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Una publicación de la asociación SER
Abogada de Aprodeh y Grufides

Sociedad Machista: ¡Culpable de matar a Eyvi!

Cuánta rabia, cuánto dolor, cuánta indignación provoca esta absurda pérdida.  Solo tenía 22 años, estaba construyendo su vida, le faltaba tanto por vivir, y un hijo de esta sociedad machista, de esos que abundan aquí, se irrogó el derecho a truncarla.

No fue un loco como muchos argumentan, fue un machista, sí, aquellos que en su sana conciencia tienen asumido que las mujeres son apropiables, se deben al hombre, tiene que someterse al mismo, y que por ello sienten el derecho de acosarlas, de maltratarlas, de violentarlas de “las maneras que fuere necesario”. Porque un hombre machista no acepta un No por respuesta, en su mente tiene bien instalada la creencia que una mujer no se puede imponer, no se puede negar, no se puede “sublevar”, “hay que darle una lección si eso sucede”.

Así es que Hualpa llega a asesinar a Eyvi, no solo bajo esa absurda creencia de que ella no podía rechazarlo, sino bajo el retorcido concepto de que si una mujer se atreve a hacerlo, merece el  castigo; “ella tenía que recibir un escarmiento”  ha dicho Hualpa en su relato, y lo dice en su sana conciencia, seguro de que es un argumento de defensa que será bien entendido por muchos hombres que como él creen que esta es la manera correcta de proceder frente a una mujer que como Eyvi, se atreve a negarse.

"Si no eres mía, no serás de nadie" dijo antes de tirarle la gasolina, porque esa es la creencia del hombre machista, que asume que la mujer que eligió es su posesión y de ninguna manera va a aceptar que se la quiten.

Si esto no es Machismo puro, qué es?

A Eyvi no la mató un desquiciado, a Eyvi no la mató un muchacho deprimido, a Eyvi la mató un machista común de aquellos que abundan en esta sociedad.  Cada día hay miles de hombres acosando a mujeres, es cotidiano ver mujeres golpeadas, violadas, violentadas de diversas formas. No se trata de una epidemia de locura masculina, se trata de esta cultura infame de machismo que está impregnada en esta sociedad.

Eyvi no está muerta por un “designio de la vida”, no está muerta porque tuvo mala suerte de chocarse con un loco, no está muerta por “bonita”, está muerta porque esta sociedad se niega a aceptar que la razón de estas violencias es el Machismo y por tanto se niega a enfrentarlo, a combatirlo a eliminarlo. 

Es absurdo solo ir llorando cada víctima, esperando la próxima, concentrarnos en pedir castigos extremos por cada violentador. Es imprescindible, es necesario, es urgente empezar a deconstruir esta perniciosa y peligrosa cultura de desigualdades.

Empecemos por el diagnostico, aceptemos que esto no es producto de una enfermedad mental, es una cultura y se llama “machismo”, no nos neguemos a luchar contra él, permitamos que por fin se implementen políticas de equidad de género en todos los estamentos del Estado.  Olvidémonos de los prejuicios absurdos de creer que eso es libertinaje, que con las políticas de género nuestros hijos se volverán “maricones o marimachas”, ayudemos a que las nuevas generaciones se alejen de esa anacrónica forma de ver a la mujer como un sujeto débil, inferior. No nos neguemos a construir una sociedad sana, humanista, donde las personas nos reconozcamos y nos respetemos en igualdad.

Hoy más que nunca, por Eyvi que representa a las miles de víctimas cotidianas, pensemos en que cualquiera de nosotras pudo y puede estar en su lugar, en nombre de las que vienen detrás de nosotras, reafirmemos nuestro compromiso en la lucha por la equidad.