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Una publicación de la asociación SER

Tito Flores y el estudio de los movimientos campesinos

Hace 40 años el Perú se encontraba gobernado por una junta militar presidida por el General Morales Bermúdez.  Era la llamada “Segunda Fase” (1975-1980) del autoproclamado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas.  El aislamiento político del gobierno en 1977 había forzado a los militares a iniciar un proceso de “retorno a la democracia”, que incluyó la convocatoria a elecciones para una Asamblea Constituyente en 1978.  Ya habían pasado los años más radicales de la “Primera Fase” (1968-1975), encabezada por el General Velasco Alvarado.  La Reforma Agraria decretada el 24 de junio de 1969, que sentó la pauta del radicalismo militar de inicios de la década del 70, venía siendo poco a poco desmantelada por los militares más conservadores de finales de esos años.

En este contexto de grandes cambios promovidos desde el Estado, el progresista Instituto de Pastoral Andina del Cusco publicaba su legendaria revista de estudios sobre el Sur Andino peruano, ‘Allpanchis Phuturinqa’.  Durante algunos años a mediados de aquella década, el editor de la publicación fue el joven historiador Alberto Flores Galindo (1949-1990).

En 1978, Tito Flores coordinó el número 11-12 de la revista, dedicado al tema monográfico de los “Movimientos Campesinos”.  Además de escribir la “Presentación” (pp. 3-5), contribuyó con un artículo titulado “Apuntes sobre las ocupaciones de tierras y el sindicalismo agrario, 1945-1964” (pp. 175-185).  Han pasado cuatro décadas desde entonces y, como se verá a continuación, las ideas y propuestas metodológicas de Flores Galindo no han perdido un ápice de vigencia.  Siguen constituyendo un proyecto de investigación digno de ser proseguido en la actualidad.

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Presentación: “Desde el siglo XVI hasta el siglo XX, desde la conquista española (o la invasión europea) hasta la actual Reforma Agraria, los movimientos campesinos han venido convulsionando periódicamente el área andina.  En el Perú, en la mayoría de los casos, han sido sólo motines localizados en los que la espontaneidad dominante ha restado permanencia o efectividad al levantamiento.  En otras ocasiones las revueltas se han propalado en toda la región.  No han faltado tampoco los levantamientos de mayor envergadura que movilizando a grandes masas campesinas han cuestionado sustancialmente las estructuras dominantes en el agro peruano.  Los movimientos campesinos manifiestan la protesta y la irritación que generan ordenamientos sociales que los campesinos consideran injustos; pero también, con el claro lenguaje de la praxis, muestran ciertas concepciones del mundo, los elementos de una determinada cultura, que alienta o posibilita esas rebeliones.  De esta manera, los movimientos campesinos son un componente significativo del campesinado peruano y el estudio de esos acontecimientos nos puede permitir acercarnos por otra vía al conocimiento de ese mismo campesinado”. [p. 3]

“De diversas maneras, en las colaboraciones recibidas [para la revista], queda manifiesto el propósito de superar la simple narración o descripción de acontecimientos.  Los movimientos campesinos deben ser explicados, para lo cual se requiere determinar los elementos que articulan a la movilización campesina con la coyuntura y la estructura de una determinada sociedad.  Los factores que intervienen en la explicación de un movimiento no son exclusivamente económicos.  Es evidente que los cambios en la producción, las fluctuaciones de los precios, la renta [= cobros de propietarios privados] o las cargas tributarias [= impuestos al Estado] afectan directamente a las grandes masas campesinas.  Pero intervienen también factores de otra índole como el crecimiento demográfico y las migraciones, las bruscas variaciones climáticas con sus correlatos inevitables de heladas, sequías o inundaciones, las epidemias, las guerras y las crisis políticas.  Además, nada de esto actúa mecánicamente sobre los campesinos.  Aunque dominados y explotados, ellos son también portadores de una cultura que da sustento a sus rebeliones y que debe ser igualmente estudiada”. [pp. 4-5]

