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Una publicación de la asociación SER

Teresa Gisbert y la formación de la cultura mestiza colonial andina.

Este lunes 19 de febrero ha fallecido en La Paz la reconocida historiadora del arte boliviana Teresa Gisbert Carbonell (1926-2018).  Su larga vinculación con los estudios andinos, no solo de su país sino del Perú también, tomó forma en tres libros fundamentales, ‘Iconografía y mitos indígenas en el arte’ (1980), ‘El paraíso de los pájaros parlantes’ (1999) y la compilación ‘Arte, poder e identidad’ (2016).  Como breve homenaje presentamos aquí un extracto de sus ideas sobre la cultura colonial en los Andes.

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“La cultura indígena sobrevivió a la conquista, a través de su lengua, sus costumbres y su estructura conceptual, durante los tres siglos de virreinato, dentro de los esquemas impuestos por el nuevo sistema. […]

“[…] la religión [indígena] … se trató de extirpar por considerarse idolátrica, éste era el paso obligado para la cristianización tal como la entendía la intolerancia propia del siglo XVII.  En el siglo XVI la inestabilidad propia de las guerras debidas tanto al levantamiento de Manco II como las luchas entre los conquistadores, no permitió encarar el problema religioso en profundidad; más, teniendo en cuenta que en este primer momento la ayuda indígena era absolutamente indispensable a los españoles, no sólo en las guerras sino como fuerza de trabajo y como conocimiento del territorio, incluyendo la entrega de minas que luego fueron ampliamente explotadas.  El problema plantea de manera terminante la Extirpación de la Idolatría, que después de una serie de tentativas se resuelve, a partir de 1610, en verdaderas campañas represivas [en el Arzobispado de Lima].

“[…] Si bien la población india en su integridad mantiene las costumbres y algunas expresiones propias de su cultura, son sus dirigentes, los caciques, los depositarios de las tradiciones, sobre todo después de que se recluye a los "hechiceros" que eran quienes tenían a su cargo la continuidad del antiguo culto prehispánico, acertadamente dice [Luis] Millones que: "La pieza clave para el mantenimiento de la religiosidad aborigen fue el curaca".  Los caciques eran los únicos que podían asumir el papel de conservadores, más o menos solapados, de los valores indios.  La alianza de muchos de ellos con los conquistadores y la franca ayuda que les prestan, los convierten en piezas indispensables del sistema colonial. […]

“[…] Los caciques, tantas veces vituperados como eficientes instrumentos de la opresión; al ser el nexo, voluntario o no, entre españoles e indios son los que alientan una cultura mestiza que materializan pagando la construcción de las Iglesias, encomendando lienzos y pinturas murales, haciendo tejer ropa y labrar plata para su servicio.  Los españoles tienen que tolerar a la 'Virgen-Pachamama' de Potosí; la imagen del puma, adorado en la Isla Titicaca, decorando la Iglesia de Pomata; a las mujeres-peces amantes del dios Tunupa representadas en las portadas de las iglesias de Puno y San Lorenzo de Potosí.  El barroco, afecto a lo raro, exótico y monstruoso, permite eso y mucho más.

“Son las condiciones de la convivencia entre indios y españoles las que crean una nueva cultura mezcla de elementos europeos y americanos donde el problema religioso tiene un papel importantísimo.  No faltan, entre los intelectuales del virreinato, quienes tratan de dar un fundamento teórico a esta simbiosis, ahí están los agustinos Calancha [en 1638] y Ramos [en 1621], ambos oriundos del ande, para explicar por qué la Virgen es una montaña y el dios colla Tunupa es un apóstol de Cristo.  Allí está Avendaño [en 1649] diciendo que Pachacamac es el nombre indio del Creador cristiano, y que el Sol, tal como un Inca lo había predicho, es solamente una criatura de Dios.

“El ensamble cultural se hace a través de los doctrineros y de los caciques que son quienes expresan el sentimiento de tantos indígenas.  Los autores materiales de las obras de arte que ejemplifican el mestizaje son los propios indios, como lo dice Arzans [en 1724] cuando explica la ejecución de la portada de San Lorenzo de Potosí y como lo testifican los múltiples contratos de los pintores cuzqueños, pero los inspiradores intelectuales son los caciques y los doctrineros.

