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Una publicación de la asociación SER

Solidaridad para derrotar al coronavirus y a futuras pandemias

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER
“Obra solo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”  Inmanuel Kant (1785)

Jorge Duárez

La propagación del Covid-19 o más conocido como “coronavirus” en más de 140 países del mundo ha puesto en estado de zozobra a la humanidad entera. La espiral de muertes –sobre todo en Italia, China, Irán y España- y el no contar con una vacuna que la controle, genera una sensación de incertidumbre al pensar en el futuro. Esta pandemia lo viene cubriendo todo: nuestros cuerpos, nuestros vínculos familiares, nuestros empleos, nuestro ocio y hasta nuestros pensamientos.[1] Pero no solo lo cubre todo, la pandemia también es reveladora, pues muestra descarnadamente los efectos nocivos de no enfrentar decididamente la desigualdad social. Por ejemplo, los ajustes realizados en los países ricos a la  salud pública[2] en los últimos años y la precaria condición de la misma en los países periféricos –como el nuestro- no han ayudado a contener de manera oportuna esta pandemia. En el ámbito laboral, las precarias condiciones de trabajo –más agudas en países con altas tasas de informalidad como el nuestro- hacen que la cuarentena (tan necesaria en estos días) se convierta en un lujo que difícilmente se puede dar aquella mayoría que busca su sobrevivencia cotidianamente. Podríamos seguir refiriendo a distintos ámbitos de nuestra vida social, pero la conclusión siempre será la misma: esta pandemia revela con dureza las inaceptables desigualdades que caracterizan a las sociedades contemporáneas.[3]

La difícil situación que ha generado esta pandemia en el Perú viene siendo respondida con mucho desprendimiento por parte de múltiples actores, entre ellos médicos, enfermeras, policías y gran parte de la ciudadanía. Esto no es novedad, pues la historia del Perú se encuentra llena de episodios en donde hemos reaccionado con solidaridad frente a situaciones adversas. Un episodio reciente es el “Niño Costero” del 2017, en el cual miles de individuos, organizaciones sociales, empresas e instituciones brindaron su apoyo a las familias damnificadas. La recurrencia de estos episodios nos lleva a afirmar que si bien son loables estos gestos, es momento que como sociedad transitemos de una solidaridad de la emergencia a una solidaridad de la permanencia como comunidad. Para lograr este tránsito debemos realizar al menos tres acciones: 1) cultivar una ciudadanía de la corresponsabilidad; 2) ejecutar políticas públicas redistributivas; y 3) generar empleos de calidad. Una ciudadanía de la corresponsabilidad implica robustecer nuestro tejido social sobre la base de lógicas y prácticas organizadas que superen el individualismo consumista de ricos y pobres, poniendo la atención en cuestiones ineludibles tales como la ecología integral[4] y la equidad de género. Políticas redistributivas que corrijan las inaceptables inequidades que corroen nuestro tejido social, basadas en sistemas tributarios que se rijan bajo el principio de que “paguen más quienes más tienen”.[5] Y políticas laborales desde un enfoque de derechos y de diversificación productiva. De esta manera podremos estar realmente preparados no solo para enfrentar colectivamente cualquier pandemia que se nos presente, sino también para generar bienestar.

Las tres acciones arriba referidas se sostienen en el principio ético de la solidaridad. La crisis civilizatoria que ya hace algún tiempo atravesamos a nivel global -y que el coronavirus no ha hecho más que evidenciar -, nos exige hacer de la solidaridad un imperativo categórico, hacer de ella una ley universal, si es que queremos forjar una alternativa de salida a la crisis en términos comunitarios. Si no, esta crisis civilizatoria podrá decantarse en una mayor inequidad social, en donde solo unos cuantos (los que concentran la riqueza) podrán enfrentar a esta y a futuras pandemias.                             

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[1] Pero también – y hay que decirlo- brinda un respiro a la naturaleza al reducirse el consumo, la producción industrial, la circulación de automóviles, entre otros. 

[2] En Italia –país que hasta el momento registra la mayor cantidad de muertes por coronavirus- por ejemplo, durante el período 2007-2010 el número de Unidades de Cuidados Intensivos se redujo de 334 a 285 (-14%) y las Unidades de Primeros Auxilios pasaron de 530 a 414 (-22%). Fuente: quotidianosanità.net., citado por el filósofo italiano Franco Berardi en la columna: “Crónica de la Psicodeflación”.   

[3] Según un estudio de OXFAM publicado en el 2018, tan solo el 1% de la población mundial concentra el 82% de la riqueza; casi la mitad de la humanidad vive con menos de 5,50 dólares al día; y cada año, 100 millones de personas se ven arrastradas a la pobreza extrema por los gastos médicos que deben afrontar. 

[4] La Ecología Integral es un enfoque que propone el Papa Francisco en su encíclica titulada “Laudato Sí” (que quiere decir “Alabado seas” en latín) para destacar a la imperiosa necesidad de enfrentar la actual crisis ambiental conectándola con los problemas económicos y sociales que atraviesa el planeta.    

[5] Sobre la importancia de las políticas redistributivas para la cohesión social sugiero leer el texto de Dubet titulado “Repensar la justicia social”.