Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Un gobierno de bajada, pero con margen de juego

Foto: Presidencia de la República

José López Ricci

De acuerdo a la reciente encuesta de Ipsos Perú publicada en Perú 21, bajan en su aprobación todas los poderes y autoridades sondeadas. Entre la pandemia y la reactivación económica, era de esperarse. Si bien no son tendencias definitivas, bien vale prestarles atención. Más aún, desde Palacio de Gobierno, donde -se dice- son muy afectos a las encuestas de opinión pública.

Una pandemia con cifras que crecen inmisericordes, con anuncios gubernamentales de “mesetas” que no se vislumbran con claridad, con un confinamiento que inquieta, con escenas cotidianas que renuevan las antiguas miserias del sistema de salud, con corruptos y usureros medrando a costa tanto de la vida de los infectados como con los medicamentos, el oxígeno, los equipos de protección personal, las pruebas rápidas y moleculares.

Sin mucha imaginación ni principio de realidad, la reactivación económica es ancha para pocos y angosta para la mayoría, como se expresa en el rescate financiero y el nulo respeto a los derechos laborales. Se privilegia lo formal y se deja de lado nuestra masiva y críptica informalidad. Los procedimientos complican más que facilitan. Los bonos no llegan a todos o llegan tarde. No hay empatía con el necesitado y desesperado ni voluntad para mirar bien abajo y lejos, a los pobres y a los últimos rincones de nuestra sierra y Amazonía.

El presidente Vizcarra registra una baja de 10 puntos (de 80 a 70%), la más alta en este período de emergencia sanitaria. Su gobierno cae en 13 puntos (de 65 a 52%). Los ministros escrutados corren la misma suerte: bajan 13 puntos tanto la ministra de Economía (de 72 a 59%) como el ministro de Salud (de 54 a 41%). La ministra Alva, la de mayor simpatía en el gabinete, cuyas declaraciones de buena intención no se condicen con la realidad, empieza a despertar dudas y cuestionamientos. El ministro Zamora, más fogueado y asentado, lidia todos los días con factores adversos dentro y fuera de su sector, aparece reactivo y proactivo, pero con una “sala situacional” que no termina de respaldarlo y con la necesidad de procesar ajustes urgentes para salir de una estrategia sanitaria anclada en lo hospitalario.

La factura también la pagan los otros poderes del Estado. El Congreso de la República, con mucho ruido populista y swing mediático, ha pasado del 52 al 45% sin configurar aún una tendencia a la baja. Mientras el Poder Judicial, aún en cuarentena y trabajo remoto, baja de 37 a 29%. La encuesta incluye al alcalde Jorge Muñoz, muy presente en estos últimos días -aunque no tanto como el victoriano Forsyth- por el masivo desborde de venta ambulatoria en las calles aledañas al conglomerado de Gamarra y la Av. Grau, quien baja ligeramente de 56 a 54%, en el margen de error estadístico.

Vizcarra y su gobierno aún gozan de una importante aprobación ciudadana, entre los top de la región y mejor que otros presidentes nativos en el mismo tiempo de gobierno y sin pandemia. Y no tiene al frente una oposición fuerte, articulada ni legitimada, con liderazgos competitivos a la vista. Con el capital político acumulado le queda margen para ajustes y quizá para correr riesgos con nuevas apuestas. Entre ellas, y como muchos analistas vienen sugiriendo, mejorar su estrategia comunicacional, que ya se agotó en forma y fondo. Se necesita en esta nueva etapa de la pandemia mayor liderazgo de los ministros en los sectores vinculados a la reactivación económica, empezando por involucrar activa y creativamente a los distintos actores públicos y privados, a la ciudadanía en la construcción de una nueva -y se espera, distinta- “normalidad”.

Hay que encarar en serio y a fondo la “informalidad” y también la ruralidad. De manera multisectorial, intersectorial, intergubernamental, multidisciplinaria. Es urgente abrir distintos espacios (ya ocurrió con el Minsa en la lucha contra la pandemia) como el de comisiones de expertos, mesas de trabajo con los distintos agentes económicos organizados (y no principalmente CONFIEP o la Sociedad de Industrias y los agroexportadores), canales para escuchar y considerar la voz de peruanas y peruanos que pueden y quieren aportar, aún en la sobrevivencia y al borde de la desesperanza.

Invierta bien su capital político Señor Presidente, mirando más allá de las urgencias y las presiones de los poderes fácticos. Se lo agradeceremos los de esta combi llamada Perú.