Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Periodista y escritor. Con interés en la política y la cultura

Subcampeones de América: Lecciones para la sociedad peruana

Foto: Andina

Hace cuatro años, el entrenador argentino Ricardo Gareca asumió el mando de la selección peruana de fútbol. La mayoría de los aficionados recibió con escepticismo la noticia. Tantos años de fracasos en torneos internacionales eran la base para pensar así.

Su compatriota César Luis Menotti, quien condujo a su país a ganar por primera vez la Copa del Mundo en 1978, se pronunció sobre el reto que había asumido Gareca: “Si Perú no recupera la capacidad de buscar la genética del jugador peruano, que en algún lugar tiene que estar (…) le va a costar. Perú transita por un rechazo histórico a sus convicciones (…) Han pasado por una crisis institucional muy severa y un deterioro muy grande. Contra eso va a tener que luchar Gareca”.

Parece que Gareca escuchó al Flaco. El Tigre hurgó en la genética del futbolista peruano y recuperó el clásico estilo de juego del fútbol de antaño. Y lo acompañó con disciplina y orden táctico necesarios para estos tiempos. Los resultados conseguidos no solo son buenos, sino históricos. Luego de 44 años, la blanquirroja volvió a la final de la Copa América, que ha perdido por tres goles a uno en el Maracaná ante Brasil, la selección anfitriona.

La campaña de Perú en el torneo de selecciones más antiguo del mundo es la confirmación del exitoso proceso liderado por Gareca, quien nos devolvió a una Copa del Mundo tras 36 años. El trabajo del entrenador argentino es un ejemplo de que nuestro fútbol, pese a sus carencias y limitaciones, puede caminar si cuenta con un proyecto bien dirigido. La victoria de Cienciano en la Copa Sudamericana de 2003 y el subcampeonato de Sporting Cristal en la Copa Libertadores de 1997 son también muestras de ello.

Pero esto no solo deja lecciones para el fútbol. La sociedad peruana, que vive una cotidianidad complicada debido a la injusticia social existentes, tiene en estas buenas noticias algunos estímulos para reencontrarse con su historia y reivindicar a los menos favorecidos.

Una primera lección es el trabajo en equipo para el cambio. Durante años venían entrenadores a jugar con los mismos de siempre. Se basaban en la jugada individual. Se hablaba del “biotipo” europeo como solución. Pero la selección peruana quedaba casi siempre entre los últimos lugares. Gareca apostó por las nuevas caras y el juego en equipo. Y todo cambió.

Hace años que nos quejamos del estado de cosas en el Perú. Una muestra de ello es que la transición democrática post-fujimorismo ha sido un fracaso. El caso Lava Jato así lo demuestra. El camino “emprendedor”, vinculado al discurso neoliberal, tampoco es solución. No se puede asociar esta idea a la buena campaña del equipo peruano, que más bien ha pasado por un cambio con nuevos elementos; así como de esquema y de mentalidad. La selección ha sido una isla en medio de dirigentes de clubes y de federaciones departamentales que solo han sacado provecho propio. Esto último es tan parecido a lo que vivimos desde la restauración democrática del 2000.

En el plano político, se necesita una propuesta alternativa al modelo económico impuesto desde 1990, que solo ha generado subempleo, baguazos, discriminación e inseguridad. El movimiento social organizado puede lograr este cambio.

Una segunda lección es que desde que la selección de fútbol se volvió protagonista de las competiciones internacionales, mucha gente se sintió “orgullosa” de ser peruana. Si bien los triunfos de nuestro equipo nos alegran, no son base para reivindicar la peruanidad, como se hace en los últimos años con el boom gastronómico. Como los vaivenes de la vida, algún día este éxito puede tener su final. Estas cuestiones coyunturales no pueden ser la afirmación de la nacionalidad. Esta surge a partir de la vivencia en el territorio nacional y de la educación. Así se conoce la historia y la cultura y por ende nuestras tragedias políticas y sociales. No obstante, el fútbol puede ayudar a reforzar esa identidad

Una tercera idea es que el deporte en general debe ser entendido como un motor de oportunidades para la juventud, especialmente aquella que proviene de sectores populares. El Estado debe apoyar el deporte no solo con parafernalias para los Juegos Panamericanos, sino con inversión en infraestructura y capital humano.

A partir de la idea de la base de la nacionalidad es que podemos desprender una cuarta lección. Líneas arriba, mencionábamos que Gareca recuperó el clásico estilo de juego peruano. La genética de la que hablaba Menotti hace cuatro años. “Ese fútbol de sabor tan nuestro” como cantaba hace años José Escajadillo. En el plano político, el cambio social parte de recuperar nuestro pensamiento nacional, libre de utopías que solo se basan en la institucionalidad y no en la justicia social. Tenemos fuentes como González Prada, Mariátegui (el Amauta), Haya de la Torre, Basadre, Arguedas, Valcárcel. Con sus ideas, basadas en la realidad nacional, podemos encontrar un camino propio para que el Perú sea un país que incluya a todos los peruanos sin excepción.