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Una publicación de la asociación SER

Sobre la revocatoria de Susana Villarán

Es evidente que las razones o, mejor dicho, motivaciones, para plantear la revocatoria de la alcaldesa de Lima no se basan en una evaluación de los resultados de su gestión. La decisión de cortar su mandato por todos los modos posibles fue tomada el mismo día de su elección. Los planillones para el recojo de firmas fueron comprados cuando ni siquiera cumplía un año en el ejercicio del cargo que había ganado en buena lid y los ataques de demolición comenzaron antes de que recibiera las credenciales de su elección.

Hay que preguntarse por qué. ¿Qué es lo que está en juego y quién financia esta turbia maniobra que tiene todas las características de forma y de fondo de una venganza política?.

Una cierta derecha antidemocrática y acostumbrada al ejercicio corrupto de la función pública tenía el plan de retomar en dos momentos el control político del Estado y recuperar los espacios de poder perdidos. El primer objetivo era la alcaldía de Lima, el segundo, el gobierno nacional. En ambos casos perdieron. Por el contrario, después del fiasco de Kouri, desde la izquierda del espectro político emergió una candidata, “caviar” para su mayor espanto y con un partido insignificante, que poco a poco fue remontando en las preferencias del electorado con un discurso claro y, sobre todo, con temas impensables para ellos, y ganó. Tampoco consiguieron el segundo objetivo, y quedaron con sangre en el ojo. Demasiados fracasos en tan poco tiempo y demasiados intereses frustrados. Hambre de poder insatisfecha.

Por otro lado, la gestión de Susana Villarán exhibe determinados valores que es necesario mantener y profundizar. En primer lugar la honestidad. Es esto lo que no resisten quienes buscan revocarla. Conociendo a Susana, sabemos que no se casa con nadie. Acostumbrados, como están, a aquello de que no importa que robe con tal de que haga obras o a aquello de que todos roban, a ver el Estado como un botín que se rifa cada cierto tiempo, no toleran la posibilidad de que una autoridad honesta demuestre en los hechos que la ética sí tiene un lugar en la política.

En segundo lugar, el coraje y la audacia para enfrentar sin temor álgidos problemas de la ciudad, hecho que ya diversos especialistas han comentado: el transporte público y el comercio mayorista. Se trata de una gestión que viene poniendo orden en el transporte público a pesar de los nueve paros que han convocado por quienes ven en el transporte no un servicio -por el cual legítimamente pueden cobrar- sino un negocio.

Finalmente, creo que la actual gestión municipal metropolitana ha abierto nuevos campos y ha señalado nuevas perspectiva a la acción municipal. Así como Alfonso Barrantes mostró que la nutrición de los niños puede y debe ser una competencia y una preocupación de las municipalidades, del mismo modo Susana viene demostrando que la ciudad no puede ser reducida a la infraestructura vial, sino que consiste en una red de espacios de encuentro y de habitabilidad en toda la extensión del territorio.

Por ello y porque tengo la suerte de conocer a Susana desde hace casi cuarenta años y sé de su honestidad y de su compromiso con los pobres, es que uno mi voz a la voz de quienes dicen no a la revocatoria.