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Una publicación de la asociación SER

Una década de política puneña

Con la recuperación de la democracia y el inicio del proceso de descentralización, una serie de nuevas reglas políticas – formales e informales – reemplazaron progresivamente a las que rigieron en las regiones durante la década fujimorista. En este nuevo periodo, el hito político más significativo en el departamento de Puno fue el conflicto ocurrido en Ilave, en año 2004[1]. Tal hecho desnudó todas las limitaciones estatales para atender las demandas del pueblo puneño, en general, y de la población de la provincia de El Collao, en particular.

Fue mientras se daban tales circunstancias, cuando se publicó el primer número de la revista Cabildo Abierto, con el objetivo de analizar la dinámica política, social, cultural y económica del Altiplano. Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente, aunque subsiste esa visión de un Puno siempre imprevisto. A contracorriente de tal interpretación, en el presente artículo reseño algunas tendencias y continuidades, con la intención de dar un marco de análisis que vaya más allá de la coyuntura.

1. El elenco estable

Un primer elemento a resaltar es la persistente participación electoral, durante este tiempo, de un grupo de actores (redes políticas) que, independientemente de los movimientos regionales con los que aparecen en cada elección y del porcentaje de votos que logran, forman una suerte de elenco estable de la política puneña. Entre estos destacan los ex-pumistas, liderados por Alberto Quintanilla; los antiguos partidarios del FRENATRACA, que acompañan a Juan Luque; los laicos de la Iglesia Católica puneña, articulados alrededor de Mauricio Rodríguez, y los activistas aymaras (tanto los que siguen a Hugo Llano, como los que apoyan a Walter Aduviri). A ellos se suman otros políticos, como el ex alcalde Luis Butrón, el actual congresista Mariano Portugal y el ex presidente regional Hernán Fuentes, acompañado de su hermano Isauro.

Ante la ausencia de partidos e independientemente de sus particulares posiciones, estos grupos dan cierta continuidad y estabilidad a la política en el altiplano. Asimismo, su presencia en el escenario está garantizada por el acceso a ciertos recursos y espacios, como medios de comunicación radial y televisiva, ONGs, organizaciones sociales e inclusive a una universidad, como lo muestra el caso de Juan Luque.

2. El péndulo político

Un segundo aspecto que salta a la vista con los recientes resultados electorales es el péndulo político Puno-Juliaca en la presidencia regional. En efecto, más allá de que hasta el momento ninguno de los presidentes regionales haya nacido en estas ciudades[2], todos los que resultaron electos han tenido su base de apoyo político principal en Puno o en Juliaca, por lo que podría afirmarse que la presidencia va alternándose entre ambas ciudades David Jiménez (Puno) – Hernán Fuentes (Juliaca) – Mauricio Rodríguez (Puno) – Juan Luque (Juliaca).

Cabe agregar que este péndulo político no sólo da cuenta del peso electoral de estas dos urbes o de la tradicional rivalidad que aún existe entre ambas, sino que también evidencia la limitación de los grupos políticos cuyo apoyo mayoritario está en las otras provincias y en las zonas rurales. Simplificando, podría decirse que los presidentes regionales son los que hacen política desde la ciudad del lago o la ciudad de los vientos.

3. Los límites del aymarismo

El potencial político de los grupos que sostienen como principal reivindicación la pertenencia étnica parece haber alcanzado su techo electoral a nivel regional con la candidatura de Walter Aduviri. Como se recuerda, tras la crisis de Ilave, se produjo un fortalecimiento del discurso étnico aymarista, que fue utilizado exitosamente por diferentes personajes para entrar a la arena política. Sin embargo, las victorias aymaristas sólo han llegado al nivel provincial. Entre las razones para ello está el hecho que la cantidad de votantes aymaras es menor a la del resto de electores y, por tanto, su apoyo es insuficiente cuando se trata de procesos regionales. A todo este panorama se agrega el que, hasta el momento, los políticos aymaristas y sus mentores no han hecho esfuerzos serios para superar su aymara-centrismo y su afán de mirar hacia el otro lado de la frontera, antes que a sus paisanos quechuas del norte de la región. En un departamento como Puno, donde la diversidad cultural es parte del quehacer cotidiano, las preferencias electorales mayoritarias no han sido las que tienen un ADN étnico excluyente.

Una década de política puneña

Algo similar ocurre con otras fuerzas políticas que tienen una base social con demandas específicas y controversiales, como es el caso de los mineros ilegales. Si bien es cierto, estos se encuentran fuertemente organizados y disponen de recursos económicos para afrontar las campañas, no son lo suficientemente numerosos para convertirse en una alternativa regional, y tienen grandes dificultades para atraer a sectores distintos y a políticos que representan otros intereses. Sin embargo, lo que no les alcanza para llegar a la presidencia regional, sí les basta para contar con representantes en el Congreso de la República, elegir alcaldes mineros a nivel distrital y provincial y seguir ocupando un espacio político.

Por supuesto, existen más elementos que los referidos, pero creo que estos son útiles para profundizar en el estudio de la política altiplánica. En cualquier caso, la nueva década que inicia con la reciente elección de Juan Luque como presidente regional y lo que la revista Cabildo Abierto nos siga mostrando en los siguientes años, confirmará si son estas u otras las tendencias más relevantes en Puno.

Este artículo fue publicado originalmente en el número especial por el 10mo aniversario de la Revista Cabildo Abierto. Paulo Vilca fue miembro del comité editorial desde 2004 hasta 2011.


[1]El hecho más trágico fue el asesinato del alcalde de El Collao-Ilave, Cirilo Fernando Robles Callomamani, el 24 de abril del 2004, pero el proceso para la solución tomó largos meses, hasta la realización de un nuevo proceso electoral.

[2]David Jiménez nació en Juli-Chucuito, Hernán Fuentes en Asillo-Azángaro, Mauricio Rodríguez en Macusani-Carabaya y Juan Luque en Azángaro.