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Las banderas como símbolo: “Las ocupaciones de tierras fotografiadas por periodistas, la policía o funcionarios de las empresas, muestran largas columnas de campesinos, familias enteras, que marchan acompañados por su ganado y blandiendo banderas nacionales [del Perú].  Las banderas podrían ser un detalle aparentemente intrascendente sino se tiene en cuenta que años atrás, a principios de siglo [entre 1904-1917 en Puno], el campesinado ignoraba por completo ese símbolo.  Es por esto que las banderas impresionaron a[l periodista] Hugo Neira, cuando realizaba un lúcido reportaje de las ocupaciones de tierras en el Cusco (1964).  «¿Por qué tantas banderas?» --preguntó Neira--, «cada bandera es un barrio, un distrito, contaron»”. [p. 182]

“Las banderas son acompañadas por la música del himno nacional.  En algunos casos se trata de encontrar un terreno común de negociación, también es una manera de querer sortear a la represión.  Conviene reiterar lo dicho sobre el carácter pacífico de estas ocupaciones: la posibilidad de discutir y negociar nunca es dejada a un lado”. [p. 182]

“Pero no es sólo una táctica.  Se trata de la incorporación en el mundo campesino de un componente ideológico creado por las clases dominantes (el nacionalismo), que nunca fue visto con muchas simpatías por esa misma clase dominante.  Los campesinos (al igual que los pobladores de barriadas en las ciudades de la costa) hacen suya la bandera y la emplean como instrumento de lucha”. [p. 182]

“Hay una coherencia entre el despliegue de banderas (en las marchas, los mítines, las ocupaciones) y el intento de incorporar consignas y objetivos de otros sectores sociales.  En un mitin campesino ocurrido en Sicuani, Neira observa que «los volantes trataban de atraer al público urbano.  Una "reforma urbana", destinada a abaratar el precio de los alquileres, andaba en preparación...».  En otro mitin, de manera más evidente, las consignas reclaman y exigen «...libertad para sus presos políticos, reforma agraria inmediata, tierra gratuita a los campesinos, voto a los analfabetos», etc.  Los slogans ruralistas se mezclan a los slogans de un tono político más general y nacional: «petróleo para el Perú», «abajo el anti-imperialismo» (sic).  Influencia nítida del nacionalismo que por entonces emergen en las capas medias (lucha por el petróleo, etc.)”. [pp. 182-183]

“Los campesinos buscaron, de varias maneras, el apoyo de otros sectores sociales.  No encontrar ese apoyo fue decisivo.  La movilización, a pesar de los esfuerzos desplegados, persistió aisladamente campesina y, como tal, no pudo derivar en una revolución”. [p. 183]

“Este nacionalismo campesino se explica, entre otras razones, porque algunos de los enfrentamientos más duros fueron contra la División Ganadera de la Cerro de Pasco, una de las mayores negociaciones ganaderas del país, articulada a una gran empresa minera norteamericana.  El nacionalismo supo tener rasgos anti-imperialistas y a ambos se terminaron sumando, en un segundo lugar, elementos de la cultura indígena, como el recuerdo enaltecedor de la civilización incaica y la tradición de luchas agrarias: la memoria histórica dio sustento a la conciencia nacional”. [p. 183]

“La nación y el nacionalismo dependen, como lo ha argumentado Pierre Vilar, de la clase que plantea el problema.  Resulta comprensible que el nacionalismo y “viejos símbolos burgueses” como las banderas, acabaran redefinidos al interior de la movilización campesina y de esa manera adquirieran todo un ímpetu radical como consecuencia precisamente del escaso (o inexistente) nacionalismo de las clases dominantes”. [p. 184]

“Las ocupaciones de tierras y el sindicalismo agrario tuvieron --como hemos querido esbozarlo en las páginas anteriores-- contenidos campesinos y nacionales, puestos de manifiesto en la ideología, los objetivos y las tácticas empleadas.  Persisten, aunque ya no en lugar preponderante, los rasgos étnicos.  Explicar estos significativos cambios exige determinar las articulaciones existentes entre los movimientos campesinos y la estructura social: interesaría especialmente referirse a la penetración del capitalismo en el campo, la conformación de un mercado interior, las migraciones, procesos que confirieron movilidad al campesinado, ampliaron sus posibilidades de conciencia a la vez que fueron articulando los diversos espacios que componían al territorio peruano”. [p. 184]

 

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