Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Una sensación de hartazgo

El Ministro de Educación revisa los textos educativos que se entregarán a los niños y adolescentes de las escuelas públicas del país en coordinación con la bancada de Fuerza Popular.

Veo una foto en la cual aparece un funcionario del MINEDU exponiendo, según la leyenda al pie, los contenidos de dichos libros ante un grupo de personas entre las cuales y en primera fila se destaca la figura de la señora Luz Salgado, congresista permanente del fujimorismo, asistente personal de Alberto Fujimori, defensora firme de lo peor de la época fujimontesinista, asidua visitante de la sala del Servicio de Inteligencia Nacional en la cual Vladimiro Montesinos sobornaba, decidía juicios, redactaba sentencia de las Cortes y del Jurado Nacional de Elecciones y organizaba tantas fechorías más.

Veo otra imagen, esta vez en un vídeo, en la que aparece la misma congresista, sentada de nuevo en primer plano, reunida con Montesinos, Absalón Vásquez y Alex Kouri, complotando para destruir políticamente a Alberto Andrade con mentiras y difamaciones a través de la prensa chicha.

La visión de esas dos imágenes de la señora Salgado, una complotando con Montesinos y otra revisando y decidiendo los contenidos de los libros en los que se informarán millones de niños y adolescentes del país y con los que se pretenderá educarlos, produce una sensación de hartazgo, como si uno temiera preguntarse cuánto más hondo nos falta llegar todavía.

 

II

Con honrosas excepciones, las alcaldías y los gobiernos regionales, instituciones claves para el desarrollo local y regional, para construir ciudadanía y fomentar el bienestar de las personas y los pueblos, se han convertido en botines que se busca alcanzar para repartirlos entre autoridades y allegados.

Una herencia del fujimorismo esta conducta según la cual, como ha descrito bien el Gobernador Regional de Ica, se ve como algo normal recibir y pretender pagos por gestionar una obra, adjudicar un contrato, firmar una licitación, firmar un cheque para pagar los avances o el término de una obra. “Y no hay remedio” para esta sangría de los recursos públicos. Tal parece que algunas autoridades ponen un dren, un bypass, un sifón entre el tesoro público y sus cuentas personales.

Por eso es que se ven campañas municipales millonarias como si lo que estuviera en juego no fuera una responsabilidad cívica, sino una lotería. Si se hiciera la contabilidad de lo que las decenas de candidatos invierten en las campañas electorales nos asombraríamos de las exorbitantes cantidades. Sería bueno que alguna entidad hiciera esa cuenta a la mitad y al final de la campaña. Tan seria es esta situación que el presidente de la Corte Suprema ha tenido que salir a llamar la atención sobre ella diciendo -palabras más palabras menos- que si alguien invierte en una campaña municipal o regional más de lo que supuestamente ganaría en sueldos durante los cuatro años del mandato es porque ciertamente planifica robar.

Pienso que esta malhadada situación se debe a que no hay partidos ni cualquier otro tipo de organización política que controlen a sus militantes en el gobierno, por lo cual el cargo obtenido se ejerce a título personal y se entiende como una ganancia del individuo y no de alguna colectividad política. Y de la ideología ni hablar porque eso ya se perdió hace mucho tiempo. Por ello, vemos a los candidatos un día aparecer en un partido y al cabo de poco tiempo en otro y así sucesivamente. Partidos -si merecen tal nombre- que pueden ser de signo absolutamente contrario. El transfuguismo es una conducta política institucionalizada hoy en el Perú. Y los mismos tránsfugas legislan “en contra” del transfuguismo.

También se debe, pienso, a que se mantiene la nefasta teoría de que para dar gobernabilidad a las municipalidades, quien gana la elección municipal obtiene la mitad más uno de los regidores, con lo cual el descontrol cunde.

 

III

Las altas clases políticas con su cantaleta de lucha contra la corrupción. Comisiones congresales, zares y zarinas anticorrupción, comisiones de alto nivel hechas para el flash de cinco segundos, expresidentes presos, con orden de captura o riendo orondos y exhibiendo impúdicos la obscenidad de su poder, portadas de diarios y revistas, declaraciones modosas de presidentas de comisiones lava jato o de comisiones de ética en cuya actuación se evidencia la orfandad de juicio moral, un presidente de congreso declarando contra la prensa a la que descalifica con calificativos incalificables (léase así) cuando él es uno de los más preclaros productos del tipo de prensa que dice combatir.

Altos empresarios que tratan de tú a tú al poder político, que con sola una llamada detienen un proceso de cobranza de tributos, una diligencia judicial o la dación una ley que no les favorece para que se dicte otra que de verdad les favorezca, poderosos hombres de quienes es difícil saber qué relación pueden tener con los más pobres de este país, salvo la insólita y azarosa casualidad de haber nacido en un territorio encuadrado en los mismos límites geográficos. Los ideólogos de la colonización se preguntaron si los indios tenían alma. Hoy, sus herederos se preguntan si tienen raciocinio o si tienen derecho a tener los mismos derechos que ellos pues quizás no son ciudadanos de su misma categoría. “¡Quién sabe, señor!” La discriminación, el racismo son el pan de cada día.

Y todo este antiestético montaje, pintado aquí en pinceladas, construido para mofarse de los ciudadanos, me provoca una increíble y creciente sensación de hartazgo.

Mil disculpas por permitirme compartirla.