liceo naval le enseñaron a estar atenta siempre a cualquier ataque al colegio, eran los años de la violencia interna, y su papá era militar. Nos conmueve con fotos de su niñez y la representación de su madre, mostrando su amor y constante respaldo frente a los insultos y acoso que sufrió por su color de piel. También explica sus preocupaciones por el futuro de su hija.  A los ocho años su profesora le gritó: “cállate negra tamalera” y sintió vergüenza. Mayra señala que en algún momento le preguntó a su madre que ¿si se lavaba con lejía sería blanca como ella?, y así dejaría de ser negra como su padre.

Por su parte Anahí Padilla, nos cuenta que a pesar de tener una familia que la respaldaba en su identidad y tradiciones afroperuanas, como los Vásquez, tuvo momentos de desconcierto. Su madre y su tía se esforzaron mucho porque tenga su fiesta de quince años, que no disfrutó por estar tomándose fotos con toda la familia, pero que agradeció profundamente porque sabía del esfuerzo que significaba la celebración en su barrio de San Martin. Ella en algún momento tampoco quiso ser negra. Por sus conflictos recibió tratamiento psicológico y tomó muchas pastillas buscando acabar con su vida, las que felizmente solo la hicieron dormir. También fue objeto de burlas por su figura y por querer bailar huaynos andinos.

Ellas nos hablan de los estereotipos con los que tuvieron que luchar para lograr ser actrices. De la violencia con la que fueron tratadas, pero también de sus sueños, búsquedas y apuestas de futuro. La interpretación de sí mismas resulta conmovedora. Ellas hacen que el público se identifique con sus dilemas, miedos, y vergüenzas.  La codirectora María Elena Romero explica que buscan contribuir a que las mujeres afroperuanas se revaloren, empoderen y sean visibles sin violencia, sin vergüenza, con alegría, orgullo y dignidad.  En su apuesta pedagógica enfatizan que su profesión las ha salvado, de la frustración, de la rabia que produce la discriminación, de las taras de la sociedad que se reflejan en cada negación de muestra diversidad. Escuchemos sus voces, cambiemos nuestras actitudes y prácticas, ellas lo dan todo en escena por aquellas que no tienen voz.