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Una publicación de la asociación SER

¿Son las parteras un problema?

Foto: Consuelo Paguaza/K'inal Antzetik

Lucía Isabel Stavig Schmidt. Doctoranda en antropología de la Universidad de Carolina del Norte—Chapel Hill

El 27 de mayo, RPP publicó la noticia Partos a domicilio, una práctica ilegal que autoridades investigan en Cusco. Al pasármelo, una amiga partera me dijo con enojo, “Mira esto. Sólo hablaron con doctores y no investigaron bien”.  En mi trabajo de campo sobre salud reproductiva en Anta, Cusco, varias campesinas me habían comentado que era ilegal dar a luz en sus casas y que los trabajadores de la posta las amenazaban con multas y cárcel si no iban al hospital. Leer el artículo de RPP me hizo reevaluar mi comprensión del asunto: yo también había asumido que el parto a domicilio era ilegal.

La realidad es que, en nuestro Perú, la ley es muchas veces usada para coaccionar a los pueblos originarios. Por ejemplo, en los años 90 muchas mujeres peruanas fueron engañadas diciéndoles que era ilegal tener más de cierto número de hijos, y que, si no se esterilizaban, serían multadas o llevadas a la cárcel. Claramente, la sola mención a la ley, aunque no exista, puede ser usada como un arma de opresión.

La ley en el caso del parto en domicilio es ambigua y tuve que hablar con varias parteras y abogadas para entenderla. Resulta que no es ilegal dar a luz en casa ni es ilegal ayudar en un parto a domicilio. Pero sí es ilegal que una partera lo promocione. En un país donde los servicios de salud son escasos, particularmente en el campo, ¿por qué tanto control?

En los años 90, Perú tenía una de las tasas más altas de muerte materna en el mundo. En vez de considerar esta estadística como resultado de la pobreza, de la falta de acceso a los servicios de salud y a otros recursos económicos, el entonces presidente Alberto Fujimori ignoró la naturaleza estructural del problema. Para él y su gobierno, las parteras eran parte del problema, obstáculos al parto medicalizado.

Fujimori promocionó varios proyectos de ley sobre los derechos sexuales y reproductivos y de la mujer. Se puede pensar que el acceso a la salud reproductiva es indiscutiblemente un bien común. La historia sin embargo nos indica que aún proyectos que reconocen derechos tienen que ser evaluados críticamente.  El Plan Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar (PNSRPF 1996-2000) por ejemplo, dejó miles de mujeres esterilizadas contra su voluntad o sin su consentimiento informado, y también provocó la persecución de parteras tradicionales.

La insistencia tecnocrática en que “lo moderno” es siempre mejor y siempre salva vidas no está respaldada por las estadísticas. En el Perú, casi cuatro de cada diez partos son por cesárea cuando la OMS recomienda que sólo un diez por ciento deben serlo. “Estudios nuevos revelan que cuando la tasa de cesárea se acerca al 10% a nivel de la población, disminuye el número de defunciones maternas y de los recién nacidos. Pero cuando la frecuencia va por encima del 10%, no hay indicios de que mejoran las tasas de mortalidad”.. Entonces ¿por qué hay tantas cesáreas innecesarias?

Investigadores sociales en el Perú han observado que junto con otras razones[1],  la alta tasa de cesáreas, particularmente en el campo o en zonas periurbanas, puede ser explicada por el “entrenamiento de jóvenes médicos para desarrollar este método de nacimiento.” A la vez, encuentran que “…esas cesáreas que se practican son innecesarias.”[2] Es decir, mujeres pobres, periurbanas, rurales, o de pueblos originarios están siendo usadas como conejillos de indias.

Se podría argumentar que esta práctica sirve al bien común y que, al fin y al cabo, la cesárea no es un procedimiento tan serio. Esta opinión no cuadra con los hechos.  Según el consejero médico del mismo RPP, la probabilidad de que la madre muera durante una cesárea es hasta seis veces más alta que en un parto normal,[3] y que en el mejor de los casos, se requiere 4/6 semanas de recuperación antes de poder realizar actividades rutinarias.[4] Las campesinas suelen observar una cuarentena después del parto pero por el trabajo físico del campo, la cesárea las expone a desgarros de las cicatrices superficiales e internas lo cual puede resultar en discapacidad o muerte.

Recalco algo que dijo mi amiga partera: “Lo que no cicatriza [tras la cesárea] es la conexión del campo energético que hace que las señoras pierdan su poder de impulso, entrega.” Menospreciar a las parteras tradicionales y obligar a mujeres campesinas por medio de mentiras ir al hospital para a dar a luz las expone al maltrato y a la muerte. Una partera no sólo ve la parte física del embarazo y parto; también ve la parte psicológica, emocional, mental, y espiritual. Hasta nuestras maneras de dar a luz demuestran nuestra cultura, nuestros conocimientos, creencias, valores sociales, y deseos personales. Aunque ha habido avances muy notables en el campo de salud intercultural, los cuerpos y valores sociales de campesinas y mujeres indígenas siguen sin ser respetados por el sistema de salud formal.

 

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[1] https://rpp.pe/vital/salud/estudio-revela-que-existe-una-epidemia-mundial-de-cesareas-innecesarias-noticia-1157144

[2] ibid

[3] ibid

[4] ibid