“[…] Ese espíritu tan ligado a la religión es algo que los doctrineros inculcaron a lo largo de siglos y aunque quedaran resabios y fuertes de las antiguas religiones, estas quedaron como algo relacionado con las costumbres, tales como la ceremonia para alejar el granizo que describe Guaman Poma [en 1615] y que aún perdura en la Isla del Sol [en el lago Titicaca], o el culto a la Pachamama antes de la siembra y cuando se entierra un sullu (feto de llama) en las casas.  En fin, los ejemplos son innumerables pero hasta hace muy pocos años no se consideraban propiamente un culto sino una costumbre; como tales fueron tolerados estos ritos y pervivieron junto a un catolicismo afecto a las ceremonias extrañas y vistosas, muy del gusto barroco. […]

“La forma como fue introducida la religión, si bien tuvo su lado duro en la "extirpación de idolatrías", buscó una compensación aceptando que los antiguos dioses se transformaran en santos y penetraran en las Iglesias; tal es el caso de Tunupa y San Bartolomé, o el Illapay Santiago, por mencionar·sólo los casos más conocidos.

“Los doctrineros no dejaron pasar la ocasión de mostrar la inclusión de lo indígena en la nueva religión.  El ejemplo más claro es el cuadro de la "Adoración de los Reyes Magos a Jesús Niño".  Para los católicos esta escena representa la participación de los gentiles, los no cristianos, en la redención de Jesús; allí se muestra la participación de todos los pueblos y todas las razas.  Aunque está muy discutido el número·y nombre de los Reyes Magos a través de las varias versiones de los evangelios apócrifos, en el siglo XVII se aceptaban sólo tres Reyes, un negro, un blanco y un cobrizo.  Los jesuitas de Juli a través del pintor Diego de la Puente (activo entre 1630-1663) sustituyen al rey cobrizo por un Inca.

“Se conocían dos cuadros de esta temática existentes en pueblos del lago Titicaca, llave y Juli, inspirados en una tabla de hacia 1505 existente en la Catedral de Viseu (Portugal) donde uno de los Reyes Magos es un indio Tupi-Guaraní de la zona de Paraguay.  Los jesuitas sustituyen al guaraní por un Inca.  A estos cuadros hay que sumar un tercero descubierto recientemente en Arequipa.  De manera que una temática que parecía muy restringida adquiere vigencia en una zona donde estaban activos caciques importantes […].  Estos lienzos creaban un compromiso visual entre los indígenas y los nuevos dogmas.

“[…] Se dice que en el Convento de Urquillos [Cuzco] había una pintura mural representando el Cerro de Potosí, pero de ella no queda más que un informe oral; lo que sí hemos encontrado es la representación del Cerro de Potosí y la ciudad de Lima ligados por la figura de San Francisco Solano [n.1549-m.1610], santo franciscano que desde Lima viajó hasta las lejanas tierras de Tucumán.  Solano sostiene el Nuevo Mundo sobre sus hombros (Novis Orbis) y a sus pies hay dos angelitos que enlazan el Cerro de Potosí con la ciudad de Lima, identificados con sus respectivos letreros latinos.· La pintura fué hecha en Cuzco y está en el Coro de la Recoleta Franciscana de esa ciudad que era punto intermedio entre Lima y Potosí. […]

“[…] Hoy sabemos que muchos dioses prehispánicos pasaron a la decoración barroca de las Iglesias tal como ocurre con el mono, adorado como sustentante de los edificios, el puma, el sol (inti) y la luna (quilla), y las sirenas, Quesintuu y Umantuu, criaturas del dios acuático Copacabana y funestas amantes del dios Tunupa.  Sabemos también que la Pachamama se materializó en obras pictóricas al igual que el propio Tunupa quien sobrevivió en apariencia de apóstol de Cristo, y el dios del rayo Illapa que llega hasta nosotros a través de innumerables esculturas bajo la apariencia de Santiago Apóstol. […]

“La arquitectura y los textiles comparten ciertos símbolos, como la sirena, el mono, el águila bicéfala y aun el Sol (aunque éste en la textilería tiene una forma diferente). […] la sirena, elemento típico del "arte mestizo" sobre todo en la zona del lago Titicaca. […]  Sin duda el arte textil fue el vehículo que cacique e indígenas en general utilizaron, no sólo para expresarse sino para trasmitir la cultura de su mundo ideológico sumergido dentro del sistema colonial”.

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Tomado de: Teresa Gisbert, "Los curacas del Collao y la conformación de la cultura mestiza andina", en: Hiroyasu Tomoeda y Luis Millones, eds. 500 años de mestizaje en los Andes. Osaka: National Museum of Ethnohistory, 1992.Senri Ethnological Studies, no. 33, pp. 52-102.

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