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Una publicación de la asociación SER
Gestora cultural. Asociada de Transparencia.

Una incomodidad llamada "Joker"

Foto: Proximatanda.com

Antes de ver el tan anunciado film no tenía dudas del papel magistral de Joaquin Phoenix, y de la perturbadora realidad que se narra en la historia. No diré que la trama es oscura (tengo un concepto distinto de oscuridad), pero su estructura y narración nos invita a transitar y sentir los pasos de un hombre hacia la locura en una sociedad decadente. En lo personal rescato eso de la película: la conexión tan cercana que establece con el espectador. Joker nos invita a levantarnos y dejar de ser simples observadores para ponernos – de manera emocional – en los zapatos del “otro”, y eso ya es un mérito cuando, precisamente, la empatía es algo que nos cuesta lograr todos los días.

La película es íntima. Juega con lo brutal desde la simplicidad y la cotidianidad de una vida normal. Cuando terminé de verla salí con más preguntas que con respuestas: ¿Estamos alejados de convertirnos en una realidad como la que se describe en la película? ¿Es el Joker un film que incita a la violencia?

Un primer hecho que salta a la luz es precisamente el significado que la palabra “violencia” tiene para nosotros. Las incomodidades durante el film surgen cuando te das cuenta que aquello que consideramos “normal” es también una forma de violencia sistemática, progresiva y jerárquica, y ¡oh sorpresa!, este tipo de violencia no es la que proviene del personaje del Joker, precisamente. La película muestra un gobierno ausente. Una sociedad indiferente. El dominio de los poderosos contra los más débiles. Cortinas de humo vestidas de entretenimiento. La falta de empatía. La violencia psicológica. Simplemente el olvido social. ¿Nos suena familiar? El film nos confronta  con nuestra realidad y nos lleva a reconocer que somos indiferentes a un tipo de violencia y maltrato que nos han acostumbrado a ver (y ejercer) como normal.

Hay muchas miradas de la película. Esta es la mía. En lo que respecta a las críticas que nos dicen que incita a la violencia no lo creo. Sí nos mueve. Nos duele. Nos interpela. Nos penetra. No me identifico con los actos del Joker, eso lo tengo claro, pero sí me conecto con el sufrimiento y el dolor de una persona que muere en vida sin que nadie se dé cuenta. Y lo que es peor: sin que a nadie le importe.

Dejemos entonces a la ficción en el lugar donde tiene que estar, y llevemos esos minutos de un film disruptivo a nuestra realidad más cercana. Es posible que estemos viviendo, observando o hasta ejerciendo esta "violencia cómoda y normalizada". Si lo has pensado, si te lo has llegado a cuestionar, si has salido incómodo, ya habremos ganado algo. Sigamos, entonces, hablando del Joker.