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Una publicación de la asociación SER
Economista. Egresado de la Maestría de Gerencia Social de la PUCP. Consultor y Especialista en Manejos y Gestión de Conflictos Socio-ambientales y Desarrollo Local

¿Tía María va?

Era evidente que la decisión del gobierno de otorgarle la licencia a Tía María iba a impactar a importantes proyectos en el sur que están en proceso de construcción e incluso a las unidades mineras que están operando desde hace años, incluyendo las de la misma empresa propietaria del proyecto Tía María.

No se necesitaba una varita mágica ni una bola de cristal para saber que, una vez que el gobierno le otorgara la licencia de construcción a Southern Perú, se iba activar una movilización social con secuelas letales fáciles de predecir por la experiencia pasada con este proyecto y que se comienza a repetir.

Pruebas y hechos al canto: La paralización indefinida del sector más politizado del Valle de Tambo a partir del día lunes 15 de julio, que se espera sea ratificada por los alcaldes y las juntas de usuarios de toda la provincia; el pronunciamiento público de las autoridades locales de toda la región Arequipa rechazando el otorgamiento de la licencia de construcción a Tía María y responsabilizando al presidente Vizcarra por lo que pueda ocurrir posteriormente; la auto convocatoria de los gobernadores de Moquegua, Tacna y Arequipa donde evaluarán acciones para bloquear la decisión tomada por el gobierno; la activación de los frentes de defensa en el sur del Perú que reaparecen en cada conflicto que se presenta y cuya agenda es exigir la vacancia del presidente, haciéndole juego al fujiaprismo; y finalmente -lo más sano de todo este conflicto- la solidaridad de los pueblos de la Macro-región Sur.

Lo curioso es que se pudo tomar otro camino para legitimar el proyecto Tía María ya que el vencimiento del Estudio de Impacto Ambiental pudo ser una oportunidad para rehacer el estudio y volverlo a presentar, explicitando el levantamiento de las 138 observaciones presentadas por el UNOPS, que la población tanto reclama y de las cuales los sectores contrarios a la actividad minera se agarran para oponerse al proyecto de Southern Perú.

Paralelamente a este proceso Southern necesita revertir la imagen negativa, la desconfianza y el miedo que tiene la población a ser impactada ambientalmente. Sobre ello tiene que trabajar duramente si quiere que el proyecto Tía María sea aceptado por la población del Valle de Tambo.

Queda claro que la inversión social es una condición necesaria pero no suficiente, además que esta inversión debe ser de impacto y en función de las necesidades más sentidas de la población. Por ejemplo, retomar la idea de la represa que iban a construir -antes que se tomara la decisión de desalinizar agua de mar para fines mineros- y ofrecerla para la ampliación de la frontera agrícola destinada para los trabajadores de la tierra sería una medida bien recibida por ese sector de la población que se movilizó en contra del proyecto Tía María.   

Los gestos son claves en el proceso de construcción de confianza, en ese sentido la propuesta de Ricardo Giesecke de construir un sistema de verificación constante con participación ciudadana en el control y el monitoreo del cumplimiento de las medidas de mitigación para reducir los impactos ambientales, así como la creación de un fideicomiso de garantía y de fácil ejecución frente al incumplimiento de los compromisos se convierten en los ejes fundamentales para la viabilidad del proyecto Tía María.

Yo que Southern renunciaría a la licencia de construcción y empezaría de nuevo, no hacerlo es inviabilizar Tía María y convertirlo en un nuevo Conga.