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Una publicación de la asociación SER

Solicito una aclaración

La actual situación política del país -especialmente la que se juega en la capital- se presenta muy confusa.

Debo precisar que cuando digo “la capital” no me refiero a toda la ciudad, sino a aquellos cuatro o cinco distritos en los que se ubican los centros de comentarios, decisión y difusión de la política del país.

Tan confusa está la situación que el Congreso de la República (que ya no es de la República, sino de un partido político y su aliado principal) pide a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que aclare una sentencia por demás clara. Quizás es un efecto natural pues -como todos sabemos- demasiada luz (física) ciega a las personas…

En esta confusión u obscuridad parece que nadie sabe hacia dónde va, hacia dónde vamos. Ni siquiera sabemos o podemos adivinar lo que nuestros líderes y lideresas quieren, buscan o desean. A veces no sabemos ni siquiera lo que desean para sí mismos.

Esta confusión y obscuridad parece deberse a la gran distancia entre quienes deberían ejercer el liderazgo político (y moral) y la gente, sus preocupaciones y angustias.

1. Las preocupaciones de la gente me parece que no son las de los representantes congresales de todas las tendencias. Se avecina el año escolar, con las consiguientes angustias de padres de familia, maestros, alumnos que no saben si irán a aulas en buen estado, si tendrán todos sus útiles escolares, si seguirán siendo objeto de bullyng, si sus maestros podrán defenderlos de acosos o violaciones sexuales o si, por el contrario, el tema del sexo y la reproducción seguirá siendo tabú (en el siglo XXI) por obra y gracia de la nefasta, perjudicial y dañina campaña de “Con mis hijos no te metas” y la demonización de una inventada “ideología de género”, y por tanto no podrán responder a sus acuciantes preguntas sobre su despertar sexual, sus enamoramientos y la forma en que los niños nacen o cómo se hacen, o si está bien que un niño se sienta atraído por otro niño o una niña por otra niña o si solo es normal la atracción heterosexual. De eso se seguirá haciendo oídos sordos y bocas calladas porque a determinados pastores evangélicos, arzobispos católicos y periodistas homofóbicos les parece que así debe ser.

Pero de eso no se habla ni en la Comisión de Derechos Humanos ni en la de Educación ni en la de Familia. Prefieren pelearse por Maduro o por Trump.

2. Tampoco parece preocupar a la “clase política” la reconstrucción de las zonas devastadas por el último Fenómeno del Niño, ni las angustias de los pueblos indígenas y las comunidades campesinas y nativas por el avance de la minería informal, los ataques de la minería “formal” y/o de los madereros, el caos del agobiante transporte público en la “tres veces coronada villa”, el tráfico de terrenos, la trata de personas, la prostitución de niñas en los asentamientos mineros, ni la contaminación ambiental.

Su preocupación no parece ser la vida cotidiana de la gente, sus angustias, éxitos o alegrías, sino planificar y saber cómo atacar mejor y más eficazmente al “enemigo” político, cómo destruir al líder o dirigente de la corriente política distinta. Y si, para ello, se deben inventar envenenamientos, ofrecer justificaciones ingenuas, propalar mentiras groseras, calumniar, difamar, controlar órganos judiciales, procuradurías y fiscalías, amenazar a jueces, no importa. No importa porque aquí salvo el (regreso al) poder todo es ilusión.

Desde que se instaló el gobierno actual los temas que han desvelado a los agentes políticos han sido, a mi entender, el arrinconamiento del gobierno en vistas a su defenestración y la lucha por los cargos públicos (BCR, SUNAT, Defensoría del Pueblo, Contraloría General de la República, Tribunal Constitucional, Poder Judicial, Consejo Nacional de la Magistratura y etcétera). No veo otros.

Si durante la huelga magisterial estuvieron metidos no fue, creo yo, para buscar una solución al problema y mejorar así el nivel de ingresos de los maestros y la calidad de la instrucción pública, sino para ver qué ganancia política se obtenía de allí y cuál era la posición que más réditos producía.

3. Pueden seguir en ese camino, mientras los ciudadanos esperamos que entiendan que son otros los temas que nos preocupan: el desempleo, la precariedad laboral, el sostenimiento de las pequeñas empresas que crean innumerables puestos de trabajo. Que vuelvan su mirada y dirijan sus pasos a los barrios, a los asentamientos humanos, a las construcciones al borde de los cerros o en el cauce de los ríos esperando que las arrastren las lluvias, las crecidas y los huaicos, a las comunidades nativas sin títulos de propiedad, sin salubridad elemental, a ver si así y allí se dan cuentan de cuán lejos están de la gente. Lima no se acaba en Jesús María o San isidro, el Perú no se conoce desde los aeropuertos y las reuniones de trabajo en hoteles o centros de convenciones.

 

Ojalá pues que pronto nuestros dirigentes y representantes políticos cambien el eje de sus preocupaciones y desvelos. Ojalá.