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Una publicación de la asociación SER

Testimonios para la memoria

La reconstrucción y recuperación de la memoria de nuestros pueblos constituye una parte sustancial de sus vidas y de su propio desarrollo, más aun cuando esos procesos encierran realidades que deben mostrarse y expresarse para curar heridas, resolver tensiones y vincular a las personas en un camino común para construir futuro. Es una suerte de búsqueda de “un entendimiento de las ausencias, olvidos, silencios y secretos”, como señala Karen Bernedo.

La memoria colectiva según Ricoeur consiste “en el conjunto de huellas dejadas por los acontecimientos que han afectado al curso de la historia de los grupos implicados que tienen la capacidad de poner en escena esos recuerdos comunes con motivo de las fiestas, los ritos y las celebraciones públicas”. La memoria se evidencia de esta manera a través de las creaciones humanas, contribuyendo también a generar conciencia en la sociedad sobre diversas situaciones de injusticia, pero también compartiendo momentos de alegría y realización a través de manifestaciones artísticas. No se trata de mostrar lamentos y penas sino situaciones reales de vida que combinan los diversos momentos que los artistas viven en sus correspondientes entornos culturales.

Una de estas expresiones la constituye la arpillería, técnica artística considerada como arte popular contemporáneo y como artesanía, que surgió en las zonas rurales de Chile en los años 60, consistente en la utilización de pedazos de tela para  configurar ya sea paisajes, costumbres, cuentos y rituales que se cosen o tejen sobre una tela rústica[1]. Por la forma del trabajo artístico la técnica de la arpillera es asumida, sobre todo, por mujeres, lo que le otorga una connotación especial.

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Así como en la época de la dictadura chilena la arpillería fue considerada como un medio artístico para mostrar y denunciar violaciones a los derechos humanos, igualmente en el Perú, las mujeres artesanas expresaron en estas telas sus vivencias relacionadas con la violencia ocurrida durante el conflicto armado entre los años 80 y 90. Transcurridos estos años, las mujeres arpilleras no solo recuerdan su pasado sino que comparten sus formas de vida y sus expectativas de cambio, plasmando mediante este arte su visión de futuro. El recuerdo se esta manera no se muestra inmóvil o pasivo sino por el contrario expresa resistencia, aspiraciones, deseos de transformación, desde una expresión artística que puede parecer muy simple, infantil, pero con un profundo sentimiento popular capaz de hacer recordar y de ayudar a crear identidad comunitaria. No se trata solo de exigir el derecho a cerrar con actos de rectitud los dramáticos momentos de violencia sufridos por las poblaciones mayormente rurales, sino mirar hacia adelante con optimismo y valoración de la justicia social y la equidad como aspiraciones sociales.

Como bien señala Bernedo “la memoria social es aquel pasado compartido que se requiere para el orden social en el presente”. Y es así como también se ha venido promoviendo en el Perú esta técnica artística como medio para la creación y el reforzamiento de memoria colectiva.

De allí que cabe resaltar una serie de esfuerzos por promover y difundir este arte, tal como hace poco lo hizo la Escuela de Bellas Artes, apoyando la capacitación de hombres y mujeres para adquirir destrezas de la técnica de la arpillería en el marco de la valoración cultural y social que estamos compartiendo respecto a la memoria colectiva de los pueblos.

Ahora más que nunca se necesita que contemos con mayores manifestaciones culturales que refuercen la identidad y hagan más vigentes los derechos de las poblaciones, que no solo se han visto afectadas por los escenarios de violencia, sino que en muchos casos esos actos se han justificado cuando han provenido de las esferas del Estado. El ejemplo de creación artística de las mujeres arpilleras debiera extenderse como un importante aporte a la construcción de valores democráticos y de ciudadanía en el país. Más aun cuando se acercan las elecciones presidenciales de segunda vuelta y uno de los partidos políticos en pugna posee un claro antecedente de violación a los derechos humanos, corrupción e irreverencia frente a la institucionalidad y la participación social.


[1]Dicha tela se usaba en esos años para guardar papas cuyo nombre es arpillera y de allí viene la denominación a este arte.