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Una publicación de la asociación SER

Una pandemia y una tara endémica peruana

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Pablo Najarro Carnero

Es penoso constatar que en nuestro Perú hay cosas que no cambian. Llevamos a cuestas una endémica tara atávica. La tuvimos en la guerra del guano, la tuvimos a lo largo de la historia de  la República regalando –una y otra vez- el país, la tenemos en la guerra contra la corrupción y ahora en la guerra contra el covid-19.

Felizmente en cada momento aparecen los que le dan la cara al enemigo: Grau, Bolognesi, Mariátegui, Velasco, Vela y Pérez, aunque también están los que en el momento de la guerra se ponen del lado del enemigo. Ven como transar con el enemigo, peor aún, ven como le sacan provecho. Ellos no ven una guerra, ven la oportunidad para -en el peor de los casos- ganar protagonismo o algún beneficio económico. La lista es larga: Piérola. Iglesias. Belaúnde. El aprismo, el fujimorismo, etc.

Esa triste historia se repite en cada crisis que vivimos. Cuando no llegábamos al Mundial, todos éramos expertos en futbol aun sin saber jugar pelota. Ahora con el covid-19 todos son expertos en curas milagrosas. Somos mejores que  un médico, y al mismo tiempo, somos expertos en economía, que leemos curvas de subida y bajada del erario nacional.

Nunca hemos gobernado, ni siquiera en el barrio donde vivimos, pero sabemos cómo se debió manejar cada ministerio. Es verdad que hay errores garrafales, pero hay que hacer crítica constructiva. Por ejemplo, hoy todos piden que el bono llegue a todos sí o sí, y si no llega se dice “el gobierno es incapaz”.

La verdad es que de esta pandemia no se salvó nadie. Algunos reaccionaron con medidas que sonaron a risibles y les funcionó. Otros países que son potencias económicas, a las que miramos con respeto, siguen contando sus bajas.

La verdad es que a quien le hubiese tocado gobernar no habría sabido que hacer. Soy crítico de Vizcarra por su política neoliberal. Y hay que cosas que hace con una mano que se oponen a lo que hace con la otra. Pero en este momento lo que toca es sumar. Hoy como ayer – como siempre – es unirse a la batalla contra el enemigo común. Hoy es el covid-19.

Vemos – como ayer – que algunos vieron la oportunidad de sacar plata al Estado  -a nosotros- sobrevalorando los costos de las comprar necesarias y urgentes. Guantes. Mascarillas. Papel higiénico. Alcohol. Oxigeno.

¿Qué se podía hacer? Nuestro Perú nunca guardó pan para mayo. Lo peor es que a cada partido que gobernó nunca le importó. Educación y Salud han sido nuestro talón de Aquiles porque nunca se invirtió e estos sectores, y cuando vino la guerra, desnudó nuestros puntos débiles.

De otro lado, a los que salían a buscar el mentado pan de cada día, los críticos los baldonearon porque no se cuidaban del virus. Y apareció la otra pata de la mesa débil: que los pobres del Perú son millones.

Volviendo al tema de la salud. Es cierto que no podemos cubrir la demanda de camas y la necesaria asistencia humana y material para combatirla. Y ahora llegamos al momento que siempre debió ser: el de pelear desde nuestras trincheras.

Muy pocos peruanos saben que es una pandemia. En los cursos de historia universal – que ya no hay hace tiempo – nunca nos enseñaron que era eso. Explicarle a alguien lo que no conoce es como hablarle de marcianos en Andrómeda. Oe ¿Qué?

Valiente, pero imposible, cubrir la brecha educativa queriendo que los pobres usen una tabla mágica. Y después de la promesa, descubrieron que los pobres son más de lo que ellos contaban en sus escuelas de economía.

La verdad se abre camino. Pero, llover sobre mojado no es la solución. Menos llorar sobre la leche derramada. Es el tiempo de dar, proponer soluciones con lo que tenemos. Es como en la guerra, no hay fusiles, entonces ¿no peleamos? ¿Nos rendimos?: NO. Buscamos con que pelear. Después de la guerra veremos quienes huyeron o fueron los derrotistas. Veremos quienes se unieron al enemigo.