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Una publicación de la asociación SER
Nacido en Chanchamayo. Estudió Ciencia Política en la Universidad de San Marcos y Periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza. Es consultor y editor.

Un cuartel, un pueblo, una ciudad: La Merced, a 150 años de su fundación

El 24 de setiembre del presente año la ciudad de La Merced —capital de la provincia de Chanchamayo— conmemora su 150° aniversario de fundación. Una ciudad que tuvo un rol protagónico en el avance socioeconómico y político de la selva central del Perú, pero que en las últimas décadas viene sufriendo problemas de carácter urbanístico, expresados en la carencia de recursos y servicios, de planes de desarrollo y de inversión pública y privada.

Un 24 de setiembre de 1869 el coronel del Ejército peruano José Manuel Pereira Palomino trazó las calles y lotes de la flamante localidad de La Merced en un terraplén que domina el río Chanchamayo en 50m de altura aproximadamente. El coronel Pereira reservó los terrenos para la plaza, la iglesia, la comuna; pero fundamentalmente para el cuartel —en el que cabían 300 hombres— desde donde se custodiaba, de las amenazas y ataques indígenas, el avance de la colonización foránea: habitantes, chozas, almacenes, siembra y ganado. Así, según la apreciación del mismo fundador, La Merced fue concebida como un fortín, una posición militar, un lugar estratégico más que como un pueblo… y los problemas llegarían una centuria después.

Durante el resto del siglo XIX, La Merced fue escalando en orden de importancia respecto a otras localidades de la zona; la presencia de una colonia europea, predominantemente italiana, ayudó a conglomerar a una población, la cual aceleró el cubrimiento de necesidades como educación, salud, mercado, etc. A partir del siglo XX, oficializada como la capital del distrito de Chanchamayo, La Merced se convirtió en el eje nodal no solo del distrito, sino de Perené, Villa Rica, Oxapampa y Satipo; el naciente espacio regional de la selva central, que ha sido estudiado por los antropólogos Frederica Barcay y Fernando Santos en el libro Órdenes y desórdenes en la Selva Central. Historia y economía de un espacio regional. Una región que basó su economía en la producción del café, cuyo auge llegó en los años sesenta y setenta con la constitución de cooperativas agrarias cafetaleras, todas ubicadas en el pueblo de La Merced, por lo que se ganó el nombre de «La capital cafetalera del Perú».

En 1969 en la celebración por el primer centenario de fundación, los mercedarios vivían un ambiente de progreso: se vendieron, a pesar de la resistencia inicial de los propietarios, los terrenos del centro del pueblo para la construcción de viviendas; se instaló las primeras redes de agua y alcantarillado; se abasteció por completo el servicio de luz; se asfaltaron las calles principales; se abrieron nuevas vías de acceso; mejoró la infraestructura educativa y de salud, se abrieron sucursales de los principales bancos del país; etc. Por otra parte, este repentino desborde poblacional trajo consigo problemas de abastecimiento, orden y limpieza, como bien lo anota el padre franciscano Dionicio Ortiz en su importante obra de dos tomos Chanchamayo. Una región de la selva del Perú.

Ya como ciudad, La Merced, 150 años después de su nacimiento, ha visto redefinido su papel en la selva central. En el aspecto positivo, es la ciudad, junto a San Ramón, que cuenta con los mejores servicios e infraestructura sobre todo en el sector turismo —actividad económica que en los últimos 25 años viene teniendo un importante crecimiento—. Asimismo, La Merced es sede de las principales instituciones circunscritas a la selva central como el Proyecto Especial Pichis Palcazu (PEPP), Foncodes, Corte Superior de Justicia de la Selva Central, Universidad Juan Santos Atahualpa, Derrama Magisterial, entre otros; y centros médicos con mejor categorización, siendo estos, el hospital del Minsa Julio Demarini y el hospital de EsSalud Hugo Pesce. A pesar de que esta ciudad dejó de ser la más poblada de la selva central, superada, por ejemplo, por Villa Perené, Bajo Pichanaqui y Satipo, su importancia ya no es demográfica sino administrativa. En efecto, en las últimas décadas La Merced ha consolidado la función de ser la «capital administrativa» de la selva central, incluso sin el peso social, económico y político que, muchas veces, se requiere.

Sin embargo, la ciudad sufre graves problemas urbanísticos. En primer lugar, el déficit habitacional, debido a su geografía, La Merced ya no puede crecer horizontalmente, la falta de vivienda ha propiciado la invasión de terrenos en riberas de ríos y cuestas de cerros, que son lugares con alta vulnerabilidad.  A su vez, no cuenta con centros de abastos surtidos, amplios e higiénicos; el más representativo, el mercado El Óvalo, ubicado a dos cuadras de la plaza principal, acaba de ser clausurado por la Municipalidad Provincial de Chanchamayo, por su frágil infraestructura que atenta contra la seguridad y salud de los pobladores. La Merced es el núcleo del servicio de transporte de la selva central, su oferta incluye Lima, Huancayo, Huánuco, Pasco, la sierra central y los más alejados distritos de Satipo y Oxapampa; sin embargo, la demanda ha excedido la infraestructura del único terminal terrestre privado, por lo que alrededor de este se establecieron focos de informalidad.

Existen otros problemas: el colapso de la red de agua y alcantarillado de hace 50 años; los cortes intempestivos del servicio de luz; el ordenamiento del tránsito de vehículos menores; el aumento de la delincuencia en zonas marginales de la ciudad; la falta de sinceramiento en los precios de los servicios turísticos; la falta de espacios para la cultura; y otros más que deben promover espacios de debates y acuerdos entre las autoridades, funcionarios, empresarios, sociedad civil organizada y pobladores para diseñar la visión de ciudad que se quiere. Y esto se debe realizar en un proceso de Zonificación Ecológica y Económica, enmarcado en la política de Ordenamiento Territorial, donde la participación sea masiva e inclusiva, el consenso prevalezca, y que, sin duda, difiera de los anteriores procesos y diagnósticos elaborados por el Gobierno Regional de Junín y la Municipalidad Provincial de Chanchamayo, que no tomaron en cuenta la opinión de los pobladores, quienes son los que finalmente conocen el territorio y viven el día a día con las virtudes, problemas y carencias de la ciudad.